El pasado nunca se repite de forma automática, pero para quienes deben tomar decisiones trascendentales, buscar antecedentes en la historia suele ser una herramienta útil para entender el presente y, eventualmente, tomar la decisión más acertada.
Julio A. Roca fue el presidente que gobernó durante más tiempo la Argentina: doce años, distribuidos en dos períodos presidenciales no consecutivos. En 1884 se encontraba en su primer gobierno (1880–1886) cuando se produjo un incidente diplomático con el Reino Unido por la cuestión de las Islas Malvinas.
El Instituto Geográfico Argentino, presidido por Alejandro Paz, preparaba entonces un mapa de la República Argentina que incluía a las Malvinas como parte del territorio nacional. Era una entidad privada, aunque estrechamente vinculada con el Estado. En ella tenía particular influencia Estanislao Zeballos, para quien la cuestión territorial ocupaba un lugar central, una preocupación que compartía el propio Roca.
La inclusión de las islas no era un hecho aislado. Matías Gavilani, en su trabajo “El Atlas como arma diplomática”, la ubica dentro de una política más amplia de afirmación de la presencia argentina en la Patagonia y los territorios australes, que incluía expediciones, instalación de faros, denominaciones geográficas y publicaciones cartográficas.

El Reino Unido ocupaba las islas desde 1833. Al tomar conocimiento del mapa, su representación diplomática en Buenos Aires reclamó explicaciones al gobierno argentino por la inclusión de las Malvinas dentro del territorio de la República.
La respuesta del canciller Francisco J. Ortiz fue terminante. La Argentina no renunciaba a sus derechos sobre las islas. El 2 de enero de 1885 acompañó su posición con un extenso memorándum que reunía los antecedentes históricos de la cuestión y sostenía el reclamo argentino, entre otros argumentos, en los derechos heredados de España después de la independencia.
Pero hay un aspecto de ese episodio que adquiere una particular actualidad. El gobierno de Roca no se limitó a reiterar el reclamo. Propuso recurrir a un arbitraje internacional para resolver la controversia por medios pacíficos.
La Argentina estaba dispuesta a que la cuestión fuese considerada por un tercero y a someterse al procedimiento acordado. El arbitraje comenzaba entonces a adquirir importancia como mecanismo para evitar que las controversias entre Estados terminaran resolviéndose por la fuerza. Gran Bretaña no aceptó.
Para Londres, la cuestión de la soberanía no debía ser sometida a arbitraje. Hacerlo hubiera significado admitir que existía una controversia pendiente sobre un territorio que consideraba bajo su soberanía.
La posición británica fue, por ello, cerrar la discusión y negarse a recurrir al mecanismo propuesto por Buenos Aires. Años después, ante la insistencia argentina, volvería a sostener que no consentía reabrir el asunto y mantendría el rechazo a cualquier arbitraje de manera sistemática. La Argentina, en cambio, sólo interrumpió su reclamo durante la guerra de 1982.
Durante el gobierno de Miguel Juárez Celman, sucesor de Roca, el canciller Norberto Quirno Costa -quien años después sería vicepresidente durante la segunda presidencia de Roca– volvió sobre la cuestión.

En enero de 1888 sostuvo que la solución de una controversia no podía depender exclusivamente de la voluntad de una de las partes y recordó expresamente los medios conciliatorios que la Argentina había propuesto en 1885. Meses después volvió a plantear una solución por medios pacíficos.
La política de Roca respecto del Atlántico Sur debe ser entendida también dentro de una concepción más amplia: ocupar efectivamente los espacios sobre los cuales la Argentina afirmaba derechos.
Durante su segunda presidencia se produjo otro hecho significativo. En 1904 la Argentina inició su presencia permanente en la Antártida, con el establecimiento en las islas Orcadas del Sur de la que es la base antártica permanente más antigua todavía en funcionamiento.
La cuestión Malvinas atravesó desde entonces gobiernos de distinto signo político y terminó adquiriendo jerarquía constitucional con la reforma de 1994. Su Disposición Transitoria Primera establece:
“La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.
La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.”
Hay un elemento de la política de Roca que merece ser recordado frente a la situación actual. El presidente que consolidó la presencia territorial argentina en el sur nunca planteó la recuperación militar de las Malvinas como instrumento de su política. Frente al Reino Unido eligió sostener el reclamo, preservar los derechos argentinos y buscar una solución por la vía diplomática.

Cuarenta años después de la guerra de Malvinas aparece una circunstancia que remite, con todas las diferencias históricas del caso, a aquel antecedente. En el primer año de su primer mandato presidencial, Roca propuso y logró que la mediación para el conflicto de las altas cumbres con Chile estuviera a cargo de los EEUU.
Fue realizada en forma exitosa por los representantes diplomáticos de Washington en Buenos Aires y Santiago de Chile. Fue exitosa; de allí surge el principio de “Chile en el Pacífico y Argentina en el Atlántico” que encauzó la relación bilateral en las décadas siguientes y todavía rige.
En el primer año de su segundo mandato, 1899, surgió el diferendo con Chile sobre los territorios de la Puna al norte de la frontera común. Roca logró un arbitraje a cargo del representante diplomático estadounidense en Argentina. El fallo arbitral fue equilibrado, pero dejó cierta insatisfacción en el país trasandino.
Donald Trump manifestó recientemente que una nueva confrontación entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas sería un “desastre potencial” y señaló que podría intervenir para ayudar a resolver la disputa si su participación fuera requerida. Hasta el momento, el gobierno argentino ha mantenido silencio ante este ofrecimiento.
El antecedente de Roca puede resultar útil en este punto. En 1885 la Argentina propuso precisamente recurrir a un tercero para intentar resolver pacíficamente una controversia que Gran Bretaña se negaba a discutir.

La historia no ofrece soluciones automáticas para los problemas del presente, pero sí ofrece experiencias. La estrategia de Roca consistió en mantener con firmeza el reclamo de soberanía y, al mismo tiempo, privilegiar la diplomacia y los mecanismos pacíficos disponibles.
Frente a la posibilidad abierta por Trump, ese antecedente merece ser tenido en cuenta. La participación de un tercero no implica abandonar el reclamo argentino: puede constituir, como entendió Roca hace más de un siglo, un instrumento para mantener abierta la cuestión por la vía diplomática.
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