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Familia de colombiano ejecutado en China por drogas recibió sus cenizas

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Llegaron las cenizas del caleño Ismael Enrique Arciniegas Valencia, quien a las 9:47 de la noche del lunes 27 de febrero de este año fue ejecutado en una cárcel de China, siendo el primer colombiano en recibir está máxima pena por el delito de ingresar droga a ese país.

Juan José Herrera, el único hijo que le quedó a Ismael, dijo que la Cancillería se las envió esta semana, tras la cremación del cuerpo la semana pasada y luego de trámites en el consulado colombiano en Guangzhou, donde Ismael estuvo preso por casi siete años. Además, comentó que este fin de semana se haría un acto público donde se expresará lo que el caleño significó para su familia.

"El Consulado de Colombia en Guangzhou recibió los restos del colombiano e inmediatamente procedió a enviarlas vía aérea con destino a la ciudad de Bogotá. Tan pronto fueron repatriadas al país y recibidas por el Ministerio de Relaciones Exteriores, funcionarios de la Coordinación de Asistencia a Connacionales se desplazaron hasta Cali para entregarlas a su hijo, Juan José Herrera, y asistir a sus familiares en lo que requieran", indicó el Ministerio de Relaciones Exteriores en un comunicado.

"Estuvimos pendientes de recibirlas. Es muy duro recibir a mi padre así, luego de que él se fue en el 2010 a China. Mi padre siempre fue un guerrero de la vida y no es fácil ver solo sus restos en cenizas", dijo Juan José.

El joven siempre ha sostenido que su padre fue periodista y publicista, y también que escribía. Recordó que en el 2010, una semana antes de que él se fuera a China, Ismael compró ropa y se alistó para llevar droga oculta. Ya lo había hecho dos veces antes hasta que fue apresado.

En esa tercera travesía hacia China, Ismael llevaba casi cuatro kilos del alcaloide, a cambio de recibir 5.000 dólares. Se mostraba tranquilo antes de irse. Debía tener calma para no despertar sospechas. Había comprado ropa porque tenía que estar bien presentado. También había gestionado los tiquetes y hablado con sus contactos para realizar el trabajo encomendado.

No obstante, el día que viajó le dijo a Juan José que se hiciera cargo de su familia. "Fue diferente. Mi padre se despidió como si no fuera a volver. Él aceptó el dinero, era para ayudar a la familia", afirmó el hijo, en Cali. "El abrazo de despedida en el aeropuerto no fue de "hasta luego", fue de "ya cumplí": "Usted tiene unos valores, tiene unas metas claras. Me voy a tratar de hacer lo que iba a hacer" ", agregó.

Fue así que el caleño terminó de ascender a la aeronave y se perdió entre los pasajeros para iniciar un trayecto de más de 15.000 kilómetros que terminó el 21 de junio del 2010 en la prisión de Guangzhou.

Desde entonces, Ismael Enrique Arciniegas empezó a morir, porque ya sufría una afección pulmonar que se empeoró y se volvió una neumonía en China, en la prisión desde donde escribía a su hijo mensajes con restricciones y que solo Juan José podía entender para contarle, por ejemplo, que estuvo amarrado a la pata de su cama o que su compañero de celda era quien le acercaba la letrina o le botaba los orines o las heces.

La neumonía fue intervenida por los chinos, pero Ismael Arciniegas ya estaba cansado a medida que aumentaba su edad. Además, era consciente de ser uno de los cinco colombianos condenados a muerte en China por narcotráfico.

Actualmente, hay 10 condenados más con pena de muerte con suspensión por dos años y otros 15 con cadena perpetua, según el Ministerio de Relaciones Exteriores.

"La vida es una comedia y esta comedia se acabó", le dijo Ismael a su hijo en la llamada telefónica, la última conversación que sostuvieron en esa noche, casi dos horas antes de la ejecución en ese 27 de febrero. La llamada duró 28 minutos exactos, luego de casi siete años de que Juan José no lo escuchara porque la única comunicación era a través de cartas, cada dos meses, como correos electrónicos, pero si contaba con suerte.

"Él estaba tranquilo y no quería que su familia sufriera en esos últimos instantes", dijo Juan José al recordar la llamada de despedida, gracias a la mediación de la Cancillería. La llamada la recibió al final de las 7:00 de la noche de ese doloroso lunes.

"Mi padre tuvo una actitud cómica que nunca le había visto para tranquilizar a la familia, porque cuando él sintió por el teléfono que nos íbamos a poner a llorar, me dijo: "Estoy feliz, me voy al Cielo a reunirme con los familiares. Me voy al "materile"".

Esos familiares a los que Ismael se refería eran la madre de Juan José, María del Socorro Herrera, y su hijo menor. Ella murió hace 25 años a causa de una sobredosis de droga. Hace unos cinco años, fue asesinado el hermano menor de Juan José, Daniel Enrique Murcia, también por cuestiones de narcotráfico.

Por un derrame cerebral y en una prisión de China murió el tío de Juan José, Luis Germán Arciniegas, quien también fue apresado por llevar droga a esa nación, pero no lo condenaron a muerte. Fue condenado a cadena perpetua. Luis Germán era uno de los dos hermanos menores que tuvo Ismael Arciniegas y fue apresado en el 2011. Falleció en el 2013 y fue cremado en China; sus cenizas fueron enviadas a sus familiares.

"Si piensan viajar a ese país, dedíquense a otra actividad porque acaban con su vida y las de sus familias”, dice Juan José, padre de dos niñas de 6 y 9 años. “Mi padre fue un guerrero de la vida. Fue un hombre bueno. No mató a nadie y estuvo pendiente de su familia. Cuando mi hija mayor nació, él le había comprado la cama y otras cosas. Fue a la única nieta que pudo conocer".

Juan José anotó que su padre descansó de estar en una cárcel de China, a más de 15.000 kilómetros de distancia, sin su familia. Esa inyección letal en sus venas terminó un drama que Juan José quiere superar. "Mi familia, los hijos de mis tíos y yo ya no queremos que el flagelo del narcotráfico nos destruya. Queremos cambiar esa historia y mi padre murió por eso. Queremos que la gente entienda que no se metan en eso, en la droga. Queremos que la vida siga y que la nueva historia sea eso: de vida y trabajando en lo que sé hacer, tatuajes. Es lo que me ha permitido cambiar muchas cosas”.

Juan José tiene un tatuaje con la imagen de su padre y el nombre "Enrique" escrito en su piel, muy cerca al corazón.

El Tiempo

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