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La fractura dentro de Jujuy Crece dejó de ser un secreto. Sadir construye poder propio, Morales presiona, Bernis puja por supervivencia política, La Libertad Avanza busca territorio y el peronismo comienza a reorganizarse alrededor de nuevas referencias. En el medio, intendentes, ministros, legisladores y dirigentes empiezan a elegir bando. Jujuy entra en una etapa donde el viejo orden cruje y nadie puede garantizar cómo terminará esta disputa.
Jujuy atraviesa un escenario donde el caos parece haberse convertido en el único protagonista. Durante mucho tiempo creímos que era imposible que Jujuy Crece mostrara grietas internas. Sin embargo, hoy esas grietas están a la vista, son profundas y, por momentos, hasta obscenas. La fractura comenzó. Ministros ya expresaron su respaldo a Carlos Sadir, algunos diputados provinciales hicieron lo mismo y, naturalmente, comenzará ahora el tiempo de las definiciones para los intendentes. Varios de ellos ya proclamaron a Sadir como conductor político y candidato a la reelección.
Pero Gerardo Morales continúa presionando y condicionando al gobernador para que evite una alianza con Javier Milei. Una alianza que, según la hipótesis que circula en el tablero político, ya habría sido conversada con Karina Milei: Sadir sería candidato a gobernador, acompañado por un dirigente de La Libertad Avanza, mientras la capital jujeña también quedaría dentro de la negociación con los libertarios. Para Sadir, ese acuerdo tendría además una utilidad política: resolvería una interna libertaria que hasta hoy presenta candidatos de baja intensidad y sin capacidad suficiente para ordenar el espacio.
La presión sobre Sadir es enorme, aunque el diálogo entre los actores no parece haberse roto. En paralelo, comenzaron a circular en redes denuncias sobre corrupción, nepotismo y prebendas. Si algunas de ellas llegaran a judicializarse, podrían abrir incluso un escenario institucional de mayor gravedad. En esa hipótesis, La Libertad Avanza podría ofrecer también un paraguas político frente a cualquier ofensiva. Y es allí donde comienza a exhibirse, de manera más clara, la profundidad de la relación. Nada parece haber sido gratuito. Ni aquel anticipo financiero de cientos de miles de millones de pesos ni posteriores asistencias de Nación. El poder central también posee herramientas para condicionar a la provincia, incluso en momentos sensibles como el pago de salarios.

A los intendentes, sin embargo, les interesa otra cosa. Necesitan cumplir con las obligaciones salariales, mantener los servicios y continuar las obras en ejecución. Y hasta ahora es Sadir quien consiguió sostener ese esquema. Por eso, para muchos jefes comunales, la discusión no será filosófica ni ideológica: será profundamente práctica. ¿Quién garantiza gobernabilidad? ¿Quién garantiza recursos? ¿Quién puede sostener el funcionamiento cotidiano de los municipios? ydesde luego, sus reelecciones.
A La Libertad Avanza tampoco le interesa Sadir por Sadir. Lo que busca es incorporar una provincia más dentro de una estructura nacional. Necesita un mapa cada vez más violeta y una presencia territorial que permita consolidar poder más allá de 2027, incluso pensando en 2031. El libertarismo podría perder eventualmente la Presidencia y, aun así, conservar una estructura formidable si lograra controlar provincias, gobernadores y una representación decisiva en ambas cámaras. Naturalmente, el escenario sería todavía mejor para ellos si Javier Milei consiguiera la reelección.
Desde el gerardismo, mientras tanto, Alberto Bernis continúa pujando por un lugar en una fórmula que parece cada vez más difícil de repetir. Esta vez, dos radicales podrían no ser suficientes. Y eso lo sabe incluso el propio Bernis. Su reclamo por continuidad también puede interpretarse como una manera de presionar a Sadir, marcarle límites y recordarle que todavía existe una estructura partidaria que responde al viejo esquema de conducción.
Porque el lugar central de esa construcción podría estar reservado, finalmente, al propio Gerardo Morales. El exgobernador fue uno de los primeros dirigentes importantes que confrontó abiertamente con Milei, llegando a caracterizarlo de manera extremadamente dura cuando todavía otros mantenían prudencia. Con el paso del tiempo, una parte de la sociedad comenzó también a desarrollar un creciente antimileísmo. En ese escenario de caos, Morales podría encontrar una nueva oportunidad política si logra construir una alianza con un peronista capaz de movilizar bases, generar entusiasmo y reconstruir una narrativa electoral.
