

En una charla a fondo con la periodista cultural Andrea Bertino descubrimos más sobre el Taller de Cine + Escritura + Tragos, un ciclo de seis encuentros en el patio del Espacio Cultural Tótem donde los tragos icónicos del séptimo arte se convierten en el disparador de historias únicas.
En una antigua casona ubicada en la intersección de las calles Brandzen y Acevedo Díaz, el ambiente invita al pausado ejercicio de la creación. Se trata del Espacio Cultural Tótem (Brandzen 2186), una propuesta que en esta temporada abre las puertas de su patio trasero -un rincón al aire libre equipado con luces cálidas y parrillero- para albergar la cuarta y más ambiciosa propuesta de taller del año conceida por la periodista cultural, columnista de La Diaria y conductora de Otro Spoiler en OLA Stream, Andrea Bertino.
El arte de encontrarse alrededor de una historia
Bajo el título Taller de Cine + Escritura + Tragos, la propuesta mezcla elementos para lograr una idea que al ser escuchada es, por lo menos, tentadora: utilizar el cine y la degustación de coctelería icónica como el motor principal para liberar el potencial creador que habita en cada persona. A lo largo de seis encuentros semanales, a partir del miércoles 28 de octubre de 2026, un grupo reducido de no más de diez o doce participantes se reunirá durante dos horas para desconectarse de los dispositivos digitales, conversar sobre grandes obras cinematográficas, degustar la bebida emblemática de cada film y volcarse a la hoja en blanco.
Les compartimos parte de la interesante charla con su creadora para conocer todos los detalles de esta propuesta cultural.
Entre fotogramas, copas y páginas en blanco
– Andrea, para comenzar a entender esta propuesta, llama la atención cómo lográs ensamblar tres disciplinas o placeres que parecen ir por carriles distintos: el cine, la literatura y la coctelería. ¿Cómo nace la idea de fusionar estos elementos en un taller?
– Ante todo, gracias por el espacio y les cuento, nace de un proceso de búsqueda y de observar qué sucede cuando combinamos estímulos. El cine siempre ha sido mi eje central, la excusa perfecta para detonar la escritura. A comienzos de este año ya habíamos probado una experiencia previa combinando cine, escritura y vino, donde en cada clase degustábamos una cepa diferente vinculada a las películas o series analizadas. Para esta última entrega del año, aprovechando que el clima acompaña y que en el Espacio Cultural Tótem tenemos un patio hermoso al aire libre con parrillero y guirnaldas de luces, quisimos dar un paso más allá. La idea es que cada uno de los seis encuentros sea un verdadero viaje sensorial donde el cine sigue siendo el disparador temático, pero acompañado por un trago icónico que marcó a esa película o serie. El objetivo es que el cine, el trago y el acto de compartir funcionen como el ambiente ideal para soltar la pluma.
– El recorrido coctelero y cinéfilo que preparaste para estos seis encuentros es sumamente específico y abarca grandes hitos de la cultura audiovisual. ¿Cómo está estructurado el itinerario trago a trago?
– Seleccionamos seis bebidas emblemáticas que están íntimamente ligadas a la identidad de películas y series de culto:
En el primer encuentro iniciamos con el clásico Vodka Martini, el sello distintivo del agente James Bond. Donde la icónica frase “”agitado, no revuelto”” funciona como disparador
Luego continuamos con el Cosmopolitan, el trago inseparable del universo de Sex and the City. En este caso se juega con los vínculos urbanos, relaciones contemporáneas y la búsqueda de la voz propia.
En una tercera instancia nos vamos a trasladar a un clásico absoluto con el French 75, el trago característico del bar de Casablanca. ¿Qué mejor que un clásico del cine y otro de la coctelería para generar atmósferas únicas, decisiones cruciales e historias de encuentros y desencuentros.
En el cuarto nos vamos a encontrar con el Ruso Blanco ( White Russian ), la bebida fetiche del personaje de El gran Lebowski. Y como el personaje buscaremos singularidades en la cotidianeidad y la libertad narrativa que eso permite.
El Vodka Tonic, que nos evoca la atmósfera nostálgica de Perdidos en Tokio nos habilitará transitar la melancolía, los espacios de tránsito y las conexiones fortuitas.
Cerramos el ciclo con el Vermut Rosso, trago icónico del ambiente de El día de la marmota. Donde el tiempo, la rutina, los bucles de la vida coquetean con la repetición narrativa.
– ¿De qué manera ese trago elegido a partir de esa película se traducen en la dinámica de trabajo durante las dos horas que dura cada encuentro?
– Cada encuentro de dos horas está dividida exactamente en dos bloques. La primera hora está dedicada a plantear el tema de la jornada, comentar la película o serie propuesta, abrir un breve debate entre los asistentes y hacer la degustación del trago correspondiente. En la segunda hora entramos de lleno en el laboratorio de escritura. A partir del tópico disparador del día -como puede ser la célebre frase de James Bond “agitado, no revuelto” en el primer encuentro- se propone una consigna de trabajo. A partir de allí, la escritura es totalmente libre.
