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Carlos Sadir ya no controla por sí solo el calendario político de Jujuy. Gerardo Morales regresó de China, volvió a meterse de lleno en el armado radical y reabrió una vieja lógica que conoce bien: construir poder provincial mirando simultáneamente Buenos Aires y el tablero internacional. Su retorno es un hecho; también lo es su intervención directa en la discusión de candidaturas dentro de la UCR. A partir de allí, la elección jujeña deja de ser una simple disputa local y pasa a depender de tres grandes incógnitas: cuánto poder conservará Milei, qué hará el peronismo con Sergio Massa y Axel Kicillof, y cuánto pesará Donald Trump sobre la derecha latinoamericana.
Trump importa porque Milei construyó parte de su identidad internacional alrededor de esa alianza ideológica. Pero el propio presidente estadounidense llega a octubre con dificultades domésticas y una elección legislativa compleja, mientras en Brasil el bolsonarismo sigue siendo un actor decisivo. Para un gobernador como Sadir, esa fotografía no es decorativa: una derecha continental fortalecida podría darle aire a Milei; una secuencia adversa podría acelerar la búsqueda de gobernadores y dirigentes por un sistema de alianzas más amplio. Por eso adelantar demasiado una elección provincial significaría jugar antes de saber cuál será el viento nacional. Jujuy puede elegir antes que la Nación, pero no puede abstraerse de ella.
Morales comprende especialmente esa lógica porque ya la utilizó. En 2015 construyó en Jujuy una alianza que recibió respaldo de Sergio Massa y del Frente Renovador; el propio Massa recorrió la provincia para apoyar su candidatura y ambos mantuvieron durante años una relación política fluida. Hoy Morales está nuevamente en Jujuy y volvió a conducir personalmente parte del armado radical einstancias con aliados. La tesis de que ya ejecuta una negociación específica para una candidatura presidencial de Sergio Tomás Massa forma parte de la lectura política que circula alrededor de esos movimientos, pero todavía no existe una confirmación pública que permita presentarla como acuerdo cerrado, pero ese caminó ya lo siguió Gerardo Morales en el 2015 y le dió la gobernación.
El tablero nacional ayuda a entender por qué esa hipótesis tiene lógica política. En el peronismo, hay una competencia entre Massa y Kicillof y señala que la eliminación o continuidad de las PASO puede alterar por completo el mecanismo para resolver una candidatura. Tanto a Massa, como a CFK les conviene la eliminación de las PASO para doblegar a Kicillof. Del otro lado, el gobierno nacional también discute acelerar la eliminación de las primarias para ordenar acuerdos con gobernadores y fortalecer la reelección de Milei. Ahí está la llave de Jujuy: si Sadir pretende conservar el poder provincial y después tener capacidad de negociación nacional, necesita una fórmula más amplia que una repetición puramente radical. La búsqueda de un vice con origen peronista, inserción territorial o vínculos con el sector privado tendría entonces una función concreta: actuar como puente hacia el escenario nacional que emerja después.
La Libertad Avanza también enfrenta su propia tensión. Martín Menem explicitó que su objetivo no es cerrar cualquier alianza para ganar una elección, sino construir un proyecto para los “próximos 40 años”, aun a costa de resignar acuerdos inmediatos con gobernadores. El sector menemista imagina un horizonte hacia 2031 y la posibilidad de que un Menem vuelva a competir por la Presidencia. Para Jujuy esto importa porque explica por qué las candidaturas libertarias locales no necesariamente se resuelven sólo por conveniencia electoral inmediata, en esta perspectiva Crisitina Guzmán se ve como favorita a ser la candidata por el espacio libertario, hecho que también le resulta útil sobre todo al senador Ezequiel Atauche.
Así, Sadir necesita algo más que ganar temprano. Necesita construir gobernabilidad para después. Jujuy tiene seis bancas en Diputados y cualquier gobernador necesitará interlocución nacional cualquiera sea el presidente desde 2027. Si Milei conserva fuerza, deberá negociar con ese poder; si el peronismo se reorganiza alrededor de Massa, Kicillof u otra síntesis, también. La izquierda aparece como el espacio menos condicionado por esas bendiciones externas, aunque eso no determina por sí solo su capacidad electoral. La gran novedad sigue estando fuera de todas las estructuras: una sociedad cansada de salarios bajos, empleo frágil, incertidumbre y repetición de dirigentes.
Por eso el verdadero movimiento de Morales no debe leerse sólo como una interna radical. Su regreso reactiva una forma de construcción política que ya utilizó: sumar actores distintos para ampliar poder provincial y conservar puentes nacionales. Sadir administra el gobierno; Morales volvió a intervenir en el tablero. Massa reaparece como un nombre central del peronismo; Milei mira a Trump y al resultado de su propia economía; los Menem piensan más allá de una elección. Y mientras todos calculan 2027, Jujuy sigue esperando algo más elemental: que la política deje de organizarse únicamente alrededor de quién controla el poder y empiece a explicar qué piensa hacer con él.
JUJUY NECESITA UN PACTO POR LA PREVENCIÓN: MENOS ACCIDENTES, MÁS PRODUCTIVIDAD Y MÁS VIDA
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