
Posponer el sueño porque el día no alcanza. Saltar de un trabajo a otro, estudiar en los ratos libres para un examen, atender un teléfono que suena constantemente, sostener vínculos, ocuparse de las tareas de cuidado. Cuando no queda margen de tiempo, el descanso parece la primera actividad que se puede postergar.
En la tercera película de la saga de Harry Potter, Hermione Granger consigue un giratiempo, un objeto mágico que le permite asistir a varias clases que ocurren en simultáneo. La fantasía de multiplicar las horas para llegar a todo no parece tan lejana de la vida cotidiana de los argentinos, aunque con menos magia.
En Argentina, el Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (SAFYB) advirtió sobre el consumo de metilfenidato y modafinilo entre estudiantes universitarios y emprendedores que recurren a estos medicamentos para sostener el ritmo de sus actividades. Según Marcelo Peretta, doctor en Farmacia y Bioquímica y titular de la organización, se trata de sustancias cuyo uso sin indicación médica y sin controles puede implicar riesgos para la salud.
Si bien en tiempos de crisis la promesa de tener más horas de vigilia, mayor concentración y una sensación de energía parece tentadora, hay una diferencia fundamental entre utilizar un medicamento con prescripción para tratar un trastorno diagnosticado y consumirlo para responder a las exigencias de la vida cotidiana.
Según cifras difundidas por el SAFYB, en 2014 el 12% de los estudiantes universitarios consumía estos medicamentos, mientras que actualmente la proporción alcanzaría el 25%. Peretta también estimó que en Argentina se consumen 38 millones de comprimidos por año. De acuerdo con sus declaraciones, el consumo se distribuye en un 70% entre mujeres y un 30% entre varones.

Estos medicamentos se volvieron populares entre quienes necesitan estudiar para rendir exámenes y entre quienes buscan ampliar sus negocios y captar clientes. Además, el titular del SAFYB adviertió que el efecto inicial puede dar una sensación de mayor vitalidad mental, pero que el uso abusivo puede traer consecuencias negativas, por ejemplo, aumentar las dosis para intentar sostener ese efecto.
Qué son el metilfenidato y el modafinilo
Aunque suelen aparecer juntos en las conversaciones sobre las llamadas smart drugs —o drogas para mejorar el rendimiento cognitivo—, el metilfenidato y el modafinilo son medicamentos diferentes y no deben confundirse con una misma sustancia.
El metilfenidato es un estimulante del sistema nervioso central que se utiliza, entre otras indicaciones autorizadas, para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). El modafinilo, por su parte, promueve la vigilia y se indica para determinados trastornos que producen somnolencia excesiva, como la narcolepsia; según la presentación y las indicaciones autorizadas, también puede emplearse en otros trastornos del sueño.
En Argentina, el modafinilo se comercializa bajo receta archivada, mientras que el metilfenidato está sujeto a controles específicos de prescripción. No son medicamentos de venta libre ni deberían compartirse entre personas.
El costo también forma parte de la discusión, espcialmente en un momento de crisis económica y aumento de la medicación. Según los valores mencionados por Peretta para octubre de 2026, una caja de metilfenidato para un tratamiento de 30 días costaba entre $50.000 y $60.000, mientras que el tratamiento mensual con modafinilo se ubicaba entre $70.000 y $90.000.

El cuerpo no tiene un botón de encendido
El uso indebido de estos medicamentos puede producir insomnio, nerviosismo, ansiedad, aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. En situaciones más graves pueden aparecer alteraciones del ritmo cardíaco, cambios importantes en el estado de ánimo, síntomas psicóticos y otros efectos adversos. El riesgo depende de la sustancia, la dosis, las condiciones de salud de cada persona y las interacciones con otros medicamentos. El uso abusivo de estimulantes también puede generar dependencia y tolerancia, es decir, cuando disminuye el efecto y la persona comienza a buscar dosis mayores.
“Quién las consume luego necesita más dosis, gasta más dinero y a su vez empieza a afectar su corazón con arritmias. El consumidor vive permanentemente nervioso porque les parece que las cosas no le salen o alucinan porque les parece que los persigue gente. Es decir, los riesgos son más que los beneficios”, explica Marcelo.
En sus declaraciones Peretta también cuestionó las prácticas de prescripción que no contemplan los controles suficientes. «Neurólogos y psiquiatras, sobre prescriben estás sustancias a los pacientes. Una cosa es que lo prescriban durante un tiempo determinado y con mucho control, y otra que los empastillen continuamente, los vuelven adictos y lamentablemente terminan mal», aseguró.
El cansancio no es una falla moral ni un defecto de productividad. Es una señal del organismo impostergable. No alcanza con advertir sobre los efectos adversos de los medicamentos si no se pregunta por qué tantas personas sienten que necesitan rendir por encima de sus posibilidades. La respuesta involucra la crisis económica, las condiciones de trabajo, el acceso a la educación, la organización de los cuidados y un país en el cual, a pesar de los dichos del presidente, a veces para no morir llegando a fin de mes, no se puede ni dormir.
https://elgritodelsur.com.ar/2026/10/drogas-para-rendir-mas-crece-el-abuso-de-pastillas-entre-estudiantes-universitarios/
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