Introducción: una transición angustiante
Bolivia concluido el año 2025, hallándose en un punto crucial de su recorrido republicano. Después de casi veinte años bajo el dominio sostenido del Movimiento al Socialismo MAS, la nación presencia el resurgir de la alternancia democrática, marcado por la victoria de Rodrigo Paz Pereira en la segunda vuelta electoral el 19 de octubre; esto sucede mientras Bolivia se enfrenta una de sus mas severas crisis económicas de las ultimas dos décadas. Una transición política intricada, una dolarización de hecho con dos tasas distintas, una inflación contenida que devora el poder adquisitivo, un aumento alarmante de la delincuencia y un declive social profundo y generalizado, todo esto conforma una situación que demanda una evaluación cuidadosa, abarcadora y desde múltiples perspectivas.
Este informe aborda la situación boliviana desde tres ángulos que se complementan: el periodismo de investigación, que indaga los sucesos y quienes son los responsables; la economía, que calcula el impacto monetario de las decisiones gubernamentales; y la sociología, que decodifica las interpretaciones colectivas de una sociedad que ha visto desaparecer en un corto lapso gran parte de los progresos sociales logrados entre 2006 y 2019. Lo importante de verdad no es solamente comprender los sucesos en Bolivia sino el porqué de su rápida manifestación y las ramificaciones que podrían devenir de mantener la pasividad.
Este análisis se basa en información oficial del Instituto Nacional de Estadística el Banco Central de Bolivia la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas y la Organización Panamericana de la Salud además de entidades internacionales como el Banco Mundial el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo también reportes específicos de InSight Crime y el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario enriquecen el estudio. Si fue precisa se aportaron estimaciones nuestras que están distinguidas con claridad.
1 Panorama político el declive del MAS y el proceso electoral del 2025.
1 1 La ruptura del grupo gobernante.
La coyuntura política cruceña no surgió en 2025 sino que ha ido fraguándose a lo largo de no menos de cuatro años. La separación entre el mandatario Luis Arce Catacora y su precursor y mentor político Evo Morales tuvo una explosión publica en 2023 y entorpeció la mayor parte de la administración estatal. El MAS se partió en dos bandos los arcistas y los evistas quienes competieron por todo desde el candidato presidencial hasta el dominio de la organización sindical de cocaleros. Esta lucha inédita en la izquierda de los Andes dejo al gobierno sin la habilidad de crear leyes nuevas y causo un hueco de poder donde las demás fuerzas políticas intentaron sacar provecho con éxito dispar.
La dimisión de Arce de aspirar a la reelección anunciada el 14 de mayo de 2025 marco la aceptación tardía de un revés interno. Las elecciones internas del MAS consagraron a un aspirante debilitado y carente del apoyo del órgano moralista, al mismo tiempo que la oposición se unió alrededor de dos figuras: Jorge “Tuto” Quiroga, exmandatario y líder del partido emergente Libre, y Rodrigo Paz Pereira, un democratacristiano de características técnicas. La división del partido oficialista hizo posible por vez primera en dos décadas una chance de cambio en el poder.
1. 2 Lo que salió en la votación fin de una era.
La primera vuelta del 17 de agosto de 2025resulto en un escenario fragmentado ningún aspirante alcanzando el 50%, obligando a una segunda vuelta. Paz Pereira consiguió el 26% de las preferencias, seguido por Quiroga con un 23,5%. La candidata oficialista, al contrario, alcanzó su peor marca histórica terminando tercera, lo que ratifica la caída libre del MAS. Para la segunda vuelta electoral prevista el 19 de octubre, Paz Pereira salió victoriosa con un 54,5 por ciento frente al 45,4 por ciento de Quiroga, un día caracterizado por una alta afluencia (87,4 por ciento) y el no haber incidentes de gravedad. La difusión en tiempo real de la concesión de Quiroga espantó la sombra del conflicto postelectoral que había acechado a la nación desde el año 2019.

Gráfico 1. Resultados de las elecciones generales de Bolivia 2025 (primera vuelta y balotaje). Fuente: Órgano Electoral Plurinacional (OEP).
