Una onda Kelvin atrapada en la costa avanza actualmente hacia California y podría elevar el nivel del mar entre unos 15 y 30 centímetros durante los próximos meses. El fenómeno no es un tsunami ni una gigantesca ola visible desde la costa: se trata de una alteración oceánica de gran escala asociada al fortalecimiento de El Niño que puede elevar de manera persistente la altura del agua y aumentar el impacto de mareas altas, tormentas y nuevos episodios de oleaje sobre una costa que todavía se recupera de los daños provocados recientemente por el huracán Marie.
La preocupación adquiere especial importancia porque el litoral del sur de California ya sufrió daños considerables durante las últimas semanas. El fuerte oleaje asociado a Marie provocó inundaciones, erosión y pérdida de arena desde sectores del condado de Orange hasta Malibú. Laguna Beach, Dana Point y Carlsbad declararon emergencias locales debido al deterioro de sus costas, mientras que las autoridades también registraron daños en infraestructura próxima al océano.
En San Clemente, incluso las instalaciones ferroviarias de Metrolink quedaron expuestas al impacto de las olas y la erosión. En otros puntos, viviendas y vehículos sufrieron inundaciones y el retroceso de las playas dejó sectores costeros mucho más vulnerables frente a futuros episodios de oleaje. Los expertos consideran que las condiciones actuales constituyen un factor importante para evaluar el riesgo de los próximos meses.
¿Qué es exactamente esta “ola” que preocupa a California?
El término puede resultar engañoso. No se trata de una ola gigante que avance sobre las playas como un tsunami. Es una denominada onda Kelvin atrapada en la costa, un fenómeno oceánico que puede desplazarse durante miles de kilómetros y modificar temporalmente la altura de la superficie del mar.
Las ondas Kelvin asociadas con El Niño se generan cuando los cambios en los vientos del Pacífico permiten que grandes cantidades de agua cálida se desplacen hacia el este. Al alcanzar las costas de América, parte de esa energía continúa desplazándose hacia el norte, siguiendo el contorno continental. De esta manera, una perturbación originada en el Pacífico tropical puede terminar influyendo sobre el nivel del mar frente a California.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) explica que estas ondas pueden producir aumentos del nivel del mar del orden de 15 centímetros, medibles tanto mediante mareógrafos como mediante satélites. Los científicos ya están siguiendo varias de estas señales oceánicas mientras avanzan hacia la costa oeste estadounidense.
La llegada está prevista para comienzos de octubre
Según los investigadores citados por Infobae y medios locales, la onda se encontraba frente a la costa occidental de México y debía ingresar al golfo de California alrededor de mediados de septiembre. Desde allí avanzaría por el contorno del golfo y posteriormente continuaría hacia el norte por la costa de Baja California.
Los cálculos disponibles sitúan su llegada al área de San Diego a finales de septiembre o comienzos de octubre, seguida por su avance hacia Los Ángeles y posteriormente hacia sectores del centro y norte de California. La fecha exacta todavía presenta incertidumbre, porque depende de la trayectoria y velocidad de la perturbación oceánica.
Dillon Amaya, investigador especializado en ciencias marinas, explicó que estas ondas pueden recorrer aproximadamente 24.945 kilómetros desde el Pacífico ecuatorial occidental hasta el golfo de Alaska y tardar alrededor de 120 días en completar ese recorrido.
El verdadero peligro está en la combinación de fenómenos
Por sí sola, una elevación de aproximadamente 15 centímetros puede parecer pequeña. El problema aparece cuando ese incremento se suma a otros factores.
Si el nivel de referencia del océano ya se encuentra más alto y posteriormente llega una marea especialmente elevada, una tormenta, un fuerte oleaje o una nueva marejada, el agua puede alcanzar zonas que normalmente permanecen secas. La misma tormenta que en otras circunstancias produciría daños limitados puede entonces provocar una inundación costera mucho mayor.
Especialistas citados por Infobae señalaron que cuando el nivel del agua se encuentra unos 30 centímetros por encima de lo esperado, el efecto sobre las comunidades costeras puede ser considerable.
La propia NOAA está siguiendo el fenómeno precisamente por esta razón. La agencia advierte que las ondas Kelvin costeras asociadas con El Niño pueden tener efectos relativamente pequeños en condiciones normales, pero que el impacto esperado durante el otoño y el invierno de 2026-2027 podría ser mayor.
California todavía está recuperándose del huracán Marie
El riesgo llega en un momento particularmente delicado. El oleaje generado por Marie ya produjo una fuerte erosión en distintos sectores de la costa. En algunas comunidades, las playas perdieron cantidades importantes de arena y las olas llegaron hasta estructuras que habitualmente permanecen protegidas.
En Laguna Beach, Dana Point y Carlsbad se activaron mecanismos de emergencia. Carlsbad, además, adoptó medidas para proteger Carlsbad Boulevard, una vía costera especialmente expuesta al avance del mar.
La erosión también modificó el perfil de algunas playas. Esto es importante porque la arena funciona como una barrera natural frente al oleaje: cuando desaparece una parte considerable de ella, las olas pueden alcanzar con mayor facilidad acantilados, carreteras, viviendas e infraestructura.
