
Carlos Sadir viajará a París para ofrecer minería, litio e inversiones en la Argentina Week, mientras en San Salvador de Jujuy y Alto Comedero recientes cortes dejaron a decenas de barrios sin agua. El Gobierno atribuyó el episodio más grave a un presunto sabotaje y anunció una denuncia penal, pero la crisis expone otra discusión: de poco sirve exhibir al mundo una provincia minera, energética y exportadora si una parte de su población sigue padeciendo interrupciones en un servicio esencial.
La postal es difícil de ignorar. Mientras el gobernador Carlos Sadir prepara su viaje a París para participar de la Argentina Week y promocionar el potencial minero de Jujuy ante inversores internacionales, en la provincia acaba de registrarse una sucesión de cortes de agua que alcanzó a barrios de San Salvador, Alto Comedero y Los Alisos. El 26 de septiembre una rotura de un acueducto de 200 milímetros afectó a Suipacha, Campo Verde y Chijra; al día siguiente, otra avería en el acueducto principal de 450 milímetros dejó sin suministro a numerosos sectores de Alto Comedero y Los Alisos.
El Gobierno provincial sostuvo que este último episodio no fue una falla ordinaria sino un presunto acto deliberado de vandalismo. Agua Potable informó que, según el testimonio de un vecino, cinco hombres habrían atacado con piedras un tramo expuesto del acueducto, mientras el presidente de la empresa estatal, Juan Carlos García, habló además de maniobras deliberadas sobre válvulas y puntos técnicos del sistema. El vocero Alberto Siufi repitió públicamente esa hipótesis y anticipó una denuncia penal. Hasta que la investigación avance, se trata de una explicación oficial que todavía debe ser probada judicialmente.
Pero aun si el sabotaje se comprobara, la discusión no termina allí. El propio Gobierno reconoció que cerca de 90 mil vecinos resultaron afectados por el desabastecimiento en Alto Comedero y que fue necesario desplegar camiones cisterna mientras se reparaba el sistema. La pregunta política no es solamente quién rompió una cañería, sino por qué una infraestructura tan sensible puede dejar a una población de esa magnitud dependiendo durante horas de una contingencia. Esa vulnerabilidad requiere respuestas sobre mantenimiento, redundancia de redes, inversión y capacidad de reacción, no únicamente una explicación penal.
La comparación con París resulta inevitable. Sadir viajará con Milei para ofrecer el litio jujeño, y JEMSE posee participaciones del 8,5% en Sales de Jujuy y EXAR, dos proyectos centrales de la industria del litio. El Estado provincial presenta esa presencia accionaria como una herramienta para participar de la riqueza minera. JEMSE Sin embargo, la vara ciudadana es mucho más sencilla: si Jujuy dispone de recursos estratégicos, sociedades estatales y acceso a capital internacional, ¿por qué servicios elementales como el agua continúan mostrando fragilidades tan severas?
El problema se amplifica porque atraer inversiones tampoco garantiza automáticamente desarrollo local. Federico Sturzenegger cuestionó recientemente los esquemas provinciales de “compre local”, y el vicegobernador Alberto Bernis respondió advirtiendo que debilitar esas políticas podría comprometer alrededor de 10.000 puestos de trabajo vinculados al entramado minero y de proveedores. La contradicción es evidente: la provincia viaja a buscar capital para explotar recursos, mientras desde Nación se discuten justamente los mecanismos destinados a conseguir que una parte mayor de esa actividad permanezca en Jujuy.
En este contexto también aparecen cuestionamientos sobre Agua Potable de Jujuy y su relación con contratistas y proveedores privados. Existen críticas políticas y sociales sobre la tercerización y la calidad del servicio. La falta de agua merece una investigación administrativa tan rigurosa como la investigación penal sobre el presunto sabotaje.
El viaje de Sadir a París puede ser útil si consigue inversiones que luego se transforman en infraestructura, trabajo y capacidad fiscal. Lo que no puede ocurrir es que la política confunda una ronda de negocios con desarrollo. Una provincia no se vuelve moderna porque exporta litio ni porque su gobernador se reúne con fondos internacionales. Se vuelve moderna cuando transforma esos activos en agua, energía, educación, caminos, empresas y servicios confiables.
Por eso el contraste de estas horas es brutalmente sencillo: Sadir se va a París a vender el potencial de Jujuy mientras miles de jujeños acaban de atravesar días sin agua. El desafío no es elegir entre minería o servicios básicos. Es demostrar que la riqueza que se promociona afuera tiene alguna relación visible con la calidad de vida adentro.
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