Quien visita Alcatraz puede recorrer sus celdas sin advertir que sobre el tejado hay 959 paneles solares. La antigua prisión de la bahía de San Francisco cuenta desde 2012 con un sistema que combina energía solar, baterías y generadores de apoyo. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, el volumen de gasóleo transportado a la isla ha disminuido aproximadamente un 75 % respecto a 2012.
El dato cobra interés mientras la Casa Blanca propone destinar 152 millones de dólares al inicio del proyecto para recuperar su uso penitenciario. Pero la transformación energética ya tiene una historia propia, marcada por un reto poco habitual. Había que producir electricidad sin alterar la imagen de uno de los lugares históricos más reconocibles de Estados Unidos.
Paneles que pasan desapercibidos
La instalación debía respetar el aspecto del antiguo presidio. Por eso se eligió el tejado del edificio de celdas y se ajustó la altura de los paneles para que no destacaran ante los visitantes.
No todos tienen la misma inclinación. El montaje utiliza ángulos de 5 y 15 grados en distintas zonas de la cubierta, una solución que permite aprovechar el sol y limitar su presencia visual.
Chris Tilley, entonces consejero delegado de SunLink, explicó a Solar Builder que una instalación a 15 grados «se eleva más sobre el tejado, por lo que puede ser visible». El viento y la sal también condicionaron el diseño, que incorporó aluminio, acero inoxidable y apoyos específicos para soportar las condiciones de la bahía.
Una isla sin enchufe exterior
Alcatraz carece de conexión eléctrica con tierra firme. El combustible para los generadores debe llegar en barco, igual que el agua potable, según explica el Servicio de Parques Nacionales.
La solución es una microrred, una pequeña red que coordina la producción, el almacenamiento y el consumo de electricidad dentro de la isla. Los paneles generan energía durante las horas de sol y el excedente se guarda en baterías para utilizarlo después.
¿Qué ocurre cuando esa energía no alcanza? Primero intervienen las baterías y, si tampoco bastan, arrancan los generadores diésel. El Servicio de Parques sitúa la demanda habitual en unos 70 u 80 kilovatios, aunque eso no significa que el consumo sea idéntico a todas horas.
Qué significa el ahorro
La potencia solar instalada alcanza los 305 kilovatios, según la ficha del Departamento de Energía. Esa cifra describe la capacidad nominal de los paneles, mientras que la electricidad producida a lo largo del tiempo se expresa en kilovatios hora, la unidad que también aparece en la factura de la luz.
Una publicación de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, vinculada a los reconocimientos ambientales de 2016, recogía una producción superior a 320.000 kilovatios hora anuales. También atribuía al proyecto unas 325 toneladas de CO2 equivalente evitadas y el desplazamiento de cerca de 32.000 galones de gasóleo, unos 121.000 litros.
Son datos históricos que permiten entender la escala del proyecto, pero no constituyen una medición de 2026. Del mismo modo, transportar un 75 % menos de combustible no equivale a cubrir el 75 % de la electricidad con el sol, porque son indicadores distintos.
El problema estaba en las baterías
La instalación tampoco aprovechó desde el principio toda la energía disponible. Un análisis del laboratorio nacional estadounidense especializado en renovables detectó que los generadores cargaban las baterías demasiado a menudo, dejando poco espacio para almacenar los excedentes solares.
En la práctica, parte de la electricidad que podían producir los paneles se desaprovechaba. Es parecido a intentar guardar agua en un depósito que ya está lleno, aunque fuera siga lloviendo.
El análisis con la herramienta REopt calculó que una gestión mejor podía reducir ese desaprovechamiento del 30 % al 4 % y ahorrar otros 15.000 galones de combustible al año, unos 57.000 litros. Eran mejoras estimadas mediante un modelo, no un ahorro adicional que esa publicación acreditase como conseguido. La distinción importa.
La posible reapertura
La propuesta presupuestaria de la Casa Blanca para el ejercicio 2027 incluye 152 millones de dólares para el primer año del proyecto penitenciario. La documentación del Departamento de Justicia concreta su destino en la evaluación ambiental, los preparativos y parte de la estabilización frente a terremotos, por lo que esa cantidad no representa el coste total de reabrir la prisión.
Una eventual vuelta al uso carcelario exigiría evaluar de nuevo las necesidades de suministro y la capacidad de las instalaciones existentes.
La información oficial sobre la reducción del gasóleo transportado está publicada en la ficha «Alcatraz Island» del Departamento de Energía de Estados Unidos.
Medio: ecoticias.com
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