Los retos de la transferencia de poder
El 8 de noviembre de 2025, Paz Pereira asumió la presidencia investida de una misión clara pero difícil: recuperar la fe en las instituciones, afianzar la economía y restañar el débil tejido social. El gobierno que encabeza carece de mayoría en las dos cámaras legislativas, y esto le exigirá pactar cada modificación con un adversario dividido. El legado que hereda abarca un Banco Central falto de fondos propios, una compañía estatal YPFB que sufre pérdidas, un sistema sanitario desarticulado y una población que espera mucho y tolera poco. La ciencia política nos advierte que luego de largos periodos de gobierno autoritario las naciones suelen pasar por una etapa inicial de optimismo efímero la cual rápidamente da paso a una creciente desilusión, esto le da al flamante gobierno un lapso limitado para mostrar logros concretos.
«Las elecciones no se perdieron por las propuestas sino por los problemas internos de sucesión del MAS. Los sistemas democráticos en Bolivia tienden a penalizar las personalizaciones severamente» expresó un analista político consultado para esta investigación.
2. Seguridad la escalada de crímenes y las venganzas.
2. 1 Una transición teñida de violencia.
Por mucho tiempo, Bolivia se mantuvo como uno de las naciones más seguras de toda la región latinoamericana, ostentando una cifra de homicidios fluctuante entre 4 a 5 por cada cien mil ciudadanos, cifra muy inferior al promedio de 20 de la región. Esta singularidad se ha venido al suelo. Las cifras del Sistema Integrado de Seguridad Ciudadana y la información recopilada por InSight Crime revelan un drástico aumento en los homicidios intencionales, que escalaron de 4.4 por cada cien mil habitantes en 2020 a 8.5 en 2025, un crecimiento que ronda el 93 por ciento en tan solo cinco años. Los reportes de homicidio aumentaron en un 256 por ciento durante el primer semestre de 2025 en comparación con el mismo lapso del año anterior, según los datos oficiales de la Fiscalía General del Estado.
Esta problemática no afecta a todas las zonas por igual. Santa Cruz de la Sierra concentra más del 60% de los homicidios del país; el eje cochabambino y los barrios periféricos de El Alto también siguen esta tendencia.

Gráfico 2. Evolución de la tasa de homicidios en Bolivia y comparación con el promedio latinoamericano, 2020-2025. Fuente: InSight Crime, ONUDD.
La geografía del crimen se solapa con la del narcotráfico: el recorrido de la hoja de coca excedentaria hacia los mercados internacionales de clorhidrato ah consolidado corredores criminales que sacan partido de la debilidad institucional.
La aparición de bandas como el Tren de Aragua venezolano, además la consolidación de grupos locales como Los Choncholayos representa un salto cualitativo; Bolivia ya no es solo un país de tránsito sino que ahora es una plaza de operaciones.
2. 2 Ajustes de cuenta y feminicidios.
Los datos mas escalofriantes emanan de los llamados «ajustes de cuenta», ejecuciones extrajudiciales ligadas a disputas entre bandas. En el pais se registraron al menos 26 ajustes de cuenta en 2025, de acuerdo al balance anual del Colectivo Boliviano de Seguridad Ciudadana, un numero muy superior a los 9 contabilizados en 2023. La forma mas común —fusilamiento en via publica con armas largas— es una novedad en el pais y refleja patrones vistos en Ecuador, Haití y partes de México. La reacción del gobierno fue lenta; la creación de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), en vez de mejorar la pesquisa, no trajo más destreza, y la impunidad, créase o no, bordea el 90% en casos de asesinato.
El feminicidio, por otro lado, pareciera tener una tasa constante pero terriblemente inaceptable: 2024 terminó con 134 instancias y 2025 con 128, conforme al registro oficial de la Defensoría del Pueblo.
¡Y el detalle escalofriante! Un 78% de las damnificadas ya habían presentado denuncia por violencia, y un 41% contaba con una medida de protección judicial que simplemente fue ignorada o incumplida.
Desde la sociología feminista, estos datos nos dicen una cosa: que el sistema de justicia que nos gobierna, el patriarcal boliviano, se ha mostrado incapaz de transformar las leyes en una salvaguardia real, sobre todo en esas áreas rurales donde la justicia ancestral se mezcla con costumbres machistas muy arraigadas.
