“Es como un sol de primavera, calienta, pero no quema”, describe Dante Sica, socio fundador de la consultora ABECEB, el momento que atraviesa la economía argentina bajo la gestión de Javier Milei.
En diálogo con El Cronista, desde donde detrás de la pantalla de la computadora asoma un cuadro de Luis Alberto Spinetta, el ex Ministro de Producción y Trabajo durante el gobierno de Mauricio Macri se muestra optimista respecto del rumbo económico.
Considera que el Presupuesto 2027 convalida las expectativas del mercado, defiende al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y apuesta a más: “Cuando se termine la ventana del régimen actual, hay que pensar en un RIGI II en el que sopesen más los temas de estabilidad que los beneficios fiscales”.
Además, habla de la situación actual de la industria automotriz, de cómo debería posicionarse la Argentina frente a China y Estados Unidos y descarta, al menos por ahora, un regreso a la escena política.

– ¿Cuál es su lectura sobre el Presupuesto 2027?
– Es consistente con lo que el gobierno viene planteando, de mantener un superávit fiscal, que es el ancla del programa. Además, los supuestos están en línea con las proyecciones del mercado. Las estimaciones de inflación pueden diferir en algunos puntos, pero nadie dice que va a haber un 40% de inflación. Lo mismo con el crecimiento, nadie piensa que el año que viene va a haber un escenario de caída. Es bueno porque convalida tendencias y le da una certeza al sector privado.
– ¿En qué lugar se posiciona respecto al debate del crecimiento a dos velocidades de la economía?
-Yo lo llamaría más una economía en transición que un crecimiento a dos velocidades. Un cambio de régimen económico, desde una economía muy volcada al crecimiento solo por el mercado interno subsidiado por el gasto público; a una economía más integrada al mundo, donde los motores van a ser la inversión y la exportación. Lo que estamos viendo en estos 2 años y medio, son cuatro sectores que se están involucrando en la demanda global, otros híbridos como algunas ramas de la industria que empiezan a insertarse en estas cadenas de valor, con el desafío de mejorar la competitividad. Y un tercer grupo más desafiado, que estaba casi exclusivamente volcado al mercado interno, no logra insertarse en las nuevas cadenas, tiene más competencia y requiere la recuperación del salario y el crédito como motores de expansión.
–¿Es sostenible este modelo de crecimiento?
– Si yo saco la foto hoy parece que hay sectores rezagados y sectores que crecen mucho. Pero una foto no congela la estructura económica. Este es un proceso de una economía que se está reconvirtiendo y está cambiando la jerarquía productiva. No es que va a desaparecer la industria. Los sectores que crecen a dos dígitos pueden traccionar un ecosistema que genera crecimiento en otras ramas.
-Y en ese camino, ¿el gobierno debería intervenir para matizar estos efectos a corto plazo?
–Tener una economía estable es una política productiva necesaria. Tener una moneda fuerte que fomente el crédito es una política productiva. El RIGI también es una política industrial. De acá en adelante, la discusión tiene que venir por el lado de una coordinación entre el sector público nacional, el sector privado y las provincias, que tienen un rol más fuerte dado el despliegue territorial de la inversión, para mejorar la competitividad.
-¿En qué aspectos?
– Hay que empezar a planificar infraestructura, financiada por el Estado o el sector privado. Toda Vaca Muerta está colgada de Starlink, porque no hay fibra óptica. Le va a pasar lo mismo a San Juan. En Bahía Blanca va a haber un shock de inversión en los próximos años y tienen problemas de abastecimiento de agua, una solución que se las prometió Eduardo Duhalde en los 90. Vamos a tener que hacer foco en procesos de reskilling de mano de obra, por las discrepancias que ya existen entre las necesidades de los sectores productivos y las calificaciones que obtiene la gente en el sistema educativo. Y obviamente, vienen las dos grandes reformas pendientes para el sector público, la previsional y la tributaria a nivel nacional y provincial.
– ¿Cómo se puede lograr que las inversiones del RIGI impulsen al resto de la economía?
– Para mí el RIGI es un gran instrumento de política productiva. Hay un antecedente en Chile, la resolución DL600 de 1974 para atraer inversiones. Cuando lo sacaron cuarenta años más tarde, y entendiendo que ya había madurado el ecosistema minero, las inversiones del sector fueron todas de las empresas ya instaladas. En un país con estabilidad, no llegaron nuevas empresas, y un instrumento de este tipo sigue siendo un fuerte. ¿Cuál es el desafío que tenemos? Construir el ecosistema alrededor de estas industrias: desde el sector público nacional, provincial, las empresas capacitando y las cámaras. Yo soy contrario a los famosos compre locales, porque ponen restricciones.

