

Mamen Blanco es divulgadora y formadora especializada en inteligencia artificial aplicada al mundo empresarial, con especial foco en la alta dirección y los Recursos Humanos.
Con más de 15 años de experiencia en gestión y desarrollo del talento, ha sido directora de RRHH en empresas tecnológicas y actualmente es CEO de Inteligencia Artificial y Talento Academy, desde donde ayuda a profesionales y organizaciones a incorporar la IA en su día a día.
Es autora del libro ChatGPT para RRHH, que ya va por su tercera edición, y publica una newsletter de referencia en habla hispana sobre inteligencia artificial aplicada al negocio.
Reconocida como Top Linked España 2026 en la categoría de RRHH y Talento, compagina la formación a empresas con la divulgación y la docencia universitaria.
Su propósito es acercar la inteligencia artificial a las personas de manera sencilla, práctica y sin tecnicismos innecesarios, demostrando que la tecnología no solo puede ayudarnos a trabajar más rápido, sino también a pensar y trabajar mejor.
Mamen, tu trayectoria te ha llevado desde el ámbito de los Recursos Humanos y el talento hasta convertirte en una de las voces más visibles en España sobre inteligencia artificial aplicada a este ámbito. ¿En qué momento te das cuenta de que la IA iba a transformar de manera profunda tu profesión y decides especializarte en ella?
Lo que me enganchó de ChatGPT en 2023 no fue el ahorro de tiempo. Fue descubrir que podía ayudarme a pensar mejor.
Llevaba muchos años en Recursos Humanos y, en cuanto empecé a probarlo, identifiqué tareas en las que podía recuperar horas. Eso ya era valioso, y recuerdo pensar: «¡Esto tengo que contarlo!». Pero la sorpresa de verdad vino después: cuando lo usaba para cuestionar mis ideas, buscar otras perspectivas o desmontar un problema, llegaba más lejos que sola.
Ahí está la clave. Si usas la IA como un atajo para dejar de pensar, te pierdes lo mejor. Si la usas para pensar más y mejor, el salto es enorme.
Fue entonces cuando entendí que esto iba más allá de una herramienta tecnológica: era una nueva forma de trabajar. Y quería que otros profesionales, descubrieran ese potencial.
Hablas habitualmente de que la IA no debería entenderse únicamente como una herramienta, sino como una nueva forma de trabajar. ¿Qué está cambiando realmente en los departamentos de Recursos Humanos y qué cambios todavía están pendientes?
Estamos ante un cambio cultural de fondo, y todavía no somos del todo conscientes de lo que viene.
Los organigramas del futuro no estarán formados solo por personas. Habrá agentes de inteligencia artificial que asumirán tareas y trabajarán con nuestros equipos.
Todos acabaremos teniendo nuestros propios agentes: asistentes que conocen nuestro trabajo, nuestras herramientas y nuestras preferencias, y que nos ayudan de una manera mucho más personalizada. Veo incluso un futuro en el que transcribir reuniones y conversaciones profesionales, con las garantías y los consentimientos necesarios, será algo habitual, porque toda esa información dará contexto a nuestros asistentes y los hará más útiles.
Y hay una idea que me parece fascinante: en el futuro, una empresa no me contratará solo a mí. Me contratará a mí y a mis agentes. Cómo los hayas configurado, qué conocimiento tengan y cómo trabajes con ellos formará parte del valor que aportas como profesional.
Por eso no estamos hablando de aprender a usar la IA. Estamos hablando de una transformación profunda de cómo entendemos el trabajo y el talento.
En tus contenidos planteas incluso la posibilidad de que los equipos del futuro estén formados por personas, asistentes de IA y agentes inteligentes. ¿Cómo crees que cambiarán los equipos y el liderazgo cuando la IA pase a formar parte de ellos de manera habitual?
Aquí se va a producir una gran paradoja: cuanto más presente esté la inteligencia artificial en los equipos, más valor tendrán las capacidades humanas.
Si la tecnología se ocupa de las tareas repetitivas que nos consumen tantas horas (picar facturas, por ejemplo, que ya debería ser del Pleistoceno), lo que recuperamos es tiempo. Y ese tiempo puede ir a lo que hoy escasea: escuchar a las personas, acompañarlas, desarrollar talento y construir relaciones de confianza.
En el liderazgo esto será especialmente importante. Dirigir un equipo ya no consistirá solo en repartir tareas y supervisar resultados. Habrá que organizar el trabajo entre personas y agentes, decidir qué se delega a la tecnología y qué necesita criterio humano.
Pero, sobre todo, ganan peso la empatía, la comunicación y la capacidad de generar confianza. Una cosa es automatizar un proceso y otra muy distinta es conseguir que alguien confíe en ti.
La gran oportunidad de esta revolución es que la tecnología nos permita dedicar más tiempo a ser humanos.

Una de las cuestiones que más preocupa a las empresas es cómo incorporar la IA sin perder el componente humano. Desde tu experiencia, ¿dónde está el equilibrio entre tecnología, productividad y personas?
Confundimos productividad con hacer cada vez más cosas.
