

Martes de noche, jornada laboral terminada y rumbo al Montevideo Music Box. Los finlandeses de Apocalyptica volvían a Montevideo con su gira Plays Metallica Vol. 2, un espectáculo dedicado a las canciones de Metallica, banda de la que soy seguidor desde hace muchos años y por la que también comenzó mi interés por estos músicos.
Recuerdo haber comprado uno de sus discos allá por 2007 o 2008, en mi época de estudiante universitario. Todavía lo conservo. Aquellas interpretaciones de Metallica con violonchelos me habían pegado fuerte, principalmente por la manera de reproducir riffs, solos y arreglos que conocía de memoria, pero utilizando instrumentos que habitualmente relacionamos con la música clásica.
Apocalyptica tiene una historia bastante particular. La banda nació en Helsinki, Finlandia, en 1993, cuando cuatro jóvenes violonchelistas formados en la Academia Sibelius comenzaron a interpretar canciones de Metallica. En 1996 editaron Plays Metallica by Four Cellos, su primer disco, que llamó la atención por llevar la música de una de las bandas más importantes del thrash metal a una formación instrumental poco habitual para el género.
Con los años desarrollaron composiciones propias, grabaron con diferentes cantantes y sumaron la batería como parte estable de su propuesta. En 2024 publicaron Plays Metallica Vol. 2, retomando aquel repertorio que los dio a conocer, esta vez con una trayectoria de casi tres décadas y una experiencia musical mucho más amplia. Para ese trabajo contaron con la participación de James Hetfield y Robert Trujillo en una nueva versión de One.
La formación que llegó a Montevideo tenía tres violonchelos y batería, sin cantante. Una propuesta que combina la formación clásica de los músicos con recursos propios del metal, tanto en la ejecución como en el sonido y la puesta en escena.
A las 21:15 comenzó el concierto con Ride the Lightning. La primera impresión fue la potencia de la batería y el trabajo de los violonchelos, que mediante diferentes técnicas de ejecución y el uso de efectos consiguen reproducir buena parte de las características sonoras de las guitarras eléctricas.
La pantalla del fondo acompañaba con imágenes y una iluminación sincronizada con los golpes de batería, los cortes y los cambios de intensidad. Visualmente, el espectáculo tenía mucho para observar. Los tres músicos ocupaban el frente del escenario y se movían constantemente con sus instrumentos, alternando momentos de concentración técnica con movimientos corporales y gestos muy propios del heavy metal.
Siguieron Enter Sandman y Creeping Death. Reconocer las canciones era inmediato, pero al mismo tiempo había que prestar atención a la manera en que estaban interpretadas. Los riffs aparecían reproducidos por las cuerdas, las melodías se distribuían entre los tres violonchelos y la batería sostenía la base rítmica con una potencia muy cercana a la de las versiones originales.
Con Maxi nos habíamos ubicado aproximadamente a mitad de la pista, tomando una cerveza y escuchando con bastante comodidad. En principio no había demasiado pogo. El público acompañaba, algunos levantaban los brazos y otros seguían las canciones con movimientos de cabeza, pero la cosa estaba bastante tranquila.
Para For Whom the Bell Tolls, cuarta canción del repertorio, decidí acercarme al escenario. La música invitaba a moverse y adelante comenzaba a juntarse la gente con más ganas de agitar. Me fui hacia el centro de la pista, donde por momentos se armaba algo de pogo, y desde ahí pude apreciar otros detalles de la presentación.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue el manejo de los instrumentos. Los tres violonchelistas tienen una técnica impresionante y una presencia escénica muy particular. Hay momentos en los que parecen músicos de cámara, concentrados en la ejecución de pasajes complejos, y otros en los que se mueven y sacuden la cabeza, preludiando a lo metalero.
Esa combinación funciona muy bien. Los violonchelos permiten desarrollar melodías, armonías y arreglos con bastante libertad, mientras que las distorsiones y los efectos aportan sonidos más cercanos a las guitarras eléctricas.
También me entretuve observando las pedaleras. Cada músico tenía una importante cantidad de efectos que utilizaba durante las canciones, modificando el sonido de los instrumentos según las necesidades de cada arreglo. Para quienes disfrutamos de la música y de los instrumentos, ver ese trabajo tan de cerca es parte del atractivo del concierto.
