
1. La medusa «inmortal» que podría rejuvenecer las células humanas.
Investigadores del Instituto de Biomedicina de Barcelona y el Centro Nacional de Análisis Genómico lograron publicar esta semana en PNAS el mapa genético completo de la Turritopsis dohrnii. Esta pequeña medusa se hizo famosa por su facultad de revertir su ciclo vital para recuperar un estado juvenil ante situaciones de peligro. Resulta este hallazgo uno de los avances más esperanzadores del año en biología del envejecimiento, abriendo nuevos caminos para tratar padecimientos por deterioro celular como Alzheimer, Parkinson o incluso ciertos cánceres. La Turritopsis dohrnii, apenas cuatro milímetros al ser adulta, fue hallada en el Mediterráneo a finales del siglo XIX. Aunque no fue hasta 1988 cuando investigadores italianos constataron su capacidad excepcional. Si sufre estrés físico, falta de alimento o cambios bruscos, esta medusa activa un mecanismo celular llamado transdiferenciación. Gracias a eso, sus células adultas se transforman en otras distintas y regresa al estado de pólipo; reiniciando así todo su ciclo de vida. Esto equivale, en la práctica, a una forma de inmortalidad biológica. El organismo no muere por causas naturales, sino solamente por enfermedad, accidente o depredación.
El estudio publicado recientemente descubrió que su genoma contiene variantes específicas en genes de reparación del ADN, protección contra el estrés oxidativo y mantenimiento de telómeros. Esos extremos protectores de los cromosomas se acortan con la edad, pero aquí la situación cambia. Dichos genes existen en los humanos, sin embargo, en la medusa presentan una actividad singularmente elevada. Descubrimos que la medusa activa rutas moleculares que en humanos permanecen silenciadas o funcionan apenas de forma limitada. Si logramos entender cómo las regula, podríamos diseñar terapias que reactiven mecanismos similares dentro de nuestras propias células, explica la doctora María Pascual-Torner, investigadora principal del estudio.
Las implicaciones para la medicina humana son prometedoras y múltiples. La posibilidad de reprogramar células adultas a un estado más joven, en primer lugar, podría revolucionar el tratamiento de enfermedades degenerativas. En lugar de reemplazar tejidos dañados por nuevos, los médicos estimularían al propio organismo para regenerarlos. Segundo, la comprensión de como la medusa evita el acortamiento telomérico abriría una vía contra el envejecimiento celular, un fenómeno que está en la base de numerosas patologías oncológicas o neurodegenerativas. Finalmente, las defensas antioxidantes extraordinariamente eficaces de esta especie sugieren aplicaciones en cosmética, tratamientos preventivos del cáncer de piel y terapias contra enfermedades inflamatorias crónicas.
España, sumado a Italia y Japón, lidera la investigación internacional sobre Turritopsis dohrnii. Recientemente, el equipo del IBB obtuvo una subvención de 4,2 millones de euros provenientes del Programa Horizonte Europa; durante cinco años, buscan aislar proteínas clave que regeneran tejidos y probar su eficacia en ratones. Los líderes del proyecto calculan que, de resultar positivo, los primeros ensayos en humanos comenzarán cerca del 2029. La comunidad científica se mantiene cauta, aunque ilusionada; «no buscamos la inmortalidad, sino comprender los mecanismos que la naturaleza perfeccionó por millones de años para mejorar la salud», concluye Pascual-Torner.
Este descubrimiento también abrió debates éticos y filosóficos sobre los límites de intervenir procesos biológicos fundamentales. Pese a esto, muchos expertos opinan que las investigaciones no hacen más que seguir la senda trazada por la penicilina o las vacunas: aprovechar el conocimiento natural para así prolongar la vida humana. Sea como sea, queda fuera de toda duda que esta diminuta medusa del Mediterráneo, olvidada por años, terminó siendo uno de los organismos más investigados del mundo, además de convertirse en una gran esperanza para la medicina de este siglo.
Mas allá de usos clínicos la investigación sobre Turritopsis dohrnii aporta innovaciones en sectores totalmente inesperados. Proteínas reparadoras del ADN halladas en la medusa son usadas por BioNova Tech empresa madrileña para crear sistemas que resguardan información genética en vuelos espaciales tripulados donde la radiación cósmica causa danos constantes al ADN astronauta. Además la Agencia Espacial Europea o ESA ha integrado a esta especie al programa BioRock analizando el comportamiento de organismos extremofilos en microgravedad mirando a futuras misiones marcianas. Definitivamente esta medusa prueba otra vez que la naturaleza tras miles de millones de años de evolución sigue siendo la mejor fuente inspiradora para la ciencia y la tecnología humana.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
CLAUDIA VALEAN CARPA
Inventora en España desde 2022 y profesional con sólida trayectoria en liderazgo, gestión estratégica y dirección de equipos. Con experiencia internacional vinculada al ámbito de la investigación y más de 17 años de experiencia en gestión profesional y desarrollo organizativo.
Comprometida con la excelencia, la innovación y el crecimiento continuo, considero que el liderazgo se construye a través de la perseverancia, la visión estratégica y la capacidad de generar valor en cada proyecto. Destaco por mi capacidad de organización, coordinación de equipos y orientación a resultados en entornos dinámicos y de alta responsabilidad.



















