
La maternidad llega cada vez más tarde en España. Y no, no es una simple impresión que tenemos por lo que vemos a nuestro alrededor: los números del INE lo confirman. En 2024 la edad media a la maternidad se situó en 32,6 años, y el porcentaje de nacimientos de madres de 40 años o más pasó del 7,2 % en 2014 al 10,4 % diez años después.
Detrás de esas cifras hay algo bastante evidente: el momento de formar una familia se ha ido moviendo hacia edades más avanzadas, mientras que la biología reproductiva sigue funcionando a su propio ritmo, sin hacer mucho caso a los cambios sociales.
La American Society for Reproductive Medicine (ASRM) es clara al respecto: la edad de la mujer es, con diferencia, el predictor individual más importante de la fecundidad, y esta disminuye con el paso de los años. Ahora bien, no hay ningún interruptor que se apague de golpe al cumplir 35. Lo que hay es un proceso progresivo, en el que van cambiando tanto la cantidad como las características de los ovocitos —y con ello, las posibilidades de quedarse embarazada.
Ese contexto ayuda a entender por qué la donación de óvulos ha ganado peso dentro de la medicina reproductiva. Y también por qué un proceso así necesita bastante más que buena tecnología: hacen falta criterios médicos sólidos, controles serios, información clara y un acompañamiento real.
Fertilab Donantes trabaja precisamente en ese terreno, con programas de donación de gametos entre su actividad. Donde se informa a las candidatas sobre todo el proceso, realiza una valoración médica y contempla estudios médicos y genéticos antes de aceptar a nadie como donante.
Cuando el calendario social y el biológico van a velocidades distintas
Durante los últimos años han cambiado muchas de las circunstancias que rodean a la maternidad. Los estudios se alargan, consolidarse en el mercado laboral puede llevar más tiempo del que gustaría, y acceder a una vivienda estable se ha convertido en un factor que condiciona, y mucho, las decisiones familiares.
El INE no señala una causa concreta para el retraso de la maternidad, pero sí deja ver con claridad el resultado: la edad media se mantiene en 32,6 años desde 2021, y los nacimientos de madres de 40 años o más siguen ganando peso año tras año.
Aquí conviene hacer un matiz importante: retrasar la maternidad no es lo mismo que retrasar el envejecimiento reproductivo. Los ovarios no son una cuenta bancaria a la que se pueda ir añadiendo tiempo cuando las circunstancias personales por fin encajan.
La reserva ovárica, la cantidad de ovocitos que quedan en los ovarios, disminuye con la edad. Y no solo eso: la edad también afecta a la calidad cromosómica de esos ovocitos, de modo que las probabilidades de que existan alteraciones cromosómicas aumentan a medida que avanza la edad reproductiva.
Ahí está, en el fondo, uno de los grandes retos de la reproducción hoy en día: el reloj social se puede aplazar bastante, pero el biológico sigue su marcha sin esperar a nadie.
La fertilidad no cae de golpe a los 35
Hablar de «los 35″ como si fuera una especie de muro biológico queda muy bien en un titular, pero simplifica demasiado algo que es más complejo. Según ACOG, la fertilidad femenina empieza a bajar antes de esa edad, y el descenso se acelera a partir de mediados de la treintena.
Eso no significa que quedarse embarazada después de los 35 sea algo raro o casi imposible. Las probabilidades van cambiando de forma gradual, y las diferencias entre una mujer y otra pueden ser enormes. De hecho, ACOG señala que entre parejas sanas, más o menos una de cada cuatro mujeres de veintipocos a treinta y pocos años logra un embarazo en un ciclo menstrual dado, frente a aproximadamente una de cada diez a los 40. Es una tendencia poblacional, no una predicción sobre ningún caso concreto.
Buena parte de la explicación tiene que ver con los ovocitos: con la edad aumenta la proporción de ovocitos con alteraciones cromosómicas, algo relacionado con más probabilidad de infertilidad y de pérdida gestacional. Por eso la edad importa incluso cuando no hay síntomas, los ciclos son regulares y la salud, en general, es buena. La fertilidad no se resume en «estar sana» o «estar enferma»: es bastante más complicado que eso.
Una analítica no convierte la fertilidad en una fecha de caducidad
La hormona antimülleriana (AMH) y el recuento de folículos antrales se han hecho muy populares porque dan información sobre la reserva ovárica. El problema es que reserva ovárica y fertilidad no son exactamente lo mismo, y a menudo se confunden.
La propia ASRM lo explica: estas pruebas pueden servir para estimar cómo responderán los ovarios a una estimulación y para orientar ciertos tratamientos, pero son malos predictores del potencial reproductivo por sí solas. Un nivel bajo de AMH no significa automáticamente infertilidad. Y al revés, un resultado favorable tampoco permite calcular «cuántos años de fertilidad» quedan por delante. Hay que interpretarlo junto con la edad, los antecedentes, los factores de riesgo y el resto del cuadro clínico.
Esta distinción importa especialmente ahora, cuando cualquier resultado de una analítica puede acabar convertido en redes en una cifra aparentemente definitiva. La medicina reproductiva no funciona así: un marcador puede aportar información útil sin por eso convertirse en una bola de cristal.
Donar óvulos es mucho más que una extracción
En España, la donación de óvulos está regulada y no puede entenderse como una transacción comercial. La Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida, establece que la donación de gametos es un contrato gratuito, formal y confidencial y que no puede tener carácter lucrativo o comercial. La compensación económica que pueda establecerse tiene carácter resarcitorio y debe limitarse a las molestias físicas y a los gastos derivados de la donación, sin convertirse en un incentivo económico para donar.
