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Venezuela: El Encantador Valle de Kamarata, Cuevas de Kavak, Uruyen y Salto Ángel

El Encantador Valle de Kamarata

El Encantador Valle de Kamarata

Encontrarme de nuevo con los indígenas y la selva había sido un renacer, ese mismo año decidí conocer tres sitios mágicos y únicos en el planeta tierra.

Llegué a Kavak en una avioneta pequeña y sin problemas. De inmediato tuve  al Auyantepui a mis pies, dándome la bienvenida en compañía de un sol brillante y un cielo azul con algunas manchas blancas que parecían algodones dispersos.

Nuestros guías, una pareja pemona: Hiroma y Rubén Darío, se encontraban prestos en la puerta del avión para ofrecernos un abrazo y la explicación previa de nuestra estadía.

Las habitaciones eran de un lujo -para mí- poco común, en plena selva yo estaba acostumbrada a la espontánea instalación de hamacas en cualquier choza o tinglado.

Baños pulcros y un comedor grande para cada encuentro culinario se dieron cita en esta ocasión.

La primera excursión fue a las cuevas de Kavak, una caminata de varias horas, pisos resbaladizos y aguas heladas. Meterse entre paredes negras nunca vistas, daba la sensación de un lugar jamás descubierto.

La ironía del momento fue saber que por muchos años,  Kavak había sido el destino favorito de extranjeros, que en los años noventa invadieron el sitio para dejarse asombrar como yo de tan increíble paisaje.

Al día siguiente fui hasta Uruyen en moto, al llegar caminamos dos horas hasta la gran caída de agua, no pude ir más allá y verla de cerca. La historia de unos jóvenes que hacían escalada y que habían sido abatidos por una marea de agua por el mal tiempo, me hizo dudar.

El miedo y la nostalgia me embargaron, las cuerdas permanecían intactas todavía en las paredes de rocas, una sensación de respeto a la naturaleza y también de coraje, me llevaron a meditar un rato.

Regresé al campamento cansada, pero ansiosa de compartir con el afamado Raúl Arias, experto piloto y amante de la selva venezolana. Él se encontraba trasladando hacia el Auyantepui a un nutrido equipo extranjero: fotógrafos, científicos, camarógrafos, escaladores profesionales, y médicos. Hacían un reportaje sobre el descubrimiento de una grandiosa cueva cubierta de cuarcita, la cual fue bautizada como Imawarí Yeuta. Esta pudiera ser a más grande en su tipo. Dicho tesoro fue encontrado gracias a las travesías de Arias, conversar y compartir con ellos la experiencia de sus investigaciones fue fascinante.

Finalmente me tocaba partir a otro lugar deseado: El Salto Angel.

Me hospedé en Tapuy Lodge a orillas de la laguna de Canaima, recorrí todos los saltos y pude sobrevolar el maravilloso Kerepakupai Vená, durante unos cuantos minutos. Sentir la fuerza de su caída y apreciar un arcoíris como regalo, fueron señales divinas para insistir en que la selva te abraza y te recupera de cualquier tristeza para continuar con renovados bríos los recorridos más intrincados que tiene la vida.

María Angélica Saldivia Ramírez - El Universal

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