Las recientes crisis diplomáticas entre Brasil, Argentina y Paraguay han vuelto a plantear una pregunta que hasta hace pocos años parecía impensable: ¿podría el MERCOSUR entrar en un proceso de desintegración? Aunque los especialistas consideran poco probable un colapso institucional inmediato, las crecientes tensiones políticas han reabierto el debate sobre la importancia real del bloque para la economía sudamericana. Más allá de las diferencias ideológicas entre sus presidentes, el MERCOSUR sostiene una compleja red de comercio, infraestructura, financiamiento e integración que sería extremadamente difícil de reemplazar en el corto plazo.
Antes de la creación del MERCOSUR, mediante el Tratado de Asunción de 1991, el comercio regional era mucho más limitado. Cada país aplicaba diferentes aranceles, controles fronterizos, requisitos aduaneros y restricciones comerciales. El transporte terrestre sufría largas demoras en las fronteras, las empresas enfrentaban mayores costos administrativos y los conflictos comerciales eran frecuentes. Para economías relativamente pequeñas como Paraguay y Uruguay, acceder a mercados vecinos resultaba más costoso y complejo que en la actualidad.
Uno de los mayores avances del proceso de integración fue la creación de mecanismos destinados a reducir las enormes diferencias económicas entre los países miembros. En 2004 nació el Fondo para la Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM), considerado uno de los instrumentos de solidaridad regional más importantes de América Latina. El fondo es financiado principalmente por Brasil, seguido por Argentina, mientras que Paraguay y Uruguay reciben proporcionalmente la mayor parte de los recursos para financiar proyectos de infraestructura, desarrollo social, integración fronteriza, carreteras, hospitales, redes eléctricas, saneamiento, innovación tecnológica y fortalecimiento institucional.
Gracias al FOCEM, Paraguay ha ejecutado decenas de proyectos estratégicos durante las últimas dos décadas. Entre ellos se encuentran la pavimentación de corredores logísticos, la modernización de pasos fronterizos, programas de electrificación rural, mejoras en infraestructura sanitaria, fortalecimiento de pequeñas empresas y obras destinadas a facilitar el comercio internacional. Diversos estudios del propio MERCOSUR señalan que Paraguay ha sido el principal beneficiario del fondo en términos relativos, precisamente porque su economía posee una escala mucho menor que la brasileña o la argentina.
Si el MERCOSUR desapareciera, el FOCEM dejaría de existir salvo que los países decidieran mantenerlo mediante un nuevo acuerdo internacional. Esto significaría la interrupción de numerosos proyectos de infraestructura regional y obligaría a Paraguay y Uruguay a buscar financiamiento alternativo en organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el Banco Mundial o incluso inversionistas privados, probablemente bajo condiciones financieras menos favorables.
Las consecuencias serían especialmente sensibles para Paraguay, cuya economía depende en gran medida de las exportaciones agrícolas. Al carecer de litoral marítimo, el país necesita utilizar la Hidrovía Paraguay-Paraná para transportar aproximadamente el 80 % de su comercio exterior hacia los puertos argentinos y uruguayos. Aunque el derecho de libre navegación está protegido por acuerdos internacionales independientes del MERCOSUR, la desaparición del bloque podría implicar mayores controles aduaneros, incremento de costos logísticos y una menor coordinación entre los organismos fronterizos.
La vulnerabilidad de este modelo logístico quedó demostrada durante las históricas bajantes de los ríos Paraguay y Paraná registradas entre 2020 y 2022. La reducción del nivel de las aguas obligó a disminuir la carga de las barcazas, provocó retrasos en las exportaciones y ocasionó pérdidas millonarias para productores agrícolas de Paraguay, Bolivia, Brasil y Argentina. En aquel momento quedó en evidencia que Paraguay posee pocas alternativas logísticas competitivas para acceder al océano Atlántico.
Ante un escenario de ruptura del MERCOSUR, Paraguay tendría que acelerar inversiones en el Corredor Bioceánico, fortaleciendo su conexión con los puertos del norte de Chile, ampliar la utilización de terminales portuarias brasileñas, desarrollar nuevas conexiones ferroviarias y profundizar acuerdos bilaterales de libre tránsito. Sin embargo, todas estas alternativas requerirían inversiones multimillonarias y varios años de ejecución antes de alcanzar la eficiencia logística que hoy ofrece la Hidrovía.
Brasil tampoco saldría indemne. Aunque dispone de una economía mucho más diversificada y mayor acceso directo al océano, perdería uno de sus principales mercados para productos industriales, especialmente automóviles, maquinaria, productos químicos y bienes manufacturados. Argentina vería afectadas sus exportaciones industriales y energéticas, mientras que Uruguay perdería parte de su papel como plataforma logística y financiera regional. En conjunto, el bloque también perdería poder de negociación frente a actores globales como la Unión Europea, China, Estados Unidos y las economías asiáticas.
Por ello, numerosos analistas consideran que, pese a las diferencias políticas entre los actuales gobiernos, ningún país tiene incentivos económicos reales para promover la desaparición del MERCOSUR. Las crisis diplomáticas pueden retrasar negociaciones o dificultar acuerdos puntuales, pero el costo económico, logístico y geopolítico de una ruptura sería considerablemente mayor que el de mantener el diálogo institucional. La historia del bloque demuestra que ha sobrevivido a cambios de gobierno, recesiones económicas y profundas diferencias ideológicas precisamente porque la integración regional continúa siendo un activo estratégico para el desarrollo de América del Sur.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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