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En los Valles jujeños, donde una tormenta puede destruir en minutos meses de trabajo, la lucha antigranizo vuelve a quedar en el centro del debate. Carlos Barni, contador y gerente general de Latitud Sur, explicó que el sistema que opera LATSER no busca “quitar la lluvia” ni modificar el clima a gran escala, sino intervenir localmente sobre determinadas tormentas para intentar reducir el tamaño del granizo. La propia Organización Meteorológica Mundial reconoce la siembra de nubes como una técnica utilizada en numerosos países para aumentar precipitaciones o mitigar daños por granizo, aunque también advierte que su efectividad varía según el tipo de tormenta y que no puede presentarse como una tecnología infalible.
Carlos Barni no es una voz ocasional dentro del sector. Desde hace años aparece públicamente como gerente de Latitud Sur, vinculada al seguro agrícola tabacalero y al esquema de lucha antigranizo que opera en los Valles, mientras LATSER —sociedad integrada por la Cámara del Tabaco de Jujuy y Latitud Sur— ejecuta técnicamente el servicio. La empresa tiene su base en Perico, sobre avenida Urquiza, y su estructura está directamente vinculada con una de las zonas productivas más sensibles de Jujuy. Barni ya había señalado en mayo que la campaña 2025/26 registró el menor nivel de siniestralidad por granizo en más de cuatro décadas de estadísticas provinciales, un dato que el sector utiliza como respaldo operativo del sistema.
El primer mito que Barni busca desarmar es el más extendido: que los cohetes “espantan” la lluvia o secan las nubes. “La siembra de nubes se usa en el mundo para dos objetivos: incrementar precipitaciones o disminuir el tamaño del granizo”, explicó. La ciencia internacional acompaña esa descripción: la OMM señala que existen programas operativos de modificación del tiempo en más de 50 países y que la siembra busca, según las condiciones, aumentar lluvia o nieve y reducir daños por granizo. Pero también introduce una cautela necesaria: la enorme energía contenida en una tormenta hace imposible controlar sistemas meteorológicos completos o garantizar la eliminación de fenómenos severos.
El procedimiento tampoco consiste en lanzar “misiles”, como suele repetirse en redes sociales. Barni explicó que se utilizan cohetes de alcance local, con un radio máximo cercano a ocho kilómetros y alrededor de 480 gramos de material reactivo por unidad. El objetivo es introducir núcleos que favorezcan la formación de una mayor cantidad de partículas de hielo de menor tamaño, de manera que compitan por el agua superenfriada disponible dentro de la nube. Esa es precisamente una de las hipótesis científicas clásicas de la supresión de granizo mediante siembra glaciogénica: distribuir el agua disponible entre más embriones de hielo para reducir el tamaño final de las piedras. La literatura meteorológica reconoce esa base física, aunque mantiene abierto el debate sobre cuánto reduce efectivamente el daño en cada tipo de tormenta.
La historia reciente de los Valles explica por qué la discusión importa. Monterrico, La Ovejería, El Carmen, Las Pampitas, Puesto Viejo, Perico y zonas vecinas han sufrido episodios con cientos o miles de hectáreas afectadas. En diciembre de 2023, por ejemplo, Barni informó daños sobre aproximadamente 2.100 hectáreas de tabaco tras una tormenta particularmente intensa, con La Ovejería entre las áreas más castigadas. En otro temporal de ese mismo año se denunciaron alrededor de 1.500 hectáreas afectadas y se dispararon más de 200 cohetes durante el operativo. Para un productor, una tormenta de granizo no es una discusión teórica: puede significar pérdida de cosecha, empleo temporario que desaparece, menos movimiento comercial y menor ingreso para toda la cadena regional.
También es importante despejar otra preocupación: el impacto ambiental. La OMM señala que los estudios publicados hasta ahora no muestran efectos significativos sobre salud humana o ambiente por las cantidades habituales de yoduro de plata utilizadas en programas de siembra, aunque recomienda evaluar cualquier aumento importante de dosis o nuevos agentes y continuar investigando posibles efectos no intencionales.
La discusión, entonces, debería salir del terreno del rumor y entrar en el de la evidencia. La lucha antigranizo no puede impedir una inundación, detener un frente de tormenta ni garantizar que nunca caiga granizo; tampoco existe base científica para atribuirle la desaparición de lluvias regionales. Sí existe una tecnología de siembra de nubes utilizada internacionalmente con el objetivo de reducir daños por granizo, cuya eficacia debe evaluarse con radar, estadísticas de siniestralidad, trazabilidad de disparos y comparación de campañas. En una región donde tabaco, horticultura, fruticultura y empleo rural dependen del clima, el desafío no es creer o descreer: es medir, transparentar y perfeccionar una herramienta destinada a reducir pérdidas cuando la atmósfera pone en riesgo toda una economía regional, la lucha antigranizo demostró se un instrumento de alta eficiencia para la producción tabacalera.
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