3. Economía: El Producto Interno Bruto se estancó, hay una crisis latente con el dólar y las reservas están cada vez más bajas.
3.1 El ilusionismo del incremento en términos nominales.
El Producto Interno Bruto per cápita de Bolivia, medido en divisa estadounidense al valor de aquel momento, pasó de 3.168 dólares en 2020 a la sorprendente cifra de 5.148 dólares en 2025, lo que a simple vista resulta un avance espectacular del 62 por ciento. No obstante ese auge, ese progreso tiene un carácter intrínsecamente nominal: se explica por la depreciación del boliviano en el mercado paralelo, y por una leve alza del precio internacional de los hidrocarburos, no así por una mejora tangible en la productividad. En lo que se refiere a paridad de poder adquisitivo PPP, el ingreso per cápita experimentó un crecimiento mínimo de 7. 820 USD a 9. 800 USD durante el mismo lapso, un avance pírrico que los ciudadanos no perciben como un alivio material sustancial.
La economía verdaderamente activa se encoge. La generación de gas natural la fuente principal de divisas de la nación, decreció en un 38% desde 2019 hasta 2024, conforme a la información del Ministerio de Hidrocarburos. Los envíos de gas hacia Brasil y Argentina, que en 2014 aportaron más de 6. 000 millones de dólares anualmente, apenas alcanzaron la suma de 1. 200 millones en el año 2024. La industria manufacturera nacional se ve doblemente afectada por la escasez de dólares para la adquisición de materias primas y por la avalancha de manufacturas chinas a precios reducidos. El sector no estructurado conforma ya el 77% del trabajo en las urbes, y de hecho acoge la totalidad del incremento de la población activa económicamente.

Gráfico 3. Evolución del PIB per cápita de Bolivia en USD corrientes y PPP, 2020-2025. Fuente: Banco Mundial, FMI
3. 2 La tormenta del tipo de cambio y la divisa al margen.
La determinación del ejecutivo de Arce, de sostener un tipo de cambio fijo en 6,96 bolivianos el billete verde, no obstante la merma de las reservas, provocó el desbalance mas grande de la economía global boliviana en tres décadas. Durante 2024, el dólar informal arribó a cotizar en 11,80 bolivianos; una diferencia del setenta por ciento. Esto desalentó la exportación oficial, nutrió el comercio clandestino y aniquiló el acopio en moneda nacional. Esta calamidad golpeó de forma regresiva. Las clases medias y el pueblo, sin poder acceder al dólar oficial rebajado, acabaron comprando el informal. Esto fue para importar artículos, medicinas y cosas duraderas.
La estrategia del nuevo gobierno, ahora de Paz Pereira, viró hacia una desvalorización controlada. También se orientó a atraer capital externo para litio y combustibles. Las Reservas Monetarias Internacionales. que tocaron su punto mas bajo de 1.800 millones de dólares al cierre de 2023, se recuperaron. Llegaron a 4.300 millones para finales de 2025. Ello se logró con un convenio standby con el FMI. Y por la adquisición de 9,87 toneladas de oro puro realizada por el BCB. La recuperación luce frágil, no obstante: a marzo de 2026, las RIN mermaron de nuevo a 3.542 millones a causa de amortizaciones de deuda exterior.

Gráfico 4. Evolución de las Reservas Internacionales Netas del Banco Central de Bolivia, 2020-2025. Fuente: BCB, FMI
3.3 Inflación desabastecimiento y la migración.
La inflación oficial al finalizar 2025 alcanzó el 9,7% interanual, mas los precios de la cesta básica de alimentos se dispararon más del 18%, conforme al Índice de Precios al Consumidor que el INE calcula. El desabastecimiento de combustible, tanto gasolina como diésel, impulsó al gobierno a racionar las importaciones y a subvencionar, extrayendo de las reservas. La falta de harina aceite y azúcar devino crónica en las plazas populares. Como resultado, la migración internacional se aceleró: se estima que 250.000 bolivianos emigraron durante 2024-2025, dirigiéndose sobre todo a Chile Argentina España y los Estados Unidos, una fuga de capital humano sin parangón desde el estallido de 2003.
