Bolivia inició las pruebas de producción del pozo Montecristo-9, ubicado en Okinawa, en la provincia Warnes del departamento de Santa Cruz, en un proyecto que el Gobierno presenta como una apuesta para recuperar la producción nacional de gas y líquidos. El pozo será evaluado mediante tecnología de estimulación hidráulica debido a las características de baja permeabilidad de su reservorio, mientras YPFB busca determinar cuánto puede producir realmente la estructura.
El proyecto está a cargo de YPFB Chaco, subsidiaria de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, y contempla una inversión estimada oficialmente en US$12 millones para la terminación y prueba de producción. La iniciativa busca evaluar el potencial de gas y condensado de las formaciones Huamampampa y Los Monos, ambas de edad devónica.
La particularidad técnica del Montecristo-9 está en su reservorio. Según el presidente de YPFB, Sebastián Daroca, se trata de una formación de baja permeabilidad, por lo que se requiere estimulación hidráulica para determinar su verdadero potencial productivo. Los trabajos comenzaron el 14 de agosto y fueron realizados por etapas antes de entrar en la actual fase de evaluación.
El objetivo inicial es conocer el comportamiento del pozo y determinar si la estructura puede convertirse en una fuente comercial de producción. Las primeras expectativas ubicaban el potencial del MTC-9 entre 3 y 6 millones de pies cúbicos diarios de gas, aunque será la prueba de producción la que permita establecer con mayor precisión su capacidad efectiva.
Una apuesta en medio del déficit energético
El interés del Gobierno por Montecristo está directamente relacionado con la situación energética que atraviesa Bolivia. El país pasó de ser un importante exportador regional de gas natural a depender cada vez más de las importaciones de hidrocarburos. Según datos citados por EFE, Bolivia importa actualmente alrededor del 60% de la gasolina y el 95% del diésel que consume, mientras persisten problemas de abastecimiento y largas filas en estaciones de servicio.
En ese contexto, el Ejecutivo sostiene que aumentar la producción nacional permitiría reducir parte de los recursos destinados a comprar combustibles en el exterior. El presidente Rodrigo Paz vinculó directamente el proyecto con la necesidad de recuperar reservas, elevar la extracción y generar recursos internos para financiar otras áreas de la economía.
La expectativa oficial es considerable. Paz afirmó que Montecristo podría convertirse en un proyecto piloto para desarrollar una estructura de mayor escala y planteó que, si los resultados técnicos y económicos son favorables, una inversión futura de hasta US$1.600 millones podría permitir desarrollar más de 90 campos. Esta proyección, sin embargo, depende de que las pruebas confirmen el potencial del yacimiento y de que posteriormente existan condiciones técnicas, financieras y económicas para replicar el modelo.
La comparación con Vaca Muerta
Durante la presentación, Paz comparó las características geológicas de Montecristo con Vaca Muerta, en Argentina, una de las formaciones de hidrocarburos no convencionales más importantes de Sudamérica. La comparación fue utilizada para explicar el potencial que el Gobierno atribuye a estructuras bolivianas que hasta ahora no han sido explotadas mediante tecnologías de estimulación similares.
Sin embargo, especialistas citados por medios bolivianos han advertido que la utilización de estimulación hidráulica no permite automáticamente calificar al proyecto como un caso de “fracking” en el sentido convencional del término. La técnica pertenece a la misma familia tecnológica, pero se necesita conocer con mayor detalle el diseño, la presión aplicada, los volúmenes utilizados y las características específicas de la operación para determinar exactamente qué modalidad se está empleando.
Este punto adquiere importancia porque la técnica genera un debate ambiental y energético en torno al uso de agua, la gestión de los fluidos utilizados y los controles necesarios para evitar impactos sobre el entorno. En Montecristo, la fase actual es precisamente una etapa de prueba destinada a determinar si la tecnología permite obtener una producción suficiente que justifique avanzar hacia un desarrollo de mayor escala.
Una tecnología para campos que todavía contienen gas
El Gobierno también plantea que Montecristo podría servir como referencia para otros campos bolivianos. Paz sostuvo que existen campos maduros que todavía poseen gas, pero cuya extracción se ha visto limitada por la falta de tecnología adecuada.
Desde esta perspectiva, el proyecto no se limita a descubrir una nueva reserva. La estrategia consiste también en utilizar nuevas tecnologías para recuperar hidrocarburos que permanecen en formaciones conocidas pero que presentan dificultades para ser extraídos comercialmente.
Para YPFB, el resultado de Montecristo será determinante. Si la estimulación consigue aumentar significativamente el flujo de hidrocarburos y los costos resultan viables, la experiencia podría servir como modelo para otras estructuras. Si la producción no alcanza los niveles esperados, el alcance de la estrategia tendrá que ser reevaluado.
El resultado que Bolivia espera
El Gobierno ha estimado que el desarrollo del proyecto podría contribuir a elevar en aproximadamente 13% la oferta nacional de gas natural y 40% la disponibilidad de combustibles líquidos, cifras que corresponden a las proyecciones oficiales presentadas para el proyecto y que todavía deberán contrastarse con los resultados efectivos de producción.
Por eso, el dato más importante todavía está pendiente: cuánto gas y condensado podrá entregar realmente Montecristo-9 después de completar las pruebas. La etapa actual permitirá medir presión, comportamiento del reservorio, caudal y respuesta de la formación a la estimulación aplicada.
El proyecto se convierte así en una prueba tecnológica y económica para Bolivia. Después de años de caída de la producción de gas y de creciente dependencia de combustibles importados, Montecristo representa un intento de abrir una nueva etapa basada en tecnología, recuperación de reservas y atracción de inversión.
Si los resultados confirman el potencial esperado, Montecristo-9 podría convertirse en un referente para la explotación de nuevas estructuras hidrocarburíferas en Bolivia. Pero por ahora, las cifras de producción anunciadas por el Gobierno deben entenderse como objetivos y proyecciones: la verdadera dimensión del yacimiento será determinada por las pruebas que YPFB acaba de poner en marcha.
Foto: YPFB / Infobae
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