A este marco se suma el Real Decreto-ley 9/2014, de 4 de julio, que establece normas de calidad y seguridad para la donación, obtención, evaluación, procesamiento, preservación, almacenamiento y distribución de células y tejidos humanos. La norma incluye expresamente las células reproductoras dentro de su ámbito de aplicación en aquello que no esté previsto por la Ley 14/2006 y su normativa de desarroll
El Real Decreto-ley 9/2014 incorpora, además, requisitos relacionados con la selección y evaluación de los donantes de células reproductoras, incluyendo criterios de seguridad, valoración de la historia clínica y determinados controles y pruebas destinados a reducir los riesgos para los donantes y para los posibles receptores. En el caso de las donaciones de células reproductoras fuera de la pareja habitual, la norma contempla específicamente la evaluación de los riesgos asociados a la donación, incluida la estimulación de la ovulación y la extracción de óvulos.
Junto a esta regulación, el Real Decreto 412/1996 establece protocolos obligatorios de estudio de los donantes y usuarios relacionados con las técnicas de reproducción humana asistida. Entre otros requisitos, establece que las donantes de gametos femeninos no deben superar los 35 años y que deben encontrarse en buen estado de salud psicofísica. También contempla la información y el consentimiento previos y los estudios a los que debe someterse el donante.
Todo esto explica por qué el rigor no puede tratarse como un adorno cuando se habla de donación de óvulos. Es parte estructural del procedimiento, no un detalle de marketing.
Fertilab Donantes: rigor, innovación y acompañamiento en cada etapa
En el caso de Fertilab Donantes, la primera fase incluye un chequeo médico y ginecológico, además de una evaluación del historial médico y familiar y un estudio genético. La clínica también incorpora una valoración psicológica dentro de este proceso de evaluación.
Este planteamiento va directo a uno de los puntos clave de cualquier programa de donación: antes de hablar de extracción, hay que hablar de idoneidad y de seguridad.
La innovación entra en juego en otro nivel. Fertilab Donantes afirma contar con un laboratorio equipado con tecnología de última generación, y dice mantener sus procedimientos alineados con la evolución de las técnicas de reproducción asistida. Aun así, en medicina reproductiva innovar no debería significar simplemente acumular aparatos: la utilidad de cualquier herramienta depende de que esté bien integrada en un protocolo médico y de que las decisiones sigan en manos de profesionales cualificados.
El tercer elemento es el acompañamiento. Según la información publicada por Fertilab Donantes, su equipo incluye profesionales de enfermería, ginecología y psicología, y existe seguimiento a lo largo de todo el proceso.
Ese acompañamiento importa más de lo que parece a primera vista: una donación de óvulos implica medicación, controles, una intervención para recuperar los ovocitos y un periodo de seguimiento posterior, así que la información previa y la supervisión sanitaria son parte esencial de la experiencia de la donante.
La propia clínica señala que realiza revisiones después del proceso para comprobar cómo evolucionan las donantes.
Rigor, innovación y acompañamiento dejan de ser aquí tres palabras bonitas puestas una detrás de otra. Son, en realidad, tres caras de lo mismo: que la donación de óvulos tiene que desarrollarse dentro de un entorno sanitario donde la información, la selección, la tecnología y el seguimiento cumplan cada uno su papel.
La infertilidad tampoco entiende de estereotipos
La edad importa, sí, pero no explica por sí sola todos los casos de dificultad para concebir. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 17,5 % de la población adulta, una de cada seis personas, más o menos, experimenta infertilidad en algún momento de su vida. Las causas pueden estar en el sistema reproductor femenino, en el masculino, en ambos, o quedar sin una explicación clara. La OMS insiste precisamente en ese carácter multifactorial.
Por eso tampoco tiene mucho sentido convertir la edad materna en una explicación universal. La evaluación de la fertilidad debe tener en cuenta la historia médica y reproductiva y, cuando corresponde, factores anatómicos, ovulatorios y seminales.
Las recomendaciones clínicas cambian según la edad. ASRM indica que, si no hay otros factores de riesgo, la evaluación de infertilidad suele empezar tras 12 meses de intentos sin embarazo en menores de 35 años, y tras solo seis meses a partir de esa edad; por encima de los 40, puede estar indicada una valoración más inmediata.
No se trata de poner una fecha límite a la maternidad. Se trata de reconocer que el tiempo pesa distinto en medicina reproductiva, y que consultar a tiempo puede dar información valiosa antes de que las opciones terapéuticas se reduzcan.
Ahí está, quizá, la gran paradoja de la fertilidad moderna: la sociedad ha ganado libertad para decidir cuándo organizar su vida familiar, pero esa libertad convive con una biología que sigue teniendo sus propios tiempos, le guste o no.
Por eso hablar de donación de óvulos no debería empezar con promesas ni terminar en cifras comerciales. Debería empezar por la medicina, por la información y por el cuidado de las personas que forman parte del proceso.
Al final, el valor de un programa de donación no se mide solo por lo que pasa en el laboratorio, sino también por la calidad de las decisiones que se toman antes, durante y después de cada procedimiento.
Y es ahí, precisamente, donde el reloj social y el biológico dejan de parecer una contradicción: conocer los tiempos de la biología no obliga a seguir ningún calendario, pero sí permite tomar decisiones reproductivas con menos mitos y bastante más contexto.
https://noticialdia.com/al-dia/fertilab-donantes-rigor-innovacion-y-acompanamiento-en-la-donacion-de-ovulos/
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