
Escuchar y oír no son exactamente lo mismo.
Podemos permanecer en silencio mientras alguien habla, mirar a la persona a los ojos e incluso recordar algunas de sus palabras y, aun así, no haber comprendido verdaderamente lo que intentaba comunicarnos.
Porque existe una enorme diferencia entre escuchar para responder y escuchar para comprender.
Cuando escuchamos para responder, nuestra atención está parcialmente puesta en la otra persona, pero también está ocupada preparando nuestra defensa, nuestra explicación, nuestro consejo o nuestro próximo argumento. Mientras el otro todavía habla, internamente ya estamos construyendo una respuesta.
Cuando escuchamos para comprender ocurre algo diferente: temporalmente dejamos a un lado nuestra necesidad de tener razón y tratamos de conocer la realidad desde la perspectiva del otro.
Esto no significa estar de acuerdo con todo lo que escuchamos.
Comprender no es necesariamente aprobar. Comprender es intentar conocer antes de juzgar.
¿Por qué nos cuesta escuchar para comprender?
- La necesidad de defendernos: Cuando interpretamos las palabras del otro como una acusación, podemos entrar rápidamente en una posición defensiva.
En lugar de preguntarnos “¿qué está tratando de decirme?”, nuestra mente comienza a preguntarse “¿cómo demuestro que está equivocado?”
La conversación deja entonces de ser un encuentro y comienza a convertirse en una batalla.
- La necesidad de tener la razón: En algunas conversaciones, el objetivo deja de ser comprender y pasa a ser ganar.
Queremos demostrar que nuestro argumento es mejor, que nuestra interpretación es correcta o que tenemos más razones que la otra persona.
Pero cuando alguien tiene que perder para que nosotros podamos sentir que ganamos, probablemente la relación también termina perdiendo algo.
- Las experiencias del pasado: No escuchamos únicamente con nuestros oídos. También escuchamos desde nuestras heridas, experiencias, temores, expectativas y recuerdos.
Una frase aparentemente sencilla puede despertar experiencias anteriores y provocar una reacción emocional mucho mayor de lo que la situación presente justificaría.
Entonces dejamos de responder solamente a lo que la persona acaba de decir y comenzamos, sin darnos cuenta, a responder también a nuestro pasado.
- La necesidad de solucionar inmediatamente: Hay personas que escuchan un problema y automáticamente buscan una solución.
Aunque esto puede surgir de una buena intención, no siempre quien habla está buscando consejos.
A veces necesita simplemente sentirse escuchado.
Preguntar “¿quieres que te escuche o quieres que pensemos juntos en una solución?” puede transformar completamente una conversación.
- Las distracciones: El teléfono, el trabajo, las preocupaciones y nuestros propios pensamientos pueden impedir una escucha profunda.
Podemos estar físicamente presentes y emocionalmente ausentes.
Y pocas cosas generan tanta distancia como hablar con alguien y sentir que, aunque está frente a nosotros, realmente no está allí.
Consecuencias de escuchar únicamente para responder.
Cuando esta forma de comunicación se convierte en hábito, comienzan a aparecer problemas en las relaciones.
Surgen malentendidos porque respondemos a lo que creemos que la persona quiso decir y no necesariamente a lo que realmente expresó.
También puede aparecer frustración.
La persona piensa:
“No me entiende.”
“Siempre se defiende.”
“No puedo terminar de hablar.”
“Todo lo convierte en una discusión.”
Con el tiempo puede aparecer algo todavía más peligroso: el silencio emocional. Cuando una persona siente repetidamente que hablar no conduce a sentirse comprendida, puede comenzar a guardar aquello que piensa y siente.
Y una relación no siempre comienza a romperse cuando aparecen las discusiones.
A veces comienza a deteriorarse cuando alguien deja de intentar explicar lo que lleva dentro.
¿Cómo aprender a escuchar para comprender?
Haz silencio también por dentro
No basta con dejar de hablar.
Mientras la otra persona se expresa, intenta no construir inmediatamente tu respuesta.
