
El Council on Foreign Relations de Washington —uno de los centros de pensamiento geopolítico más influyentes del mundo y la organización que más directamente influye en la política exterior de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos— publicó este año un análisis sobre el Mercosur que está siendo redescubierto en los círculos académicos y diplomáticos con una urgencia que no tenía cuando fue publicado. Su lectura a la luz de los desarrollos de las últimas semanas permite entender mejor el contexto geopolítico global en que el bloque opera. Tres décadas después de su fundación, el mayor bloque comercial de América Latina continúa buscando nuevos acuerdos. La reciente conclusión de un pacto con la Unión Europea llega en un momento en que ambas regiones buscan diversificar sus vínculos económicos en medio de crecientes tensiones comerciales globales. Esta localización del acuerdo Mercosur–UE dentro de la búsqueda de diversificación de vínculos ante el proteccionismo global es precisamente el marco interpretativo correcto para entender la urgencia política que llevó a ambos bloques a completar en 2026 lo que durante veinticinco años de negociaciones no habían podido cerrar. Canal26
En enero de 2026, los legisladores de la Unión Europea votaron para aprobar un acuerdo comercial histórico con el Mercosur, poniendo fin a más de dos décadas de negociaciones. Sin embargo, la ratificación del acuerdo está significativamente retrasada después de que el Parlamento Europeo pidiera al tribunal superior del bloque que se pronuncie sobre la legalidad del acuerdo. El CFR introduce aquí un matiz que muchos análisis latinoamericanos omiten: la aprobación del Consejo de la UE y la referencia del Parlamento al TJUE no son contradictorias sino simultáneas. El Consejo aprobó el acuerdo en enero; el Parlamento lo remitió al TJUE también en enero; y la Comisión lo aplicó provisionalmente en mayo. Estas tres decisiones coexisten en el marco institucional europeo creando una situación jurídica sin precedentes que el CFR califica correctamente como «ratificación significativamente retrasada». En 2024, el grupo tenía un PIB combinado de aproximadamente 3 billones de dólares, según datos del Banco Mundial, haciendo del Mercosur uno de los mayores bloques económicos del mundo. Canal26Canal26
Lo más significativo del análisis del CFR no es su descripción del acuerdo sino su diagnóstico de las debilidades estructurales del bloque que el acuerdo no puede resolver por sí solo. Según el CFR, el Mercosur ha tenido a lo largo de su historia un problema recurrente de implementación: los acuerdos se firman con gran pompa pero su aplicación efectiva se demora o se diluye por la falta de mecanismos de cumplimiento robustos, la volatilidad política interna de sus miembros y la ausencia de una cultura institucional que priorice los compromisos colectivos sobre los intereses nacionales coyunturales. Venezuela fue el ejemplo más dramático de esa debilidad: admitida en 2012 con un proceso de adhesión irregular que desafió los propios estándares democráticos del bloque, suspendida en 2017 por violación de la cláusula democrática que debería haber impedido su admisión desde el principio.
Las tensiones internas que el CFR identifica como persistentes incluyen la brecha entre las economías grandes —Brasil y Argentina— y las pequeñas —Paraguay y Uruguay—, la diferencia entre los modelos económicos del kirchnerismo y el bolsonarismo vs. el nuevo liderazgo de Lula y Milei, y las disputas recurrentes sobre el Arancel Externo Común. En una cobertura de mayo de 2026, el portal Info Argentum reportó tensiones entre posiciones favorables a una mayor apertura comercial —asociadas a Argentina y Uruguay— y una postura brasileña más cautelosa ante una reducción general del Arancel Externo Común, un debate que refleja las diferentes visiones sobre el modelo de inserción internacional del bloque que coexisten en los gobiernos actuales. Esta tensión sobre el AEC —que define cuánto cobran colectivamente los países del Mercosur a las importaciones de terceros— es quizás la más técnica pero también la más reveladora de las diferencias conceptuales dentro del bloque: Argentina y Uruguay ven en la reducción del AEC una herramienta para bajar costos para su industria y sus consumidores; Brasil ve en su mantenimiento una protección para su industria manufacturera doméstica. Mientras esa diferencia no se resuelva con una visión estratégica compartida sobre el tipo de inserción global que el bloque quiere tener, cada negociación comercial externa será también una negociación interna que consume energía política y retrasa resultados. Prensa Mercosur
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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