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La propuesta de Juan Giusti de ordenar los liderazgos según su respaldo social recupera vigencia frente a un PJ todavía intervenido. La experiencia de una confluencia encabezada por una figura del sector productivo dejó un antecedente que merece profundizarse: reunir al justicialismo alrededor de la defensa del trabajo, las economías regionales y un programa de desarrollo provincial.
Meses atrás, el abogado Juan Giusti planteó una salida para un peronismo atrapado en sus propias disputas: conocer a quién reconoce la sociedad antes de resolver la conducción mediante acuerdos cerrados. Su propuesta de una encuesta provincial buscaba ordenar liderazgos y construir una alternativa competitiva. El antecedente escrito por el propio Giusti en 2022 incorporaba un elemento fundamental: utilizar esa consulta también para identificar los problemas de los ciudadanos. La idea conserva su fuerza porque desplaza el centro de la discusión: primero hay que escuchar a la sociedad y después ordenar las aspiraciones de los dirigentes.
La prolongación de la intervención del PJ muestra cuánto cuesta dar ese paso. El partido continúa bajo administración judicial, con la interna suspendida y una normalización pendiente; el 5 de octubre se prorrogó por sesenta días la intervención encabezada por Federico Prieto. Hay una autoridad transitoria, pero falta una conducción legitimada por sus afiliados. La excepcionalidad se vuelve políticamente vergonzosa cuando termina pareciendo una forma permanente de funcionamiento. Mientras las estructuras discuten quién controla el instrumento, las familias necesitan respuestas sobre ingresos, empleo, deudas y oportunidades. Esa distancia entre la urgencia social y los tiempos partidarios erosiona la representación.
Sin embargo, sería equivocado afirmar que no hubo experiencias capaces de mostrar otro camino. Primero Jujuy Avanza consiguió reunir sectores distintos y colocó al frente de su propuesta electoral a un hombre proveniente de la actividad privada, con una voz firme en defensa de los productores y las economías regionales. Ese antecedente introdujo una orientación que merece recuperarse: organizar la política alrededor de quienes producen, emplean y sostienen la vida económica del territorio. No alcanzó para completar la unidad, pero dejó una base desde la cual ampliarla. Su valor no consiste en consagrar anticipadamente una conducción, sino en demostrar que el trabajo y la producción pueden ofrecer un punto de encuentro más amplio que la pertenencia a una agrupación interna.
La tarea pendiente es convertir aquella confluencia parcial en una síntesis superior, abierta a los sectores que quedaron afuera y a quienes ya no encuentran representación en ninguna estructura. El norte debería ser reconocible: industrializar donde existan condiciones y mercados, defender las economías regionales, desarrollar proveedores locales, fortalecer el turismo y vincular la educación con oportunidades concretas. Para conducir ese proceso hacen falta respaldo social, coherencia doctrinaria, capacidad de gestión y conducta pública. Una medición independiente puede ayudar a ordenar las preferencias, pero debe acompañarse de reglas democráticas y compromisos verificables. La unidad adquiere sentido cuando permite ofrecerle algo distinto a Jujuy; pierde valor cuando solamente distribuye lugares entre quienes ya los ocupan.
La llegada prevista de Axel Kicillof a Palpalá, el viernes 30 de octubre, encontrará ese debate sin resolver. Una referencia nacional puede acompañar, ampliar vínculos y dar visibilidad, pero no sustituye la construcción provincial. Ningún visitante puede aportar desde afuera la confianza que los dirigentes locales todavía deben reconstruir entre sí y con la ciudadanía. El encuentro tendrá profundidad si ayuda a discutir un programa jujeño y a escuchar a trabajadores, productores y comunidades. Si se limita a una fotografía y a una nueva distribución de respaldos, habrá fortalecido un armado nacional sin modificar la incertidumbre cotidiana de quienes esperan una alternativa en la provincia.
El peronismo jujeño dispone de hombres y mujeres con experiencia, arraigo y capacidad para construir ese horizonte. También cuenta con antecedentes de articulación y propuestas para resolver sus diferencias. Falta una decisión colectiva: aceptar reglas compartidas, completar la normalización y poner el programa por encima de las conveniencias personales. La experiencia de una convocatoria vinculada al mundo productivo señala una dirección posible; la propuesta de Giusti ofrece un criterio para discutir quién puede representarla. No hace falta esperar una salvación externa: hace falta potenciar lo construido, abrir lo que permanece cerrado y demostrar con el ejemplo que la justicia social exige producir, distribuir y rendir cuentas. La síntesis no llegará en un avión. Debe nacer de Jujuy y responder ante su pueblo.
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https://periconoticias.com.ar/giusti-habia-senalado-el-camino-al-peronismo-jujeno-le-falta-una-decision-no-un-mesias/
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