
Argentina y Estados Unidos lanzaron el Corredor Andes–Atlántico, una iniciativa que pretende movilizar hasta USD 7.000 millones y conectar Vaca Muerta y los minerales críticos del NOA con puertos del Atlántico y mercados occidentales. La mayor parte del financiamiento anunciado -hasta USD 6.000 millones– está asociada al proyecto Argentina LNG. Para Jujuy, la cuestión estratégica aparece en otro lugar: el esquema oficial fortalece salidas ferroviarias, energéticas y portuarias hacia el este, mientras los corredores bioceánicos hacia el Pacífico no figuran entre los proyectos explicitados. Más que una discusión de infraestructura, comienza a dibujarse una disputa sobre hacia dónde se integrará el Norte argentino durante las próximas décadas.
El 23 de septiembre, en Nueva York, el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau lanzaron, en nombre de ambos gobiernos, el Corredor Andes–Atlántico. El documento es extraordinariamente explícito sobre su orientación: conectar el noroeste argentino rico en minerales críticos y la cuenca energética de Vaca Muerta con puertos atlánticos y mercados occidentales, mediante ferrocarriles, ductos, hidrovía, puertos, energía y redes digitales.
Estados Unidos define hoy minerales críticos, energía e infraestructura estratégica como cuestiones de seguridad nacional y resiliencia de cadenas de suministro; la propia Casa Blanca ha declarado que la dependencia externa de minerales críticos representa una vulnerabilidad para su defensa. Por eso, el Andes–Atlántico puede interpretarse como parte de una política estadounidense más amplia de aseguramiento de litio, cobre, petróleo y gas desde países políticamente próximos. Washington busca aumentar y diversificar el acceso occidental a energía y minerales argentinos.
El mapa de inversiones muestra dónde está hoy la prioridad. De los hasta USD 7.000 millones mencionados, USD 6.000 millones corresponden a una propuesta indicativa de EXIM para Argentina LNG, el megaproyecto de Vaca Muerta encabezado por YPF junto con ENI y XRG. El plan contempla tratamiento de gas, ductos y capacidad exportadora de GNL. En transporte, Estados Unidos destaca la Hidrovía y las concesiones de los ferrocarriles Belgrano, San Martín y Urquiza, además de futuras conexiones de Vaca Muerta con Bahía Blanca y otros puertos estratégicos. El dibujo predominante es inequívoco: extracción en el interior, transporte hacia el este y embarque al Atlántico.
Para Jujuy esa orientación merece una discusión propia. El Belgrano Cargas puede beneficiar enormemente a la provincia reduciendo costos de transporte para litio, minería y agroindustria; sería incorrecto negar esa oportunidad. Pero una cosa es mejorar el ferrocarril y otra determinar hacia dónde termina organizándose el territorio. En el paquete anunciado no aparecen como prioridades equivalentes los corredores que atraviesan los Andes hacia puertos chilenos. Tampoco aparece una infraestructura que convierta explícitamente a Jujuy en puente Atlántico–Pacífico. El Norte vuelve a quedar planteado fundamentalmente como territorio productor conectado con terminales portuarias del centro y este argentino.
Esto tiene una dimensión geopolítica inevitable. Los corredores hacia el Pacífico acercan físicamente al NOA a los mercados asiáticos, entre ellos China; el Andes–Atlántico, en cambio, fue presentado por Washington y Buenos Aires expresamente como una conexión hacia “mercados occidentales”. No existe en el acuerdo una cláusula pública que prohíba comerciar con China, pero el proyecto elimina los corredores bioceánicos como agendas medulares para las provincias del NOA. Puede observarse una competencia entre geometrías de integración: una transversal, que permitiría al NOA mirar simultáneamente al Pacífico y al Atlántico, y otra orientada prioritariamente hacia puertos atlánticos y cadenas occidentales, con marcado respaldo esta última.
Ahí aparece la pregunta más importante para Jujuy: ¿ser territorio de extracción o convertirse en territorio de transformación? El RIGI exige actualmente un plan de desarrollo de proveedores locales equivalente como mínimo al 20% de la inversión destinada a proveedores del proyecto, siempre bajo determinadas condiciones de disponibilidad, precio, cantidad, tiempos y calidad. Pero la reglamentación también establece mecanismos para importar bienes y equipamiento. En consecuencia, que una gran inversión se instale en Jujuy no garantiza automáticamente que el valor agregado quede en Jujuy; dependerá de proveedores competitivos, políticas provinciales, infraestructura, formación laboral y capacidad de negociación territorial.
El gobernador Carlos Sadir aparece, además, políticamente cercano a varias negociaciones que impulsa la Nación. En materia electoral respaldó una eventual suspensión de las PASO de 2027, aunque rechazó eliminarlas definitivamente, y explicitó que uno de sus argumentos es que las primarias podrían darle a la oposición herramientas para “reagruparse, reordenarse y volverse más competitiva”. Eso permite afirmar que su postura coincide en este punto con una iniciativa promovida por el Gobierno nacional, acaso Jujuy espera lograr inversiones a partir del modelo establecido desde EEUU.
Para Jujuy, entonces, la discusión debería ser más profunda que alinearse con Washington, Beijing o Buenos Aires. El interrogante estratégico es si la provincia aprovechará la nueva infraestructura para industrializar minerales, desarrollar proveedores, conectar sus zonas francas, fortalecer Perico y La Quiaca como nodos logísticos y abrir simultáneamente salidas al Atlántico y al Pacífico, o si quedará reducida a extraer recursos que después recorren miles de kilómetros para generar valor en otros lugares.
El Corredor Andes–Atlántico es un proyecto concreto y respaldado por dos gobiernos. El corredor bioceánico hacia el Pacífico, en cambio, necesita todavía traducir muchas declaraciones en obras, financiamiento y continuidad institucional. Precisamente por eso la discusión importa ahora. Si durante los próximos años las grandes inversiones ferroviarias, energéticas y logísticas se orientan mayoritariamente hacia el Atlántico, la geografía económica argentina puede quedar condicionada por décadas.
Desde la perspectiva del NOA, el debate no debería formularse como Estados Unidos contra China en tierras norteñas. La verdadera pregunta es otra: ¿Jujuy decidirá por dónde salen sus recursos y cuánto valor queda en su territorio, o simplemente adaptará su producción al corredor que otros financien? Esa es la discusión que el Andes–Atlántico acaba de poner brutalmente sobre la mesa.
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https://periconoticias.com.ar/andes-atlantico-el-nuevo-mapa-de-poder-que-mira-al-oceano-y-obliga-a-jujuy-a-preguntarse-que-lugar-ocupara/
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