4. Pobreza un retroceso decenal.
4.1 Un decenio de progresos borrado en cinco años.
De 2006 a 2019, Bolivia fue la nación sudamericana con el descenso más veloz de la pobreza monetaria, favorecido por el auge de las materias primas las transferencias condicionadas (Bono Juancito Pinto, Renta Dignidad) y la ampliación del empleo público. Una regresión pronunciada se evidenció; la pobreza moderada decreció desde un 60% hasta el 35%, y la indigencia, asimismo, se desplomó del 38% al 12%. No obstante, esta mejora ha sufrido un rápido retroceso. El Instituto Nacional de Estadística (INE) reporta que la pobreza monetaria fluctuó entre 36,4% y 43,3% entre 2020 y 2024, para luego, en 2025, dispararse al 49,5% de la población, marcando el pico más alto desde 2009. Paralelamente, la pobreza extrema escaló del 11,4% en 2022 al 17,5% en 2025, desmoronando logros de una década.
El informe “La pobreza invisible en Bolivia: el espejismo de las cifras”, emitido por la Fundación Tierra en 2024, argumenta que si las líneas de pobreza se recalibraran con la inflación real y no la oficial, la pobreza moderada se situaría en 44% y la extrema en 17,5% en 2024. Las estimaciones iniciales para 2025 respaldan esta perspectiva. Esa divergencia entre lo que el INE presenta y lo que los hogares realmente experimentan, creo que explica considerable parte del descontento social reflejado en los resultados electorales.

Gráfico 5. Evolución de la pobreza monetaria moderada y extrema en Bolivia, 2020-2025. Fuente: INE, UDAPE. *2025: cifras preliminares con ajuste por inflación real.
4. 2 Pobreza multidimensional: un reflejo no visible.
El aspecto monetario de la pobreza constituye solo una faceta de este problema complejo. La medición multidimensional del INE que tiene en cuenta las carencias en educación, salud, vivienda y servicios básicos, sitúa a alrededor del 50% de los hogares bolivianos con múltiples privaciones en 2024, según el informe de febrero de 2025. Este porcentaje es más estable que el monetario, pero también más estructural. Indica déficits acumulados en infraestructura, calidad educativa y cobertura sanitaria, que las políticas públicas no han logrado corregir. La sociología de la pobreza en Bolivia subraya que simplemente transferir ingresos no basta: es necesario transformar las condiciones materiales de la reproducción social, especialmente en las zonas rurales.
5. Empleo: la paradoja de bajo desempleo y precariedad
La tasa de desempleo urbano en Bolivia es de las más bajas de América Latina: 3,1% en el segundo trimestre de 2025, según el INE. Cualquier economista serio frunciría el ceño ante esta cifra.

Gráfico 6. Tasa de desempleo urbano e informalidad laboral en Bolivia, 2020-2025. Fuente: INE Bolivia.
La explicación a la paradoja reside en la informalidad: con un 77 porciento de la gente laborando sin contrato, sin seguridad social y sin protección al despido, el desempleo abierto es bajísimo por falta de seguros de desempleo para estar desocupado formalmente. Bolivia esta a la cabeza de la región en baja desocupación urbana pero también encabeza el empleo precario, subempleo y ausencia de cobertura.
El mercado laboral demuestra una marcada heterogeneidad. Los jóvenes entre dieciocho y veinticuatro años registran una desocupación del seis porciento, superior al tres con nueve porciento nacional, y una informalidad encima del ochenta. Las mujeres enfrentan una brecha salarial del veintidós porciento contra hombres por labor similar, ensanchándose en el campo. El trabajo domestico remunerado, casi siempre por mujeres migrantes internas, todavía no tiene regulación eficaz a pesar de la Ley 245 de dos mil doce. La economía del cuidado, eminentemente femenina y no pagada, sostiene en silencio la economía formal.
El sector publico, que con el ciclo MAS creció hasta un dieciocho porciento del empleo total, ha bajado en 20242025 debido a la crisis fiscal. Empleo público se desmorona, particularmente en gigantes estatales cual YPFB COMIBOL y ENFE, golpeando duro las clases medias bajas del corazón del país La Paz Cochabamba y Santa Cruz. La gente busca salida en la emigración: las remesas de bolivianos fuera sobrepasaron los 1 700 millones de dólares en 2024 se estima, significando un 3,4% del PIB y tocando 12% de familias.