– ¿Qué le corregiría al RIGI para una próxima gestión?
– Cuando pase esta primera camada de RIGI, con la ventana hasta julio del año que viene, va a haber que reemplazarlo con otro instrumento. Yo creo que hay que pensar en un RIGI II en el que sopesen más los temas de estabilidad que los beneficios fiscales, que es lo que hoy le preocupa más a las empresas. En un país violador de reglas de juego y defaulteador de deuda, las inversiones necesitan confianza. Porque nosotros tenemos Vaca Muerta y minerales, pero no tenemos la vaca atada. Cobre y energía hay en otras partes del mundo. El capital tiene dónde elegir, y esto nos da un aditamento adicional.
–China es un actor clave como socio comercial, y para el financiamiento, la energía, la minería ¿Qué vinculo hay que mantener, teniendo en cuenta nuestra alianza con Estados Unidos?
– En esta nueva arquitectura del comercio internacional Argentina tiene un alineamiento muy claro con Occidente, con Estados Unidos, y yo creo que es correcto. Pero dada nuestra estructura productiva, con un complejo alimentario, energético y hasta minero, tenemos que mirar la demografía. Nuestra proyección está en los mercados que crecen como India, que es el país con mayor cantidad de habitantes y un gran demandante de alimentos y energía. China, si bien está en etapa de envejecimiento, también tiene una gran demanda de alimentos. Entonces China siempre ha sido una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde para nosotros. Por un lado, es el que nos compra gran parte de nuestros alimentos, que ahí el gran desafío es escalar en diversidad. Y por otro lado la preocupación mundial que China pasó de ser el 2% a casi el 40% del PBI industrial, con un tema de sobrecapacidad que hoy está presionando en todos los mercados. Hay una preocupación mundial, y todos los países están ensayando respuestas a esto, con resultados magros. Hasta el propio Estados Unidos le puso aranceles que tuvo que bajar porque China le cerró la exportación de minerales raros. Entonces, si ni Estados Unidos pudo, ¿Qué nos queda al resto?
– ¿Y qué posición debería tomar el gobierno en este contexto?
– Hay líneas rojas que no hay que cruzar. Y el límite está en todo lo que tiene que ver con sistemas de seguridad, controles de rutas marítimas como la Hidrovía, armamento, defensa, tecnología para la defensa. O, si le compramos bienes de capital a China, también hacerlo a Estados Unidos. Puede sonar naif pero, como la geopolítica está marcando el rumbo de las negociaciones, hoy Argentina tiene algunas cosas para poner arriba de la mesa y negociar. Está claro que los instrumentos tradicionales como aranceles y antidumping no son eficientes para parar un fenómeno.

– ¿En qué podemos competirle a China?
– En la cercanía con el cliente. En el mundo de hoy la inseguridad del abastecimiento es fuerte. Entonces es clave conocer al cliente y adaptarte a sus necesidades, respetando los tiempos de respuesta ante los pedidos. En eso China tiene desventaja y hay márgenes para competir más allá de los temas de defensa comercial. Y también en segmentos donde ellos no son fuertes, como moda, por ejemplo.
-A propósito de China, ¿Cómo ve a la industria automotriz?
-La industria automotriz está sujeta a varios cambios a la vez. Primero, el internacional que está migrando de una industria de autos a una de movilidad. En este sentido, hasta hace 6 años pensábamos que íbamos irremediablemente al motor eléctrico, y hoy la industria habla de múltiples tecnologías, combustión convivirá con híbridos, enchufables, eléctricos e hidrógeno. Y va a depender mucho de las características territoriales de cada mercado. El otro gran cambio es el competidor nuevo, las automotrices asiáticas, que primero se asociaron, después copiaron y hoy están a la vanguardia del diseño desde el punto de vista tecnológico.
-¿Cómo puede adaptarse la industria automotriz local a estos cambios?
-La industria local está pasando de una economía de oferta a una economía con más competencia, con una matriz de abastecimiento que se está consolidando hacia un 70% importado y 30% local. Hoy somos el cuarto productor global de camionetas pickup de una tonelada, y da la sensación de que vamos transitando a consolidarnos en ese segmento. Las nuevas inversiones que están entrando vienen con mucho componente tecnológico y alianzas con empresas chinas. Y de nuevo, ante eso, ¿va a desaparecer la industria automotriz? Ni loco.

– ¿Está trabajando o pensando en formar parte de algún equipo para las elecciones del año que viene?
– No estoy trabajando en nada de eso. Tengo conversaciones, pero no estoy participando activamente en ninguna campaña.
– ¿Detecta alguna alerta que se puede encender en la economía por el escenario electoral?
– En los años electorales hay tensión en el mercado cambiario, y más con esta tradición de virajes bruscos. Aun así, creo que el gobierno está mejor preparado de lo que estaba en el 2025. En general, las crisis en Argentina se disparaban por un tema de fiscal o de sector externo, y ninguno de los dos escenarios está en el horizonte para los próximos años. El escenario más negativo, no va a surgir de un hecho, sino de una secuencia. Si el deterioro del ánimo de la gente se fuera agravando, o algún hecho político, porque siempre tenés imponderables.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
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