Un episodio reciente ya mostró esa vulnerabilidad. En Long Beach, por ejemplo, las olas alcanzaron viviendas y sectores urbanos después de combinarse el oleaje generado por Marie con una marea de aproximadamente seis pies.
El Niño se está fortaleciendo
El fenómeno oceánico no está ocurriendo de manera aislada. El Niño 2026-2027 se encuentra en una fase de fortalecimiento, según la actualización oficial del Centro de Predicción Climática de NOAA del 10 de septiembre.
Las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial oriental ya presentaban anomalías superiores a +3 °C en algunas regiones. El índice Niño 3.4 alcanzó +1,8 °C, mientras que Niño 3 y Niño 1+2 llegaron a +2,5 °C y +3,4 °C, respectivamente. NOAA estima además una probabilidad superior al 90% de que se produzca un episodio muy fuerte durante el otoño e invierno boreales.
La agencia calcula también que existe un 75% de probabilidad de que el episodio octubre-diciembre alcance una intensidad histórica, definida en su análisis como un valor RONI de +2,5 °C o superior, superando la intensidad de eventos registrados desde 1950. Esto es una previsión probabilística, no una certeza sobre cómo se comportará cada región.
Podrían aparecer nuevas ondas
El escenario merece atención porque El Niño no necesariamente produce una única onda Kelvin. Durante episodios fuertes pueden desarrollarse varias perturbaciones oceánicas que posteriormente se desplazan hacia las costas de América.
NOAA señala que las ondas que llegaron a California durante mayo y junio tuvieron efectos relativamente modestos, pero los científicos esperan que las ondas que se desarrollen durante el otoño y el invierno tengan mayor relevancia para la costa oeste.
Eso significa que la situación no debe interpretarse únicamente como un episodio de unos días. Si continúan generándose nuevas ondas y coinciden con tormentas, mareas altas y fuerte oleaje, California podría enfrentar períodos repetidos de mayor vulnerabilidad costera.
¿Qué puede ocurrir en las ciudades costeras?
Los principales riesgos son inundaciones costeras, erosión acelerada de playas, daños en viviendas próximas al litoral, afectación de carreteras, infraestructura ferroviaria y puertos, además de posibles problemas en servicios públicos ubicados cerca de la costa.
Las zonas bajas son especialmente sensibles porque una elevación relativamente pequeña del nivel del agua puede hacer que el océano avance más tierra adentro durante las mareas altas. La situación puede complicarse todavía más si coincide con una tormenta invernal.
La NOAA y las autoridades costeras de California también vigilan el fenómeno porque el estado ya está experimentando los efectos de un nivel del mar que ha aumentado durante el último siglo. La combinación entre el aumento permanente del nivel oceánico y fenómenos temporales como las ondas Kelvin hace que determinados episodios extremos tengan una capacidad de inundación mayor que en el pasado.
Las mareas altas serán otro factor decisivo
California también presta atención a las llamadas King Tides, las mareas astronómicamente más altas del año. El calendario estatal para 2026 señala episodios importantes entre el 24 y el 26 de noviembre y nuevamente entre el 23 y el 25 de diciembre.
Si el nivel medio del océano permanece elevado durante esos períodos, las mareas altas pueden producir inundaciones en lugares que normalmente no sufren ese problema. Y si, además, coinciden con tormentas, el riesgo puede aumentar significativamente.
Por eso los científicos insisten en que la onda Kelvin no debe entenderse como un desastre inevitable, sino como un factor adicional que modifica el nivel de partida del océano. La magnitud final de los daños dependerá de cómo coincidan este fenómeno con mareas, tormentas, oleaje y condiciones locales de cada tramo de costa.
Una advertencia que llega después de los primeros daños
California enfrenta así una situación particularmente delicada: la costa ya fue golpeada por un episodio de oleaje extremo y ahora se prepara para recibir una perturbación oceánica que podría mantener elevado el nivel del mar durante semanas o meses.
El fenómeno será prácticamente invisible para quienes se encuentren en la playa. No habrá una gigantesca pared de agua avanzando hacia las ciudades. Lo que cambiará será algo mucho más sutil: la altura desde la que parten las mareas y las tormentas.
Ese pequeño aumento puede ser suficiente para transformar una inundación moderada en una emergencia, acelerar la erosión de una playa debilitada o acercar el océano a viviendas e infraestructura que ya quedaron expuestas por el reciente oleaje.
Por ahora, los científicos continúan siguiendo la onda mediante satélites, modelos oceánicos y estaciones de medición. La llegada a California se espera alrededor de comienzos de octubre, pero la intensidad exacta y sus consecuencias locales dependerán de la evolución del fenómeno y de las condiciones meteorológicas que encuentre en el camino.
California entra así en el otoño con una costa ya debilitada y un océano que podría permanecer anormalmente elevado. La próxima amenaza no será una ola gigantesca visible desde el horizonte, sino una alteración lenta y persistente del nivel del mar que podría hacer que las próximas tormentas y mareas lleguen más lejos de lo habitual.
Foto: Reuters / Dan Levine
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