Terminamos el día después de contestar correos, gestionar documentación, preparar reuniones, resolver cuestiones administrativas… Hemos trabajado muchísimo, pero ¿cuánto tiempo hemos dedicado a lo verdaderamente importante?
En Recursos Humanos esto se ve muy claro. A veces no tenemos tiempo para sentarnos con una persona, escuchar qué le preocupa o acompañarla en su desarrollo. No es porque no queramos; es porque el día a día nos come.
La inteligencia artificial ofrece una oportunidad enorme de cambiar esto. Si liberamos tiempo de las tareas que no necesitan nuestra intervención, podemos dedicarlo a las personas.
Pero ese tiempo recuperado no tiene por qué convertirse automáticamente en más trabajo. ¿De qué nos sirve ahorrar dos horas al día si las llenamos con otras veinte tareas?
La verdadera productividad también se mide por nuestra capacidad para trabajar mejor, tomar mejores decisiones y construir organizaciones en las que las personas tengan más espacio.
Has trabajado con profesionales y organizaciones que están empezando a incorporar IA en procesos reales de Recursos Humanos. ¿Cuáles son los usos que están generando más valor actualmente y cuáles son, en tu opinión, los errores más frecuentes al empezar?
Hay un caso que me parece especialmente potente: departamentos de Recursos Humanos que crean sus propios agentes de IA para atender consultas internas de los empleados.
Imagínate que alguien pregunta: «Van a operar a mi suegro de cataratas, ¿cuántos días de permiso me corresponden?». O «¿cómo solicito mis vacaciones?», «¿a quién le pido un ordenador nuevo?». Son preguntas habituales y la persona necesita una respuesta rápida y fiable. Un agente bien configurado, que consulte el convenio, las políticas internas y la documentación actualizada, resuelve muchas de estas consultas al instante y deriva las complejas a RRHH.
El efecto es inmediato: Recursos Humanos empieza a relacionarse con su equipo de una manera mucho más ágil y se posiciona como el área que lidera la transformación de la empresa.
¿Y el error más frecuente? Creer que porque usas alguna herramienta de IA tipo ChatGPT o Claude todos los días ya sabes usar bien la inteligencia artificial.
Escucho mucho eso de «yo ya uso la IA para todo». Y siempre pienso: vale, pero ¿la usas bien? Hay un estudio de Harvard Business School con 758 consultores de BCG que me parece fascinante. En las tareas para las que la IA funciona bien, quienes la usaban entregaban un trabajo de un 40% más de calidad. Pero en una tarea de análisis que superaba sus capacidades, quienes se fiaron de ella acertaron 19 puntos menos que quienes trabajaron sin ella. La herramienta era la misma; la diferencia estaba en el criterio de quien la usaba.
Son herramientas muy intuitivas, pero necesitan formación. Hay que saber configurarlas, contrastar sus respuestas y entender qué información se puede compartir.
Y aquí aparece un riesgo enorme: la IA en la sombra. Cuando una empresa no ofrece herramientas adecuadas ni establece normas claras, sus empleados terminan trabajando con aplicaciones o cuentas personales, a veces introduciendo datos confidenciales sin conocer las condiciones de privacidad. Lo veo en casi todas las empresas con las que trabajo, y casi nunca lo sabe la dirección.
Mi mensaje es claro: usar mucho la IA no significa usarla bien. Y las empresas no pueden darlo por supuesto.
En 2024 publicaste ChatGPT para RRHH, una guía práctica para acercar estas herramientas a los profesionales del sector. Dos años después, la evolución de la IA ha sido enorme. Si hoy tuvieras que escribir de nuevo ese libro, ¿qué capítulo nuevo tendría que ocupar un lugar protagonista?
Precisamente este agosto he tenido que reescribir prácticamente el libro entero, y ya vamos por la tercera edición. La inteligencia artificial cambia tan rápido que mucho de lo que explicaba en 2024 ha quedado atrás.
Antes hablábamos constantemente de los prompts, de cómo hacer buenas preguntas a ChatGPT. Sigue siendo importante. Pero ahora hay algo que marca mucho más la diferencia: el contexto.
La gran revolución está en conseguir que la IA te conozca de verdad: a qué te dedicas, cómo es tu empresa, qué herramientas utilizas, quién forma parte de tu equipo, cuáles son tus responsabilidades y cómo te gusta trabajar.
Y cuando digo que te conozca, me refiero a que te conozca de verdad. No vale con decirle: «Soy directora de Recursos Humanos y tengo un equipo altamente motivado». Eso queda estupendo en una presentación corporativa, pero no le estás contando prácticamente nada. Cuéntale cuáles son tus dificultades, qué te preocupa, cómo trabajáis realmente y qué problemas necesitas resolver. Siempre respetando la confidencialidad, claro.
La inteligencia artificial es tremendamente potente, pero sus respuestas son mucho más útiles cuando comprende tu realidad.
Así que, si tuviera que elegir un capítulo protagonista, lo tengo claro: el contexto. Antes nos preocupábamos por cómo hablarle a la IA. Ahora tenemos que aprender a conseguir que la IA nos entienda.

