
En la Plaza Grande de Mérida viven loros que cada noche usan los árboles del centro histórico como refugio. Son parte del paisaje de la ciudad tanto como la catedral o los portales, pero cada 15 de septiembre la pirotecnia del Grito de Independencia los obliga a salir volando en plena oscuridad, desorientados y en riesgo. La celebración tiene un costo que casi nadie ve desde la multitud.
Los loros de Mérida: un ícono urbano con nombre propio
Los loros que habitan la Plaza Grande de Mérida no son visitantes accidentales. Llevan décadas usando los árboles del centro histórico como dormidero colectivo, especialmente los ficus y laureles que rodean la plaza. Son, en buena medida, parte de la identidad visual de la ciudad, y cualquier meridano o turista que haya caminado por ahí al atardecer sabe exactamente de qué hablamos: el escándalo verde y ruidoso que se instala en las copas antes de que caiga la noche.
Se trata principalmente de loros yucatecos (Amazona xantholora), una especie endémica de la península que tiene en las zonas urbanas de Mérida uno de sus refugios más documentados. Que existan en el centro no es casualidad: la ciudad ofrece árboles altos, temperatura estable y, hasta cierto punto, protección frente a depredadores. El problema es que también ofrece pirotecnia aves en peligro en México dos veces al año con especial intensidad.
Qué pasa con los loros cuando explota la pirotecnia
El ruido de los cohetes no es solo molesto para las aves: es fisiológicamente disruptivo. Las explosiones provocan vuelos de pánico en los que las aves pierden orientación, se separan de su grupo y pueden chocar contra edificios, cables o vehículos en medio de la oscuridad. Para una especie que duerme en bandada y depende de la cohesión grupal para sobrevivir, una noche como la del 15 de septiembre es literalmente una emergencia.
Expertos en fauna urbana han documentado que los episodios de pirotecnia masiva generan estrés crónico en poblaciones de aves que habitan zonas céntricas, lo que afecta su sistema inmune, sus ciclos reproductivos y su comportamiento social. No es un susto que se les pasa: los efectos pueden durar días. Y en el caso de los loros de la Plaza Grande, el evento se repite cada año con la misma intensidad.
Lo que diferencia este caso de otros es la visibilidad. Los loros de Mérida son tan reconocidos localmente que cuando algo les pasa, la gente lo nota y lo documenta. Eso tiene valor: convierte un problema de fauna urbana en una conversación pública que de otra forma no ocurriría.
Medio: ecoosfera.com
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