Y allí aparece una hipótesis todavía más disruptiva: que incluso un dirigente peronista pueda convertirse en candidato a gobernador dentro de una nueva versión de Jujuy Crece. Esa posibilidad ayuda a explicar por qué la adhesión a Axel Kicillof comienza a recibir impulso no solamente desde el Frente Primero Jujuy Avanza, sino también desde sectores vinculados al propio Gobierno provincial y a espacios con capacidad de movilización y recursos. Allí se estaría discutiendo algo mucho más grande: si ese entramado político puede construir una fórmula capaz de retener la provincia.
El escenario nacional también influye. Hasta ahora continúan vigentes las PASO nacionales y Kicillof ya está en la cancha. Pero difícilmente sea la única oferta del peronismo. Podría surgir una alternativa vinculada al massismo, cercana también al universo de Cristina Fernández de Kirchner, y otra articulada desde gobernadores como Gerardo Zamora o Martín Llaryora. Son volúmenes políticos diferentes que, después de una competencia interna, podrían confluir en una estructura con capacidad real para disputar la Presidencia.
En Jujuy, en cambio, el peronismo todavía no expresó una síntesis superior. Sin embargo, está en condiciones de hacerlo. Durante los últimos meses logró reducir una fragmentación histórica hasta concentrarse prácticamente en dos grandes espacios que hoy aparecen mucho más cerca entre sí. Carolina Moisés continúa orbitando cerca del sello del PJ, aunque todavía sin una narrativa suficientemente poderosa para ordenar al conjunto.
El antimileísmo aparece, entonces, como uno de los grandes elementos aglutinantes. Según las experiencias que algunos estrategas políticos observan en procesos como el regreso de Lula da Silva en Brasil, las elecciones altamente polarizadas dejan poco espacio para las posiciones ambiguas. Esta podría ser, también en Jujuy, una elección donde la tibieza tenga poco premio.
Por eso el eventual acuerdo de Sadir con La Libertad Avanza dependerá también de que las bases no se rebelen. Porque dentro del libertarismo jujeño existe un componente fuertemente antigerardista. Y allí aparece una contradicción difícil de resolver: ¿cómo podría el hombre políticamente ungido por Gerardo Morales convertirse, de repente, en la expresión del antigerardismo que una parte de las bases libertarias reclama?
En ese escenario, Cristina Guzmán conserva una oportunidad propia desde el MPJ. Puede intentar ocupar un espacio independiente y construir una opción de centroderecha con identidad provincial. Incluso podría transformarse en una salida para un electorado liberal o conservador que no se sienta representado por las disputas internas de La Libertad Avanza ni por una eventual alianza con el oficialismo radical.
Y la izquierda también espera. Podría decirse que observa el espectáculo con un balde de pochoclos, aguardando que las contradicciones del resto del sistema político sigan profundizándose. Su desafío no pasa solamente por captar adhesiones, sino por conectar con la juventud como sujeto de transformación.
Porque allí aparece el último ingrediente de esta disputa: la juventud.
Los estrategas que estudian los procesos de cambio político advierten que ninguna transformación profunda puede producirse sin una generación joven dispuesta a involucrarse. No como simple segmento electoral ni como público cautivo, sino como motor político, cultural y social.
Jujuy está entrando en una etapa donde las estructuras conocidas comienzan a crujir. Nadie parece tener el control absoluto. Las alianzas pueden modificarse, los dirigentes pueden cambiar de posición y los espacios políticos pueden terminar adoptando formas que hoy parecen imposibles.
Por eso el verdadero interrogante no es solamente quién será candidato.
La pregunta es quién será capaz de interpretar una provincia cansada, fragmentada y expectante; quién podrá reconstruir una idea de futuro y, sobre todo, quién logrará convencer a una nueva generación de que todavía vale la pena ponerse en movimiento.
Porque cuando el orden político se descompone, el caos puede ser solamente decadencia. Pero también puede convertirse en el comienzo de una transformación.
La Legislatura de Jujuy destaca la labor de los productores tabacaleros
https://periconoticias.com.ar/jujuy-estalla-por-dentro-sadir-morales-milei-y-una-guerra-de-poder-que-ya-nadie-puede-ocultar/
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