
Alrededor del año 2000, Ken Nedimyer y su hija empezaron a cultivar fragmentos de coral cuerno de ciervo en los Cayos de Florida para un proyecto juvenil de 4-H. Aquella prueba familiar acabó sembrando una idea mucho mayor, criar corales en viveros y devolverlos después a los arrecifes dañados.
La historia tiene un final menos cómodo de lo que parece. La ola de calor marina de 2023 llevó al coral cuerno de ciervo y al coral cuerno de alce a la extinción funcional en el arrecife de Florida, pero la red de viveros y bancos genéticos evitó que ambos desaparecieran por completo de la región. No evitó el colapso en el mar, pero sí conservó una segunda oportunidad.
Una idea nacida en familia
Nedimyer llevaba décadas buceando y trabajando con peces tropicales cuando vio cómo se vaciaban los arrecifes que conocía desde niño. El proyecto con su hija permitió mantener y multiplicar pequeños fragmentos de Acropora cervicornis, una especie ramificada que antes formaba auténticos matorrales submarinos.
El problema ya era enorme. Las poblaciones de coral cuerno de ciervo y cuerno de alce habían caído más de un 90 % por enfermedades, blanqueamiento y otras presiones, y Estados Unidos incluyó ambas especies como amenazadas en 2006. Esperar una recuperación natural ya no parecía suficiente.
El árbol llegó después
Aquí conviene separar dos fechas. El vivero familiar nació alrededor de 2000, pero la Coral Restoration Foundation fecha en 2011 la invención de su «Coral Tree». Decir que aquellos primeros fragmentos ya colgaban de árboles submarinos mezcla dos etapas distintas de la historia.
El diseño es sencillo. Cada estructura queda sujeta al fondo y se mantiene elevada con una boya, de modo que se mueve con las corrientes sin golpear el lecho marino. Los fragmentos cuelgan de sus ramas con hilo de monofilamento y pueden alcanzar un tamaño apto para el arrecife en seis o nueve meses.
No basta con dejarlos crecer. Los equipos limpian las estructuras, revisan enfermedades y ajustan su profundidad según la estación. Después cortan nuevos fragmentos o fijan las colonias al arrecife, como quien traslada una planta del vivero al terreno definitivo, solo que bajo el agua.
Una red a gran escala
La Coral Restoration Foundation administra actualmente cuatro viveros principales de producción en Florida, con casi 1.000 árboles. El de Tavernier ocupa alrededor de 0,6 hectáreas de fondo marino y reúne más de 500 estructuras. En conjunto, la red tiene capacidad para criar más de 50.000 corales preparados para el arrecife cada año.
La cantidad importa, pero la variedad también. La organización mantiene más de 600 genotipos, es decir, líneas genéticas distintas, de 20 especies y conserva copias en instalaciones marinas y terrestres. Es una póliza biológica frente a huracanes, enfermedades y episodios de calor extremo.
Plantar no garantiza sobrevivir
Un estudio publicado en PLOS ONE siguió 2.419 colonias de coral cuerno de ciervo trasplantadas en seis arrecifes entre 2007 y 2015. En los siete grupos observados durante al menos cinco años, la supervivencia fue desde un 4 % hasta un 89 %, según el lugar y las condiciones.
Los corales crecieron una media de unos 10 centímetros al año durante los dos primeros años, pero el ritmo se frenó después. La conclusión es poco vistosa, aunque esencial. Un vivero puede producir muchas colonias, pero no elimina el calor, la contaminación, las enfermedades ni la mala calidad del agua que las espera fuera.
El golpe de 2023
La prueba más dura llegó con una ola de calor marina que empezó antes, duró más y fue más intensa que las anteriores. NOAA calculó que murió entre el 98 % y el 100 % de los corales cuerno de ciervo y cuerno de alce estudiados en los Cayos de Florida y Dry Tortugas. En algunas zonas desaparecieron todos los ejemplares conocidos del arrecife.
La expresión «extinción funcional» no significa que haya muerto hasta el último coral. Indica que quedan tan pocos en el medio natural que ya no cumplen un papel ecológico relevante. Y ahí cambia la lectura del trabajo realizado.
¿Significa eso que décadas de esfuerzo fueron inútiles? No. Parte del material genético había sido duplicado en viveros y dos bancos terrestres independientes, mientras equipos especializados trasladaban corales a aguas más profundas o a tanques con temperatura controlada.
Ganar tiempo no es poco
El estudio más reciente, incluido en el volumen de 2026 de Conservation Biology, concluye que esa infraestructura evitó la extirpación regional (la pérdida completa en Florida) de las dos especies y conservó buena parte de su riqueza genética. A la vez, deja un aviso incómodo. La restauración puede guardar linajes, formar especialistas y reconstruir poblaciones, pero no puede compensar indefinidamente un océano cada vez más caliente.
En la práctica, los árboles de coral funcionan como una maternidad y una copia de seguridad. El reto ahora es recuperar hábitats, reducir contaminación y emisiones, y elegir corales y lugares con más posibilidades de resistir.
El estudio científico más reciente sobre esta red de rescate ha sido publicado en Conservation Biology.
Medio: ecoticias.com
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