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Una información que circula desde hace semanas en los medios políticos argentinos y que esta semana recobró vigor ante la proximidad de las elecciones legislativas de octubre está generando inquietud en las cancillerías de Brasilia, Asunción y Montevideo: el gobierno de Javier Milei habría filtrado deliberadamente su intención de impulsar la salida de Argentina del Mercosur si los resultados de las elecciones legislativas de octubre le dan la mayoría parlamentaria necesaria para hacerlo. En el Gobierno creen que no tienen fuerza para modificar el Mercosur y, como Milei está obsesionado no sólo con firmar un tratado de libre comercio con EE.UU. sino con Israel también, la alternativa es salir del bloque. El objetivo: 2026, con una nueva composición del Congreso. El plan B de la Casa Rosada sería impulsar la salida del Mercosur en 2026, contando con un eventual muy buen resultado en las elecciones legislativas de este año, lo que habilitaría, según los cálculos libertarios, una nueva composición del Congreso que respalde esa decisión. La información, publicada por el portal Política Argentina con referencias a fuentes del propio gobierno, describe una estrategia política en dos tiempos: primero ganar las elecciones legislativas de octubre para ampliar la representación parlamentaria del gobierno; luego usar esa nueva mayoría para iniciar el proceso de retiro del Mercosur y negociar acuerdos bilaterales directos con Estados Unidos e Israel. Ministerio Público
Esta posibilidad —que hasta hace unos meses muchos descartaban como retórica electoral— está siendo tomada cada vez más en serio por los analistas regionales y por los socios del bloque. El propio Milei ya ha declarado públicamente en el pasado que si el Mercosur no se reforma para permitir a sus miembros negociar acuerdos bilaterales independientes, Argentina debería reconsiderar su membresía. La pertenencia al bloque regional impide la firma de acuerdos comerciales unilaterales. Ante ese escenario, en el oficialismo ya admiten que no podrían aplicar una modificación interna del ente que lideran Argentina y Brasil porque carecen de «los votos» necesarios. Esta admisión oficial de que el gobierno no tiene los votos para modificar el Mercosur desde adentro es la que convierte la opción de salida en un escenario creíble: si la reforma es imposible por falta de consenso, y si el gobierno considera que el Mercosur es un obstáculo para su agenda comercial, la salida se vuelve lógicamente consecuente con sus propias premisas ideológicas. Ministerio Público
Las implicaciones de una eventual salida argentina del Mercosur son difícilmente cuantificables en su magnitud pero fácilmente describibles en su dirección: serían catastróficas para la institucionalidad del bloque y para su credibilidad como actor global en un momento en que acaba de firmar sus mayores acuerdos comerciales de la historia. Argentina representa el 17% del PIB del Mercosur y es el segundo socio más importante del bloque después de Brasil. Su retiro desestabilizaría el Arancel Externo Común, cuestionaría la validez de los acuerdos ya firmados —especialmente el acuerdo con la UE, que depende de la participación de todos los miembros fundadores— y enviaría una señal de inestabilidad institucional que ninguna narrativa diplomática podría contrarrestar. Los socios del Mercosur y la Comisión Europea están monitoreando las elecciones legislativas argentinas de octubre con una atención que supera la que normalmente prestan a las elecciones domésticas de un Estado miembro, precisamente porque su resultado podría determinar el futuro de la mayor zona de libre comercio jamás construida entre Europa y América del Sur.
El presidente Milei asistió a la asunción del nuevo mandatario boliviano Rodrigo Paz buscando sumar un aliado en la región, en un contexto signado por su fuerte alianza con Trump y la búsqueda de un entorno regional más amigable que el que encontró en sus dos primeros años de mandato. El Gobierno mira con expectativa las próximas elecciones en Colombia, el 31 de mayo, y las de Brasil en octubre, donde podrían culminar procesos políticos alejados del pensamiento libertario. Esta lectura geopolítica del gobierno argentino —que entiende las elecciones en Colombia, Bolivia y Brasil como piezas de un tablero regional que podría recomponerse a su favor— explica en parte la estrategia de Milei respecto al Mercosur: si los países vecinos van virando hacia posiciones más afines al liberalismo económico radical, la presión por reformar o salir del bloque tendrá menos costo político regional del que tiene hoy. La incógnita es si ese viraje regional efectivamente se producirá o si es una proyección excesivamente optimista del gobierno libertario sobre las tendencias electorales de la región. Agence IP
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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