
Entre las ruinas de la antigua ciudad sepultada por el Vesubio en el año 79 y la ciudad mariana que nació siglos después, se encuentra una historia de conversión, caridad y confianza en la Providencia: la historia de San Bartolo Longo, apóstol del Santo Rosario.
Bartolo nació en Latiano, Italia, en 1841. Estudió derecho y durante su juventud se alejó de la fe y practicó el espiritismo y el satanismo. Esto lo llevó a una profunda depresión. En ese periodo de su vida, su amigo Vincent Pede, le habló del amor de Cristo y de la fe. Le organizó un encuentro con el sacerdote y promotor del Rosario, Alberto Radente de la orden de los Dominicos, que ayudó a Bartolo en su proceso de sanación y conversión.
El año 1865 marcó el comienzo de una historia de regreso a Cristo: se hizo terciario dominico, comenzó a dedicar su vida al servicio de los demás y a la difusión del Santo Rosario.
Una misión nacida en un valle abandonado
En 1872, Longo llegó al Valle de Pompeya para administrar unas propiedades. Allí encontró una población sumida en la pobreza material y espiritual. Comprendió que no bastaba con ayudar solamente en las necesidades exteriores: había que llevar a aquellas personas nuevamente hacia Dios.
En ese contexto nació su misión mariana. Sintió la llamada a propagar el Rosario y a construir un templo dedicado a la Virgen. En 1875 llevó a Pompeya una humilde imagen de Nuestra Señora del Rosario y al año siguiente se colocó la primera piedra del santuario. Aquello que comenzó con una pequeña imagen y la oración de un hombre terminó convirtiéndose en uno de los grandes centros marianos de la Iglesia: el santuario Pontificio y la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya.
El proyecto fue más allá de la construcción de un templo, Bartolo formó una comunidad renovada por el Evangelio. Impulsó escuelas, orfanatos y obras destinadas especialmente a los hijos de los presos y a los niños pobres. San Juan Pablo II resumió admirablemente esta misión al describirlo como un hombre que, por amor a María, se hizo apóstol del Evangelio, propagador del Rosario y servidor de los pobres.
Los Papas han visitado en distintas ocasiones el santuario de Nuestra Señora de Pompeya: en 1979, San Juan Pablo II, en 2008, Benedicto XVI y en 2026, León XIV.
Beatificación y Canonización
Bartolo Longo fue beatificado por San Juan Pablo II el 26 de octubre de 1980 y el 19 de octubre de 2025, el Papa León XIV lo canonizó, reconociendo solemnemente su santidad y su extraordinario testimonio de fe y caridad.
Su historia nos deja un mensaje sencillo y profundamente actual: Dios puede transformar una vida herida en instrumento de su gracia. Longo conoció la distancia de la fe, pero regresó a Cristo. Encontró un lugar pobre y abandonado, pero realizó allí una misión. Tomó el Rosario y descubrió en él un camino de evangelización. Se dedicó a la oración, y alrededor de ella, levantó obras de caridad.
El Rosario sigue invitándonos a volver a lo esencial: contemplar a Cristo, de la mano de María, para alcanzar la conversión de nuestro corazón.
Santa María, Reina del Santo Rosario de Pompeya, ruega por nosotros.
San Bartolo Longo, apóstol del Rosario y testigo de la caridad, ruega por nosotros.
https://es.churchpop.com/virgen-de-pompeya-convirtio-a-un-satanista-a-una-ciudad-y-revelo-la-novena-del-rosario-de-54-dias/
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