
Luego de sufrir la experiencia del pasado terremoto del 24 de junio, y permanecer en calidad de refugiada en el campamento transitorio por cuatro meses en el estadio César Nieves, en estado La Guaira, la vida de Eribel Martínez y de su entorno familiar cambió para siempre. Al llegar a su casa temporal construida en Ciudad Caribia por el Gobierno Bolivariano dijo: «Ahora viviremos bajo un techo seguro y podremos darle a nuestros hijos una mejor calidad de vida. El tiempo de Dios es perfecto y aquí estamos en un clima lleno de paz y calma«.

Durante sus primeras impresiones, este martes 20 de octubre, para este portal, sus ojos brillaban de alegría y su rostro siempre mantuvo una expresión de felicidad.
Tras luego de llegar la tarde del lunes 19 a su nuevo hogar temporal, sus hijos corrían y saltaban por toda la vivienda. La emoción de los infantes podría compararse a ese momento mágico cuando llega el Niño Jesús colmado de regalos.
«Desde ahora tendremos un respiro y mucha calma espiritual. Nuestra permanencia en el estadio César Nieves no fue nada fácil. Nadie se acostumbra al intenso calor cuando se vive en una carpa. Aquí todo es distinto, mientras que allá era todo un tema hasta darse un buen baño. No se podía dormir con tranquilidad por la constante bulla de carros y motos. No es fácil dormir en una carpa donde la una única seguridad que había era un simple cierre que nos resguardaba de cualquier peligro», compartió Eribel Martínez.
Relató que su grupo familiar y al resto de personas que permanecieron en el estadio César Nieves fueron tratadas dignamente. «Nos daban todo lo necesario en cuanto atención médica, medicamento gratuito, alimentación y actividades recreativos para nuestros hijos. Sin embargo, las condiciones en que nos encontramos ahora en comparación con aquella realidad no tiene precio. Vivir en carpa es una situación verdaderamente agotadora».
–¿Podría describir un poco su estancia en el refugio en La Guaira?
–Allá cada familia estaba resguardada por una simple lona. Constantemente estábamos bajo un inclemente calor. Permanecer dentro de una carpa no es vida, mientras que aquí ya sentimos que vivimos en nuestro hogar.
–¿Una vez que llegó a Ciudada Caribia qué encontró en su vivienda?
–Antes que todo, mucha paz y tranquilidad. Nuestra casa cuenta con aire acondicionado. Nos dieron los artículos básicos de cualquier vivienda: Nevera, cocina eléctrica, un fregadero, televisión, un juego de cuarto matrimonial y una literal. Nuestro baño es amplio con su respectiva ducha y desde ayer lunes 19, ya estamos completamente instalados. También encontramos el refrigerador llena de alimentos incluyendo dos pollos. Les cuento que tener un baño con una regadera para nosotros es una mina de oro.
¿Qué mensaje podría enviarle a quienes se niegan ser trasladados a Ciudad Caribia?
-Yo sé que venirse o no es una decisión de cada familia. Les aconsejo que no lo piensen más y vengan a vivir en Ciudad Caribia. Aquí hasta el clima es agradable y las condiciones de vida son totalmente opuestas a las que se viven en un refugio. Aquí realmente se descansa, se duerme mejor y más seguro. Sobre todo ya no seremos más víctimas de los fuertes rayos del sol.
Mientras ofrecía algunos detalles sobre su permanencia en el César Nieves detalló que en cierta oportunidad «tomé un termómetro para medir el calor interno de nuestra carpa. Sorpresa, el indicador marcaba 39 grados pese a que estaba comenzando la mañana».
-¿Conocía algo sobre las casas que estaban construyendo para ustedes en Ciudad Caribia?
-No mucho. Había escuchado que era un lugar muy bonito para vivir y que su clima es muy agradable al caer la tarde. Todos los comentarios fueron muy positivos y nos ayudó a tomar la decisión de venirnos para acá. Aquí estamos felices y adaptándonos para seguir adelante por nuestros hijos. Venirnos para acá ha sido la mejor decisión que hemos tomado. Yo fui la primera en anotarme para el traslado.
¿Cómo fue el proceso de su traslado hasta Ciudad Caribia?
–Nos avisaron de un día para otro. El sábado 17 hubo una reunión en el César Nieves y nos notificaron sobre la posibilidad de trasladarnos a Ciudad Caribia. Más de 90% de las familias aceptó la propuesta. Cuando nos incluyeron en la lista éramos aproximadamente como unas 60 familias. El día siguiente tuvieron que reprogramar el traslado porque se habían inscrito más de 200. Es decir, teníamos que llegar el domingo y por esa situación nos trajeron un día después. La gente manejaba la cifra de 210 adjudicaciones.
¿Cómo tomaron la noticia sus hijos al enterarse de que dejarían de vivir en carpa?
–Expresaron gran alegría. Mi hijo me preguntaba que cuándo nos mudaremos para la casa nueva. Le respondía que muy pronto porque teníamos que recoger las cosas para traerlas. Ahora duermen felices y se despiertan más alegres.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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