Eso sí, adelante el volumen era realmente fuerte. Intenté filmar algunos fragmentos con el celular, pero el micrófono saturaba por la potencia que salía de los parlantes. Seguramente desde algunos metros más atrás el sonido se escuchaba mejor, aunque estar cerca tenía otras ventajas, especialmente por la posibilidad de observar la ejecución y los movimientos de los músicos.
El repertorio continuó con Battery, una de las canciones más rápidas de Metallica, y The Call of Ktulu, una composición instrumental que se adapta especialmente bien a los violonchelos por sus cambios de intensidad y la importancia de las melodías. En esta última se pudo apreciar el trabajo de los tres instrumentos, alternando líneas melódicas, acompañamientos y diferentes recursos de ejecución.
Después llegaron St. Anger y The Four Horsemen, esta última perteneciente a Kill ‘Em All, el primer disco de Metallica, publicado en 1983. Siguieron Blackened y Master of Puppets, dos composiciones que exigen bastante precisión por sus cambios de ritmo, estructuras y riffs característicos.
A esa altura, la gente estaba completamente metida en el espectáculo. Aunque no hubo un pogo permanente, sí aparecieron momentos de bastante movimiento, especialmente en las canciones más rápidas.
Algo particular de este recital fue la ausencia de un cantante. Apocalyptica realiza estas interpretaciones únicamente con violonchelos y batería, pero en varios momentos era el público el que incorporaba las voces. Los estribillos de algunas canciones se coreaban siguiendo la métrica de las versiones de Metallica, acompañando lo que sonaba desde el escenario. Entre tema y tema también hubo bastante intercambio con la gente. Los músicos hablaron siempre en inglés, algo que personalmente me dejó afuera de buena parte de los comentarios. En algunos momentos se escuchaban risas entre el público, seguramente por alguna broma que no llegué a comprender.
El último tramo del repertorio comenzó con Nothing Else Matters, una de las composiciones más melódicas de Metallica, donde los violonchelos encontraron bastante espacio para desarrollar arreglos y matices que se alejan de los sonidos más distorsionados del resto del concierto.
Después llegó Seek & Destroy, uno de los puntos más altos de la noche. El conocido estribillo fue acompañado por buena parte del público, con los puños levantados y bastante movimiento en el centro de la pista. Aunque no hubiera una voz sobre el escenario, la gente se encargó de cantar aquellas frases que forman parte de los clásicos de Metallica.
Con ese tema terminó el repertorio principal. Los músicos se retiraron unos minutos y regresaron para el bis, que estuvo reservado para One.
Antes de comenzar, la pantalla proyectó un fragmento del videoclip que Apocalyptica publicó en 2024, con la participación de James Hetfield y Robert Trujillo. No pasaron el video completo, sino la parte final, aproximadamente desde el minuto seis y medio, cuando aparecen los tres violonchelistas.
La secuencia recuperaba parte de la temática de la guerra y sus consecuencias, algo que inevitablemente me recordó al videoclip original de Metallica, publicado en 1989, que incluía escenas de la película Johnny Got His Gun.
La canción relata la historia de un soldado herido que queda atrapado en su propio cuerpo, sin poder comunicarse con quienes lo rodean. En la versión de Apocalyptica, la participación de Hetfield recitando la letra y el trabajo de los violonchelos aportan otra interpretación de esa historia.
Fue un cierre muy bien acompañado por la propuesta audiovisual, que preparó el ambiente para la última interpretación de la noche.
Después de One, los músicos permanecieron algunos minutos sobre el escenario, saludando y agradeciendo los aplausos. Se tomaron de los hombros e hicieron la clásica inclinación conjunta frente al público. No hubo demasiada ceremonia, aunque se los veía contentos con la respuesta de la gente.
Apocalyptica ya había visitado Uruguay anteriormente y esta nueva presentación volvió a reunir a un público que conoce su música y disfruta de esta particular manera de interpretar el metal.Terminado el recital, seguimos la noche en el Bar Luz, con una pizza, unas cervezas y los habituales comentarios sobre el toque. Es parte de la costumbre cuando hay conciertos entre semana.
Apocalyptica dejó una muy buena impresión, tanto por la calidad de sus músicos como por la potencia del sonido y una puesta en escena que complementó muy bien cada interpretación. Para quienes seguimos a Metallica desde hace tantos años, poder disfrutar de estas versiones en vivo fue un verdadero gustazo.
Y un agradecimiento especial a estos finlandeses por seguir incluyendo a Uruguay en sus giras.
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