Ese movimiento rápido y repetitivo de la pata trasera que muchos dueños interpretan como una señal de placer tiene, en realidad, una explicación neurológica. Cuando una caricia o un rascado alcanza determinadas zonas sensibles del cuerpo, el perro puede activar de manera automática el llamado reflejo de rascado, una respuesta que no depende de una decisión consciente del animal.
El fenómeno puede resultar curioso porque suele aparecer precisamente cuando una persona acaricia al perro en el costado, el abdomen, el lomo o cerca de determinadas zonas de la espalda. De repente, la pata trasera comienza a moverse rápidamente como si el animal estuviera intentando rascarse. Aunque parezca que el perro está “disfrutando” especialmente de la caricia, el movimiento por sí mismo no permite llegar a esa conclusión.
La veterinaria Nancy Thomas explicó, según la publicación especializada Popular Science citada por Infobae, que se trata de un reflejo de rascado pruriginoso. Cuando determinados receptores nerviosos de la piel reciben un estímulo, la señal puede viajar hasta la médula espinal y desencadenar una respuesta muscular que hace que la pata trasera se mueva automáticamente. El perro no necesita decidir conscientemente que quiere moverla.
Una respuesta automática del sistema nervioso
La explicación es similar a otros reflejos del organismo. El contacto estimula receptores situados en la piel; la información viaja por los nervios hacia la médula espinal y, desde allí, se genera una respuesta motora que llega hasta los músculos de la pata.
Por eso, el perro puede continuar tranquilo mientras su pata se mueve de manera rítmica. El movimiento no significa necesariamente que esté intentando comunicar algo a su dueño. Es una respuesta automática producida por el sistema nervioso ante un determinado estímulo.
El American Kennel Club también describe este comportamiento como scratch reflex y señala que el mensaje producido por la estimulación cutánea llega a la médula espinal y vuelve hacia la pata trasera, provocando el movimiento sin que el animal tenga que pensarlo.
Entonces, ¿el perro está disfrutando de la caricia?
No necesariamente. Pero tampoco significa que la caricia le resulte desagradable.
Aquí es donde resulta importante no interpretar el movimiento de la pata de manera aislada. Un perro puede estar relajado, buscar activamente el contacto y disfrutar de una caricia y, simultáneamente, activar ese reflejo en una zona determinada de su cuerpo.
La postura completa del animal ofrece mucha más información. Si permanece relajado, se acerca nuevamente cuando la persona retira la mano, mantiene una expresión corporal tranquila y busca continuar el contacto, existen señales compatibles con una interacción agradable. Si, por el contrario, intenta alejarse, endurece el cuerpo, muestra incomodidad o rechaza el contacto, conviene respetar esa señal.
Los especialistas recomiendan observar precisamente esa combinación de comportamiento y contexto en lugar de atribuir un significado único al movimiento de la pata.
¿Cuándo puede ser una señal de un problema?
Una patada ocasional provocada por una caricia no significa que el perro tenga una enfermedad. No permite diagnosticar por sí sola alergias, parásitos, dermatitis ni otros problemas dermatológicos.
La situación cambia cuando el movimiento aparece acompañado de picazón frecuente, rascado constante, lamido excesivo, sensibilidad en varias zonas del cuerpo, irritación de la piel, pérdida de pelo o rechazo persistente al contacto.
La dermatitis atópica canina, por ejemplo, puede producir un prurito intenso y persistente. Una revisión científica citada por Infobae explica que la inflamación prolongada de la piel puede involucrar procesos de sensibilización nerviosa que modifican la manera en que se transmiten las señales relacionadas con la picazón. Sin embargo, esa investigación no estudió específicamente la patada que aparece durante una caricia y, por tanto, no puede utilizarse para afirmar que todo reflejo de rascado sea consecuencia de dermatitis.
La zona donde aparece también importa
Los perros no tienen exactamente la misma sensibilidad en todo el cuerpo. Algunos reaccionan con mayor facilidad cuando se les toca el abdomen o los costados, mientras que otros pueden presentar el reflejo en el cuello, el lomo u otras zonas.
La respuesta también varía entre individuos. El American Kennel Club señala que algunos perros son especialmente sensibles en determinados puntos, mientras que otros prácticamente no reaccionan ante el mismo estímulo.
Por eso, intentar provocar deliberadamente el movimiento una y otra vez no aporta información útil. Si el perro muestra señales de incomodidad, lo adecuado es detener la estimulación.
El lenguaje corporal revela mucho más
Una de las claves para comprender a una mascota consiste en observar todo su cuerpo y no solamente una reacción puntual.
Un perro que quiere continuar con el contacto puede acercarse nuevamente, apoyar el cuerpo contra la persona, mantener una postura relajada o buscar la mano. En cambio, un animal que desea que la interacción termine puede apartarse, tensarse o evitar el contacto.
Esta observación es especialmente importante cuando se acaricia a un perro que no conocemos. Los especialistas en comportamiento canino advierten que acercarse directamente a un animal desconocido y tocarlo sin permitirle primero decidir si quiere interactuar puede generar incomodidad o incluso una reacción defensiva.
Una pequeña patada que explica mucho sobre el cuerpo del perro
Lo que parece un simple gesto gracioso es, en realidad, una muestra de cómo funciona el sistema nervioso de los animales. Una caricia puede activar receptores cutáneos que envían una señal a la médula espinal y producen un movimiento automático de la pata.
La próxima vez que un perro comience a “patear” mientras recibe una caricia, la reacción no debe interpretarse automáticamente como una declaración de placer. Puede ser simplemente un reflejo.
Y si ese movimiento aparece ocasionalmente, sin otros signos de malestar, generalmente no hay razón para convertirlo en una preocupación. Pero si se acompaña de picazón persistente, lesiones cutáneas o sensibilidad generalizada, entonces sí merece una evaluación veterinaria.
La clave está en mirar al perro completo: su postura, sus movimientos, su reacción al contacto y la frecuencia con que aparece el comportamiento. En el lenguaje de los animales, un solo gesto rara vez cuenta toda la historia.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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