– Cuando decís que la escritura es “absolutamente libre”, ¿a qué te referís en términos prácticos? ¿Qué formato o género puede elegir quien participa?
– A que no hay restricciones de ningún tipo. Quien asiste puede escribir una ficción, un relato autobiográfico, una memoria de la infancia, un poema, una historieta, un diálogo, una narración o incluso palabras sueltas a modo de lluvia de ideas, un brainstorming, que luego puedan decantar en un futuro texto o storytelling. Tampoco hay límites de extensión: han venido personas que escriben tres carillas en una hora y otros que anotan conceptos breves o bocetos. Además, respetamos la preferencia de cada persona sobre el soporte: hay quienes llevan su computadora portátil, quienes escriben en las notas del celular, los que prefieren el cuaderno tradicional o quienes incluso trabajan sobre hojas de garbanzo haciendo croquis. Y lo más importante: la lectura en voz alta es 100% opcional. Nadie está obligado a compartir lo que escribió si le da reparo o vergüenza.
– Existe un prejuicio arraigado de que para escribir en un taller hay que ser un autor consagrado o dominar técnicas complejas. ¿Cuál es la postura del taller frente a ese temor?
– Ese es justamente uno de los grandes mitos que buscamos desmontar. La gente suele inhibirse pensando en quién va a leer sus textos o si lo que tiene para decir le va a interesar a alguien. Mi postura es que el proceso de escritura es mucho menos complejo de lo que se piensa. Más allá de la técnica ortográfica o la sintaxis, lo que realmente nos atrapa y conmueve a todos son las buenas historias de gente común con las que nos podemos identificar. Todos somos escritores porque estamos escribiendo constantemente en nuestra vida diaria: desde un mensaje de WhatsApp hasta una lista del supermercado, cartas o notas.
La propuesta de este espacio es desbloquear esa dimensión creativa que todos llevamos dentro, entendiendo que no es necesario ser crítico de cine ni escritor profesional para que el arte te atraviese.
– Este taller representa el cierre del año, pero mencionabas que es el resultado de un camino previo. ¿Cómo evolucionó la propuesta de talleres a lo largo de este 2026?
– Este es el cuarto taller que dicto en el año y funciona como un verdadero mix de todo lo que fuimos experimentando. Comenzamos a principios de año, entre marzo y mayo, en el espacio Minerva con un taller volcado estrictamente al análisis cinematográfico técnico: montaje, guion, fotografía y maquillaje. Luego dimos el segundo taller aquí en Tótem, enfocado en cine, escritura y vino, donde la conversación y el debate tenían un rol central. En septiembre y octubre dicté un taller de escritura cinematográfica en la librería Las Karamazov; un grupo hiperíntimo de ocho personas, en un espacio sin pantallas ni soporte audiovisual, donde trabajamos la narrativa a partir de temas como la violencia narrada en Relatos salvajes, las tramas familiares derivadas de El Padrino, las locaciones y bares en el cine latinoamericano, las series que transformaron nuestra vida o el poder transformador del arte. Este cuarto taller sintetiza lo mejor de cada etapa: mantiene el rigor del debate cinéfilo, le suma la experiencia sensorial de la coctelería al aire libre y responde al pedido del público al otorgarle un bloque entero de una hora exclusiva a la escritura guiada.
– ¿Con qué tipo de grupo se encuentra alguien que decide inscribirse? ¿Hay un perfil determinado de participante?
– Para nada, y eso es lo más enriquecedor. Los grupos son sumamente heterogéneos: hemos tenido desde estudiantes universitarios y jóvenes de 18 o 20 años hasta personas jubiladas, pasando por médicos, dentistas, actores, traductores y plomeros. Se genera una atmósfera de encuentro cara a cara muy necesaria hoy en día, donde durante dos horas dejamos el celular de lado para compartir una bebida rica, charlar de cine y escribir en un ambiente cálido y distendido.
Para quienes deseen sumarse a esta propuesta de formación y disfrute cultural, les dejamos algunos datos clave:
Taller de Cine + Escritura + Tragos (El cine como eje temático).
Dictado por: Andrea Bertino (Periodista cultural, columnista en La Diaria y conductora de Otro Spoiler en OLA Stream).
Lugar: Espacio Cultural Tótem (Brandzen 2186, esquina Acevedo Díaz, Montevideo).
Fecha de inicio: Miércoles 28 de octubre de 2026.
Horario: De 19:00 a 21:00 hs.
Duración: 6 encuentros semanales (frecuencia de un día por semana, los miércoles).
Cupos y modalidad: Estrictamente limitados (grupos reducidos de no más de 10 a 11 personas) para preservar la intimidad del espacio.
Inscripciones y reservas: Abiertas vía WhatsApp al 098 071 255 y al e-mail anber81@gmail.com
https://cooltivarte.com/portal/cine-escritura-y-tragos-una-experiencia-sensorial-que-transforma-la-escritura-en-montevideo/
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