
El Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) ha retirado unos 15,4 millones de toneladas de residuos de uranio de la orilla del río Colorado, junto a Moab, en Utah. Su Oficina de Gestión Ambiental anunció el hito el 29 de septiembre de 2026. Los residuos viajan en tren desde 2009 hasta un depósito a unos 48 kilómetros.
El DOE habla de 17 millones de toneladas cortas, la unidad de Estados Unidos, que equivale a unos 907 kilos. La limpieza sigue abierta, porque quedan suelos contaminados, el agua subterránea y la cubierta final del depósito, en un río que ya sufre su propia crisis por la falta de agua.
Una pila junto a Arches
Según la ficha oficial del proyecto, la planta de Moab empezó a procesar mineral en 1956, construida por la Uranium Reduction Company, que en 1962 la vendió a Atlas Minerals Corporation. Hasta 1970 vendió su concentrado de uranio a la Comisión de Energía Atómica para programas de defensa. Después produjo sobre todo para centrales nucleares, hasta su cierre en 1984.
Los restos del proceso, una arena radiactiva que los técnicos llaman relaves, se bombeaban a una balsa sin revestimiento. Con los años formaron una pila de más de 24 metros de espesor sobre unas 53 hectáreas, a un kilómetro y medio de la entrada del Parque Nacional de Arches.
El proceso extraía más del 90 % del uranio, pero dejaba el radio y otros productos de su desintegración, y el DOE calcula para esos relaves una radiactividad media de unos 660 picocuries por gramo de radio-226.
Amoniaco hacia el río
La pila guardaba mucha agua, sobre todo en el centro, y ese exceso se filtró por el suelo hasta el agua subterránea que acaba en el Colorado. Según el DOE, el amoniaco puede dañar a las crías de peces en peligro de extinción en los remansos de la orilla.
Desde 2003, ocho pozos de extracción y más de 30 de inyección de agua dulce protegen el río, porque recuperan amoniaco y uranio antes de que lleguen al río que formó el Gran Cañón.
Cuatro trenes por semana
Atlas propuso tapar la pila y dejarla allí, pero quebró en 1998, y el DOE asumió la propiedad del terreno en octubre de 2001 por mandato del Congreso. Desde entonces el Gobierno federal paga el 100 % de la limpieza, y en 2005 el DOE decidió llevar los residuos en tren a Crescent Junction, también en Utah.
Desde abril de 2009, los operarios excavan los relaves, los secan en eras hasta la humedad óptima y los cargan en contenedores de acero con tapas que se cierran con llave. Una grúa pórtico los sube al tren en Moab, y ahora salen cuatro trenes a la semana con hasta 156 contenedores cada uno. En Crescent Junction, unos camiones los vacían en la celda y los devuelven al tren para el viaje de vuelta.
El 9 de abril de 2026, el proyecto celebró en Moab el traslado completo de la pila, 16 millones de toneladas cortas o unos 14,5 millones de toneladas métricas. Matt Udovitsch, director federal de la limpieza, habló de «un honor» por trabajar con los grupos locales y la plantilla de la zona, y dijo que el hito refleja el compromiso del DOE «con la seguridad y la protección del medio ambiente».
La celda de Crescent Junction
Excavada 7,6 metros bajo el terreno, la celda mide unos 1340 metros de largo por 550 de ancho, y los residuos compactados subirán otros 7,6 metros por encima. Los camiones extienden los relaves en capas uniformes, y después el personal mide la densidad de cada capa.
Sobre cada tramo terminado va una cubierta provisional de tierra limpia que frena la erosión y la entrada de agua. En una nota de enero, el DOE explica que la celda está diseñada para «aislar los relaves radiactivos durante siglos».

La cubierta definitiva tendrá unos 2,7 metros de suelo y roca de la zona. En España, el almacén temporal de residuos radiactivos de Vandellós I también custodiará desechos durante décadas, hasta 2073.
970 millones de dólares gastados
La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) revisó el proyecto en un informe del 15 de julio de 2026 y calcula que la limpieza costó unos 970 millones de dólares hasta el año fiscal 2025. El total rondará los 1160 millones, así que ya se ha gastado más del 83 % y quedan unos 190 millones.
Según ese informe, aún quedan cerca de un millón de toneladas cortas de material contaminado bajo la antigua pila y a su alrededor, unas 907.000 toneladas. El DOE espera sacarlas a mediados de 2027 y cerrar el depósito en 2029, y después su Oficina de Gestión del Legado lo vigilará a largo plazo.
El agua subterránea, sin solución
El diseño del tratamiento del agua está al 60 %, según la GAO, y el DOE prevé enviarlo en 2027 a la Comisión Reguladora Nuclear (NRC) para que dé su conformidad. Ninguna de las dos ha elegido aún la solución final para el agua subterránea.
La GAO advierte de que el tratamiento y la vigilancia del agua «pueden continuar durante décadas». La solución final, además, podría limitar el uso del agua en la zona.
Tampoco está decidido el futuro del terreno, que el DOE quiere traspasar en su mayor parte al condado de Grand y para el que los vecinos han propuesto usos recreativos.
Foto: Departamento de Energía de EE. UU. (DOE)
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