
En el fondo del Pacífico, frente a las costas mexicanas, hay depósitos de níquel, cobalto, cobre y manganeso —los minerales que hacen funcionar las baterías eléctricas y la energía limpia— que nadie ha tocado todavía. Se llaman nódulos polimetálicos, y México los tiene. El problema es que en 2025 Trump firmó un decreto para que Estados Unidos pudiera explorar y explotar minerales marinos sin ceñirse a las reglas internacionales, lo que encendió una alerta en el Congreso mexicano. La diputada Magdalena Rosales Cruz respondió con una propuesta de reforma constitucional para declarar esos recursos patrimonio de la nación antes de que alguien más decida llegar primero.
Qué son los nódulos polimetálicos y por qué valen tanto
Los nódulos polimetálicos son formaciones rocosas que se acumulan en el fondo marino a lo largo de millones de años. No son espectaculares a simple vista —parecen piedras negras del tamaño de una papa— pero concentran cuatro materiales que hoy son el corazón de la transición energética: níquel, cobalto, cobre y manganeso. Sin ellos, no hay baterías para autos eléctricos, no hay almacenamiento de energía solar, no hay infraestructura verde.
México los tiene dentro de su Zona Económica Exclusiva en el Pacífico, una franja de mar donde el país tiene derechos exclusivos de exploración y explotación según el derecho internacional. Eso, sobre el papel, debería ser suficiente protección. Pero el decreto firmado por Trump en 2025 —que autoriza a empresas estadounidenses a explorar minerales marinos sin pasar por los organismos reguladores internacionales— dejó claro que las reglas del mar se pueden ignorar cuando hay suficiente interés económico. Y el interés en estos minerales es enorme: la demanda global de cobalto, por ejemplo, se proyecta que se multiplique varias veces antes de y en el resto del mundo.
La reforma que México propone para no llegar tarde
La diputada Magdalena Rosales Cruz presentó ante la Cámara una propuesta para que los nódulos polimetálicos queden explícitamente protegidos en la Constitución mexicana como patrimonio de la nación. La lógica es simple: si no están nombrados, no están blindados. Y si no están blindados, una empresa o gobierno extranjero con la tecnología y el capital suficiente podría moverse antes de que México tenga un marco legal claro para defenderlos.
La propuesta va más allá de la propiedad. También establece que cualquier exploración o extracción deberá hacerse con tecnología que no dañe el ecosistema marino —una condición nada menor, porque los nódulos polimetálicos comparten el fondo del Pacífico con comunidades biológicas que tardan siglos en recuperarse si se alteran. Extraer sin cuidado sería resolver un problema de energía limpia destruyendo otro ecosistema. La reforma busca que México no caiga en esa trampa.
Amamos que la iniciativa ponga en el mismo párrafo soberanía nacional y cuidado ambiental, porque históricamente en México esos dos argumentos han jalado en sentido contrario cuando hay recursos valiosos de por medio. Que estén juntos en este caso no es menor. La pregunta real es si la propuesta avanzará en el Congreso con la velocidad que el contexto internacional exige, o si quedará empantanada mientras otros países ya empiezan a mapear el fondo del Pacífico.
- Qué es la transición energética y cómo afecta a México
Medio: ecoosfera.com
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