
Marte no siempre fue el desierto rojo que vemos en las fotos. El rover Curiosity descubrió en el cráter Gale grietas de barro fosilizado con forma casi hexagonal —como panales de abeja— que solo se forman cuando un suelo pasa repetidamente por ciclos de humedad y sequía. Es decir: Marte tuvo temporadas, casi como las nuestras. No hay marcianitos en el hallazgo, pero hay algo igualmente inquietante: las condiciones químicas que pudo haber necesitado la vida.
Qué encontró Curiosity exactamente y por qué importa
Las grietas que detectó Curiosity en el cráter Gale no son accidentales. Su forma hexagonal es característica de suelos que se humedecieron y secaron muchas veces seguidas, en ciclos repetidos. El barro se expande con el agua, se contrae al secarse, y esa tensión deja una firma geométrica casi perfecta en la roca. Lo que encontró el rover es esa firma fosilizada: el registro físico de un planeta que alguna vez tuvo algo parecido a estaciones.
Esto no es lo mismo que decir que llovió en Marte ni que hubo océanos. Los científicos son cuidadosos con ese matiz. Pero sí confirma que el planeta experimentó variaciones cíclicas de humedad, un tipo de ambiente que en la Tierra está directamente asociado con la aparición de moléculas orgánicas complejas —los ladrillos químicos que, eventualmente, hacen posible la vida. El hallazgo fue publicado por el equipo de NASA y sus misiones de exploración espacial como uno de los indicios astrobiológicos más relevantes de la misión Curiosity hasta la fecha.
Por qué los ciclos húmedo-seco son clave para el origen de la vida
La bioquímica tiene un problema de concentración. Para que las moléculas precursoras de la vida se ensamblen —aminoácidos, nucleótidos, lípidos— necesitan estar lo suficientemente juntas como para reaccionar entre sí. En un océano o en agua estancada, todo se diluye demasiado. Pero en un ambiente que se seca y se humedece de forma repetida, esas moléculas se concentran durante las fases secas y reaccionan durante las húmedas. Es un mecanismo que muchos investigadores consideran esencial para el origen de la vida en la Tierra.
Lo que Marte pudo haber tenido, según este hallazgo, es exactamente ese tipo de ambiente. Hace entre 3,000 y 3,700 millones de años [DATO PENDIENTE: rango temporal preciso del periodo estimado en el cráter Gale según el estudio publicado], la superficie marciana podría haber funcionado como un laboratorio natural de química prebiótica. Eso no garantiza que la vida llegara a aparecer, pero sí que el escenario era menos hostil de lo que pensábamos.
Y eso, en el contexto de la pregunta más vieja del universo —¿estamos solos?—, no es un detalle menor.
Medio: ecoosfera.com
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ADRIANA EMILCE ASAT
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