6 Salud y sanidad pública un sistema hecho pedazos.
El gasto boliviano en salud queda rezagado: apenas 4,6% de su PIB comparado con el 7,6% promedio en Latinoamérica y el 9,2% de países OCDE según la OMS 2024. No solo falta plata la calidad también es diferente El SUSFCI creado con Ley 1152 en 2019 se enreda con seguros privados cajas para trabajadores y medicina ancestral sin poder conectarse bien. Al final tenemos un montón de coberturas distintas donde entrar a servicios depende de dónde vivís de quién eres de si eres hombre o mujer o qué trabajo tienes. La COVID-19 expuso lo frágil del sistema: médicos especialistas son un lujo escasos hay 3,2 por cada 1 000 ciudadanos, por comparación de 5.1 los mas en la región), carencia de unidades de tratamiento intensivo (1.8 para cada 10.000 personas), desabastecimiento continuos de medicinas clave en los nosocomios públicos, y una estructura de clínicas rurales con efectivos escasos. El arribo de galenos cubanos mediante acuerdos bilaterales mitigó un poco la falta en áreas alejadas, aunque despertó discrepancias gremiales con el Colegio Médico de Bolivia que aún perduran en 2025.

Gráfico 7. Gasto corriente en salud como porcentaje del PIB. Comparativa Bolivia, América Latina y OCDE, 2020-2024. Fuente: OMS, OPS.
La atención a la madre y al infante sigue siendo el punto flaco de la estructura. La mortalidad de gestantes se ubica en 195 decesos por cada 100.000 criaturas nacidas vivas, número que excede al promedio regional y casi triplica la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La muerte neonatal ha tenido un ligero incremento desde 2022, posterior a un decenio de disminución constante, circunstancia ligada al empeoramiento nutricional y la falta de seguimientos prenatales durante la época de la pandemia. La desnutrición persistente infantil afecta a 16 de cada 100 niños menores de cinco años en todo el país, mas 27 en la zona rural, datos de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2023.
7. Diferencia campo-ciudad: dos facetas en un solo suelo.
Si solo observamos los datos de las ciudades, Bolivia aparenta ser una nación de ingreso medio-bajo con obstáculos controlables. Al examinar datos del campo, se revela una situación de pobreza arraigada, evoca a naciones de bajos recursos en África. Esta división—nombrada “doble Bolivia” por el sociólogo Fernando Mayorga— se filtra por todos los índices socioeconómicos, presentándose como el mayor obstáculo a la equidad territorial del país. La carencia monetaria en áreas rurales afecta a un 79,8% de gente, comparado con un 33,5% en la ciudad. Pobreza muy severa en el campo (32,5%) es como cuatro veces la de la urbe (8,2%).
La disponibilidad de cosas esenciales dibuja la separación claramente. Si 96% de casas urbanas disponen de agua potable por tubería, tan solo 50% del campo accede a ello. La electricidad urbana es casi total (99,5%), mas en el campo se limita a 78%, no obstante las mejoras del plan de luz solar rural. La escuela secundaria acabada en ciudades abarca 75% de jóvenes, a diferencia del 35% en áreas rurales, donde el abandono escolar por trabajo de niños a temporada y partir muy pronto aún es grande. La muerte de madres en el campo, con 320 fallecimientos por 100,000 vidas nacidas, casi triplica a la de la ciudad (110).
El enlace digital refleja esa diferencia. Apenas el veinticuatro por ciento de las viviendas rurales gozan de acceso a internet, mientras que en las ciudades la cifra se eleva al setenta y ocho por ciento, de acuerdo con datos del Censo Nacional de Población y Vivienda del dos mil veinticuatro. Esta marcada disparidad trae consigo una disparidad educativa que impactó a los infantes del campo sin educación remota durante la pandemia. También significa una disparidad económica que impide a los productores agrarios vincularse a las cadenas de valor digitales y una disparidad política que relega la expresión rural a vocerías convencionales. La emigración del campo a la ciudad, usualmente un respiro para las zonas rurales, se ha frenado ante la escasez de opciones en las urbes, lo que contribuye a perpetuar la inequidad de estructura.

