La expansión de la inteligencia artificial está modificando el mercado laboral y empieza a mostrar un patrón de género que preocupa a organismos internacionales: las ocupaciones con alta presencia femenina se encuentran, en promedio, más expuestas a la automatización que aquellas donde predominan los hombres. El fenómeno se concentra especialmente en tareas administrativas, de oficina y de apoyo profesional, mientras las mujeres continúan teniendo una participación menor en los empleos vinculados directamente con el desarrollo de la IA.
El diagnóstico fue expuesto por responsables del Foro Económico Mundial y LinkedIn durante la presentación del informe anual sobre las desigualdades entre hombres y mujeres. Saadia Zahidi, integrante del comité ejecutivo del Foro Económico Mundial, señaló que existe un patrón identificable: muchas de las funciones que actualmente están siendo transformadas por la IA son precisamente aquellas en las que históricamente se concentró una elevada proporción de trabajadoras.
Entre las actividades más expuestas aparecen determinados trabajos administrativos, secretariales, de asistencia, procesamiento de información y otras funciones de oficina que contienen numerosas tareas repetitivas o estandarizadas. Estas características permiten que herramientas de inteligencia artificial generativa puedan redactar documentos, organizar información, responder consultas, procesar datos o automatizar determinadas etapas de un flujo de trabajo. La exposición, sin embargo, no significa automáticamente que una profesión vaya a desaparecer.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) llegó a una conclusión similar en un análisis publicado en marzo de 2026. Según sus datos, las ocupaciones dominadas por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de estar expuestas a la IA generativa que las ocupaciones dominadas por hombres: 29% frente a 16%. La organización atribuye buena parte de esta diferencia a la elevada concentración femenina en trabajos administrativos y de apoyo empresarial, donde existe una mayor proporción de tareas susceptibles de automatización.
Pero existe una segunda cara del problema. Mientras las mujeres están más presentes en algunas de las ocupaciones que pueden ser transformadas por la IA, siguen estando subrepresentadas en los puestos que desarrollan y controlan esta tecnología. Según el Foro Económico Mundial, las mujeres representan aproximadamente el 19,3% de los ingenieros especializados en inteligencia artificial. LinkedIn también señaló que apenas uno de cada cinco puestos de ingeniería de IA está ocupado por una mujer.
La desigualdad también aparece dentro de las propias empresas tecnológicas. El informe del Foro Económico Mundial indica que las mujeres representan el 36,6% de los colaboradores individuales en empresas de IA, frente al 44,8% en compañías comparables que no pertenecen a ese sector. En los puestos de alta dirección, la diferencia también se mantiene: 25,3% en empresas de IA frente a 27,7% en empresas no dedicadas a esta actividad.
La automatización no significa necesariamente desempleo
Uno de los puntos que los especialistas consideran fundamental es diferenciar exposición a la IA de eliminación del empleo. Que una ocupación tenga muchas tareas que pueden ser realizadas o asistidas por inteligencia artificial no significa que todos esos puestos vayan a desaparecer.
Un análisis reciente de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS), por ejemplo, clasificó 831 ocupaciones según su nivel relativo de exposición a la IA. Algunas profesiones intelectuales aparecen entre las de exposición muy alta, pero eso no implica necesariamente una reducción del número de trabajadores. El propio organismo advierte que su clasificación no constituye una predicción de pérdida de empleo, salarios o productividad.
La evidencia internacional apunta más bien a una transformación de las tareas. La OIT señala que, para la mayoría de las ocupaciones, el impacto más probable de la IA generativa será la modificación de las funciones, las competencias requeridas y las condiciones de trabajo, antes que una sustitución completa de los trabajadores.
Esto significa que una secretaria, administrativa, contadora, periodista, profesional de atención al cliente o trabajadora de soporte puede encontrarse utilizando sistemas de IA para realizar parte de su trabajo sin que necesariamente desaparezca su profesión. La diferencia estará en qué tareas conserva la persona, cuáles delega a la tecnología y qué nuevas competencias necesita desarrollar.
La capacitación aparece como una pieza central
El desafío, por tanto, no consiste solamente en proteger los puestos existentes, sino en garantizar que quienes trabajan en ocupaciones expuestas tengan acceso a capacitación y reconversión profesional.
El Foro Económico Mundial y LinkedIn han advertido que la incorporación de mujeres a la economía de la IA debe comenzar desde la educación y continuar durante toda la trayectoria profesional. La falta de representación femenina en áreas como ingeniería, ciencia, tecnología y matemáticas puede hacer que las mujeres no participen en la misma medida de los nuevos puestos que surjan alrededor de esta transformación.
La tendencia no significa que las mujeres estén destinadas a perder empleos frente a los hombres. El problema identificado por los estudios es diferente: si las mujeres permanecen concentradas en funciones altamente automatizables y al mismo tiempo tienen una participación reducida en las áreas que desarrollan y aprovechan la IA, podrían quedar peor posicionadas para beneficiarse de la nueva economía tecnológica.
Al mismo tiempo, investigaciones recientes muestran que la IA también puede generar oportunidades. El informe de PwC sobre empleo e inteligencia artificial, elaborado a partir de más de mil millones de anuncios laborales en seis continentes, encontró un crecimiento de los puestos en los que la IA automatiza tareas rutinarias pero aumenta la importancia del criterio humano, la creatividad y el liderazgo.
Por eso, el futuro laboral no parece dividirse simplemente entre trabajos que serán reemplazados y trabajos que permanecerán intactos. La transformación puede producirse dentro de cada profesión, modificando las tareas que realizan las personas y elevando el valor de aquellas capacidades que las máquinas todavía no pueden reproducir de la misma manera.
Un desafío que también alcanza al Mercosur
Para los países del Mercosur, el debate tiene especial importancia. La transformación tecnológica no se limita a las grandes empresas internacionales: también puede alcanzar bancos, comercios, medios de comunicación, administraciones públicas, universidades, centros de atención, empresas de servicios y pequeñas y medianas empresas.
El desafío será preparar a los trabajadores para utilizar la IA como herramienta de productividad sin quedar excluidos por ella. En particular, la capacitación de mujeres en programación, análisis de datos, automatización, gestión de herramientas de IA y competencias digitales avanzadas puede determinar su participación en los nuevos empleos que surjan.
La OIT plantea precisamente que reducir la segregación ocupacional y aumentar la presencia femenina en las áreas relacionadas con la inteligencia artificial serán elementos importantes para evitar que la transformación tecnológica reproduzca desigualdades existentes.
La inteligencia artificial está cambiando el trabajo, pero todavía no existe una conclusión que permita afirmar que las mujeres perderán masivamente sus empleos. Lo que muestran los datos disponibles es algo más concreto: las mujeres están más concentradas en ocupaciones con mayor exposición a la IA y, simultáneamente, tienen una representación menor en las áreas técnicas que están construyendo esta tecnología. La forma en que gobiernos, empresas y sistemas educativos respondan a esa doble brecha será determinante para definir quiénes participan de las nuevas oportunidades laborales y quiénes quedan rezagados.
Foto: Imagen ilustrativa / Infobae
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