También has defendido que la revolución de la IA es, en buena medida, una revolución organizativa. ¿Qué deberían estar haciendo ahora las empresas que quieren prepararse para ese cambio y no limitarse simplemente a incorporar nuevas herramientas?
La inteligencia artificial es una herramienta de negocio, no solo una herramienta tecnológica. Y muchas empresas se equivocan al pensar que esta transformación es responsabilidad exclusiva del departamento de IT. Las personas que conocen el negocio, sus procesos, sus dificultades y sus oportunidades tienen que participar activamente.
Y los datos dicen que no basta con incorporar tecnología. El Work Trend Index 2026 de Microsoft, con 20.000 profesionales encuestados en diez países, concluye que los factores organizativos (la cultura, el apoyo de los responsables, el desarrollo del talento) pesan más del doble que la actitud individual a la hora de explicar el impacto real de la IA. Y solo el 26% de los encuestados cree que su dirección está alineada en este tema.
Eso confirma algo que veo constantemente: puedes tener personas con muchas ganas de usar inteligencia artificial, pero si la organización no acompaña, la transformación no llega.
¿Por dónde empezaría? Por la formación. Pero formación de verdad, muy práctica, que permita a los equipos descubrir cómo pueden usar la IA en su trabajo y hacerlo con seguridad. Y no es opcional: desde febrero de 2025, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial obliga a las empresas a adoptar medidas para desarrollar las competencias en IA de las personas que utilizan estos sistemas. La formación no es un accesorio; es parte de la transformación.
Hay que hacerlo de una manera que ilusione. Cuando alguien descubre lo que esta tecnología puede hacer por él en su día a día, cambia su perspectiva.
También animo a las empresas a crear sus propios comités de IA: equipos transversales, con personas de distintos departamentos que conozcan el negocio, tengan curiosidad, ganas de experimentar y, sobre todo, de compartir lo que aprenden.
Y la dirección tiene que implicarse. No se puede transformar una empresa si quienes la lideran no están dispuestos a cambiar su propia manera de trabajar. Comprar licencias es relativamente sencillo. Lo difícil, y lo verdaderamente importante, es transformar la forma en la que trabaja una organización.
Este año has sido elegida ganadora de Top Linked España 2026 en la categoría de RRHH y Talento. ¿Qué significa para ti recibir este reconocimiento y qué crees que ha valorado la comunidad profesional en el contenido y la forma de comunicar que has construido en LinkedIn?
Me ha hecho muchísima ilusión.
Crear contenido es bastante más duro de lo que parece. Detrás de cada publicación hay horas de investigar, probar herramientas, contrastar información y buscar la manera de explicar algo complejo de forma sencilla. Y si te dedicas a la inteligencia artificial, que cambia a una velocidad de vértigo, no te puedes despistar.
Pero compensa. Sobre todo cuando ves que lo que compartes ayuda a otras personas y que tu comunidad te apoya de una manera tan bonita.
Lo que más me gusta es que alguien lea una publicación y piense: «Anda, pues esto no lo sabía. Mañana lo pruebo en mi trabajo». Creo que eso es lo que ha conectado: explicar la IA sin complicarla, con ejemplos cotidianos, compartiendo lo que pruebo y lo que aprendo.
Mi propósito es seguir acercando el conocimiento a las personas de una manera sencilla y útil, porque estoy convencida de que puede mejorar nuestra forma de trabajar y, por qué no, también nuestra vida. Este reconocimiento me anima a seguir haciéndolo.
Y quiero agradecer al equipo de Top Linked España y Linked Lunch este tipo de iniciativas. Hay un trabajazo detrás y me parece precioso que se reconozca a las personas que dedicamos parte de nuestro tiempo a compartir conocimiento.
El próximo 27 de octubre participarás en el encuentro de Top Linked España 2026 en Granada, donde tendrás la oportunidad de compartir espacio con otros profesionales reconocidos de distintas áreas. ¿Qué esperas de este encuentro y qué te gustaría que surgiera de esta comunidad más allá del propio reconocimiento?
Lo que más ilusión me hace es ponerles cara a tantas personas con las que converso en LinkedIn.
Nos seguimos, comentamos publicaciones, intercambiamos ideas… pero todo ocurre detrás de una pantalla. Llevar esas relaciones digitales al cara a cara me encanta.
También tengo ganas de conocer en persona a profesionales de otras áreas a los que admiro y sigo desde hace tiempo. Estos encuentros son una oportunidad para aprender de gente que hace cosas muy distintas a las tuyas, y siempre te llevas algo.
Y, además, ¡tengo unas ganas tremendas de pasármelo bien! La última edición de Top Linked España a la que asistí fue uno de los eventos más divertidos en los que he estado, así que estoy deseando descubrir qué nos ha preparado esta vez el equipo organizador, porque se lo curran. Es un encuentro que recomiendo a cualquiera.
Y fíjate qué curioso: llevamos toda la entrevista hablando de inteligencia artificial, agentes y tecnología, y terminamos hablando de lo mucho que nos gusta encontrarnos en persona.
Al final, las relaciones humanas siguen siendo lo más importante.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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