Escucha primero.
Responde después.
Pregunta antes de interpretar
En lugar de afirmar:
“Entonces estás diciendo que…”
podemos preguntar:
“¿Lo que quieres decir es…?”
Una pequeña pregunta puede evitar una enorme discusión.
Aprende a validar sin necesariamente estar de acuerdo
Podemos decir:
“Entiendo por qué eso te hizo sentir así”
sin afirmar:
“Estoy de acuerdo con tu interpretación.”
La validación reconoce la experiencia emocional del otro; no exige renunciar a nuestra propia perspectiva.
Escucha también aquello que existe detrás de las palabras
Muchas veces detrás de una queja existe una necesidad.
Detrás de la ira puede existir frustración.
Detrás del silencio puede existir cansancio.
Detrás de una discusión puede existir una persona intentando decir:
“Necesito sentir que también soy importante para ti.”
Escuchar profundamente implica prestar atención no solamente a las palabras, sino también a la emoción y a la necesidad que intentan expresar.
Regula tus emociones antes de responder.
Cuando estamos emocionalmente activados podemos interpretar, responder y reaccionar impulsivamente.
No todas las conversaciones necesitan resolverse inmediatamente.
En ocasiones es más saludable reconocer:
“Quiero hablar de esto contigo, pero necesito organizar primero lo que estoy sintiendo para poder escucharte correctamente.”
Eso no necesariamente significa escapar de la conversación. Puede significar prepararnos para tenerla mejor.
Escuchar también es una forma de amar.
Tal vez una de las expresiones más profundas de respeto sea permitir que otra persona termine de mostrarnos su mundo antes de intentar explicarle el nuestro.
Escuchar verdaderamente requiere humildad.
Significa reconocer que quizás no conocemos toda la historia.
Que nuestra interpretación puede estar incompleta.
Que podemos aprender algo.
Y que incluso cuando existe desacuerdo, la persona que tenemos delante continúa mereciendo dignidad y respeto.
Las relaciones saludables no están formadas por personas que siempre piensan igual.
Están formadas por personas capaces de escucharse incluso cuando piensan diferente.
Por eso, antes de responder en nuestra próxima conversación difícil, podríamos hacernos una pregunta sencilla:
“¿Estoy escuchando para encontrar qué responder… o estoy escuchando para descubrir qué necesita que comprenda?”
Quizá entonces descubramos que algunas conversaciones nunca necesitaron un argumento mejor.
Necesitaban una escucha más profunda.
La Biblia resume este principio con una enseñanza extraordinariamente sencilla:
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”
Santiago 1:19 RVR1960.
Si necesitas apoyo psicológico o corporativo especializado
Te ofrezco acompañamiento profesional en:
Terapia individual: manejo emocional, ansiedad, autoestima, duelos y crecimiento personal.
Terapia de pareja: fortalecimiento del vínculo, comunicación y resolución de conflictos.
Apoyo corporativo: programas de bienestar laboral, gestión emocional y mejora del clima organizacional.
Capacitación en habilidades blandas: liderazgo empático, comunicación asertiva, inteligencia emocional y trabajo en equipo.
Dra. Elizabeth Rondón. Especialista en bienestar emocional, relaciones humanas y desarrollo organizacional.
Tlf. +57 3165270022
Correo electrónico: [email protected]
ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana y actualmente residente en Cali, Colombia, cuenta con una amplia trayectoria en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★¿ESCUCHAS PARA RESPONDER O PARA COMPRENDER?
- ★NADA PUEDE HERIR TANTO COMO TUS PROPIOS PENSAMIENTOS.
- ★EL TIEMPO NO SANA: TRANSFORMA A QUIEN APRENDE A HABITARLO.
- ★CUANDO UNA CARACTERÍSTICA TERMINA DEFINIENDO A TODA LA PERSONA: EFECTO HALO.
- ★PENSAMIENTO DICOTÓMICO: CUANDO LA MENTE SOLO VE BLANCO O NEGRO.