Gráfico 8. Comparativa de indicadores socioeconómicos entre zonas rurales y urbanas de Bolivia. Fuente: INE, UDAPE, UNICEF.
Desde la sociología, se afirma rotundamente que la diferencia rural-urbana no es una herencia antigua sino un factor dinámico en la continuidad de la desigualdad. Aunque los esfuerzos gubernamentales durante el periodo del MAS consiguieron mermar un tanto las diferencias mediante subsidios dirigidos e inversiones en infraestructura, la estructura de producción agropecuaria y la distribución de la propiedad rural permanecieron sin cambios fundamentales. El mandatario Paz Pereira presentado un proyecto de «Bolivia Rural 2030» enfocando agroindustria, riego y conectividad. No obstante, su factibilidad dependerá de la fortaleza económica, actualmente debilitada por la volatilidad del dólar y los pactos con el FMI.
8. Perspectivas y retos.
El país que asumirá Rodrigo Paz Pereira en noviembre del 2025 dista mucho del que Evo Morales cogió en 2006 o el que Arce tomo en 2020. La prosperidad social ganada en el ciclo progresista, aunque real pero de forma desigual repartida, se ha deteriorado velozmente en los últimos cinco años. Esto es por una mescla de malas decisiones económicas (sostener la divisa fija sin suficientes reservas), división política interna (la ruptura entre Arce y Morales) y eventos externos (bajada del valor del gas, pandemia, conflicto en Ucrania). La miseria que en 2019 estaba cerca del 35% se aproxima ahora al 50%. El trabajo informal pasa del 77%. Las muertes violentas se han doblado. La fé en las instituciones, que Latinobarómetro mide, bajo del 42% al 21% en cinco años. El flamante ejecutivo se topa con tres retos titánicos en urgencia, de esta forma: a) estabilizar la macroeconomia, con una desvalorización controlada y un convenio fiscal con el FMI, de forma que no ahogue el gasto social; b) retomar las riendas de la seguridad ciudadana, vía la capacitación policial y la desarticulación de las organizaciones delictivas arraigadas en Santa Cruz y Cochabamba; y c) restablecer el acuerdo social entre el estado y una población ya desconfiada de sus entes. La ciencia política apunta que el triunfo resultara menos de la propuesta económica y mucho mas de la habilidad para urdir narrativas comunitarias convincentes: de la nación que deseamos forjar, de la justicia que aspiramos dispensar, de la equidad que planeamos asegurar entre el agro y la urbe. Bolivia se encuentra lejos de ser una nación en bancarrota, o un Estado sumido en la desintegración. posee una riqueza asombrosa —el gas, el codiciado litio, inmensos volúmenes de agua potable, una biodiversidad espectacular, y una fuerza laboral joven rebosante de potencial— que, sin embargo, se ve lastrada por una institucionalidad endeble y una dirigencia política fracturada. No cabe plantear si Bolivia lograra prosperar, sino más bien cuánto tiempo nos demandará esa reconversión y qué secuelas sociales acarreará. este estudio, urdido desde el punto de encuentro entre la investigación periodística, el análisis económico y la perspectiva sociológica, no ambiciona resolver todas las incógnitas, sino proporcionar al lector un mapa detallado de las dificultades y, primordialmente, de las pugnas que forjarán la década venidera. la naciente democracia en Bolivia, que apenas ha recuperado el ritmo de los relevos en el poder, reclama un escrutinio serio y un ímpetu ciudadano esperanzado.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
FRANCISCO JAVIER MARíN MAURI
Me lincencié en psicología por la Universidad de Sevilla. estudios de virología por la Universidad jhons Hopkins y estudios de virus respiratorios emergentes por la O.M.S. Doctorado en neuropsicología por la Universidad de Sevilla. Especialista en Violencia sobre la mujer y en mediación de conflictos sociales.
Llevo desde 1987 ejerciendo la psicología y cada vez pienso más que muchas personas se van de este mundo sin quitarla el sello de fábrica de sus cerebros. Anduve durante casi dos años por varios países africanos para poder realizar mi tesis doctoral sobre el VIH. Ahí aprendes que el poder de la ciencia consiste en tener la suficiente humildad para ejercitar el sentido común que es, por cierto, el menos común de los sentidos.


