

Como contó Consonante, la Flor de Inírida ha pasado por una historia compleja de explotación indiscriminada, prohibición de su comercialización, investigación y domesticación. Actualmente, está permitida su exportación, pero persisten preguntas sobre su conservación y la del ecosistema en el que crece, y sobre a quiénes beneficia su comercialización. Aquí algunas claves de la investigación:
La “Flor eterna”. La Flor de Inírida crece en un espacio reducido entre los ríos Atabapo y Guainía, en un suelo pobre en nutrientes y en medio de ciclos de inundación, sequía, incendios y altas temperaturas. De ahí nace su atractivo comercial, su alta resistencia: puede conservar su forma y color durante meses, incluso años después de secarse. Por ello se le conoce comercialmente como la “flor eterna”.
Sin embargo, crece en un territorio con una recuperación y restauración lenta frente al cambio en el uso del suelo y su cobertura, a la vez que enfrenta varias presiones: minería de oro, urbanización, tránsito de vehículos, actividades agropecuarias. Esto, unido a que la Flor de Inírida solo crece en este territorio limitado, la hace muy vulnerable.
El reto es cómo conservar y aprovechar. Antes la Flor de Inírida era extraída directamente de las poblaciones silvestres de forma indiscriminada, lo que redujo el potencial productivo de las poblaciones cercanas de Inírida y puso en riesgo la existencia misma de la flor y la de su territorio. Por ello pasó por varias fases: la prohibición total de su aprovechamiento y luego se autorizó este con permisos en zonas específicas con un plan de manejo sostenible.
Sin embargo, se buscaron alternativas para seguir comercializando la flor sin afectar el territorio. Por ello empezaron a investigar cómo cultivarla, dado que su ciclo vital tiene varias particularidades, al igual que el ecosistema donde crece. Aunque ya no se comercializan las flores silvestres, esto no garantiza que las sabanas estén protegidas. Consonante menciona que las amenazas como la minería y los incendios persisten en el territorio. Según los expertos consultados, ha habido avances significativos en el reconocimiento de la Flor de Inírida, pero falta que se comprenda mejor la importancia ecológica de las sabanas donde crece y que se les dé el mismo trato.
También está en duda que sean las comunidades que conviven con la flor quienes se beneficien de su venta. Consonante menciona que alrededor de la Flor de Inírida se ha formado una actividad económica que involucra productores, trabajadores de poscosecha, comerciantes y personas vinculadas al turismo, que reportan que es una alternativa de ingresos para sus familias. Sin embargo, señala que falta información sobre cómo se distribuyen esos beneficios y cuánto de ese dinero permanece en Inírida.
Recomendado. La investigación completa de Consonante y esta historia sobre las plantas emblemáticas de la Amazonía, incluida la flor de Inírida.
https://www.lasillavacia.com/silla-amazonia/amazonia-en-breve/el-reto-en-conservar-y-comercializar-la-flor-de-inirida-consonante/
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