El acuerdo comercial entre el MERCOSUR y la Unión Europea comenzó a producir efectos concretos desde el 1 de mayo de 2026, y los primeros datos muestran un incremento importante de las exportaciones hacia el mercado europeo. Sin embargo, detrás del crecimiento general existe una realidad desigual entre los cuatro socios del bloque: Argentina y Uruguay están aprovechando especialmente el espacio agroindustrial, Paraguay busca ampliar su presencia y Brasil, pese a ser la mayor economía y el principal productor de carne del MERCOSUR, enfrenta una barrera que golpea precisamente a uno de sus productos estratégicos: la carne bovina.
El Acuerdo Interino de Comercio MERCOSUR–Unión Europea comenzó a aplicarse provisionalmente el 1 de mayo de 2026, después de que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay completaran sus procedimientos internos. El instrumento puso en marcha reducciones arancelarias y cuotas preferenciales, aunque el acuerdo definitivo todavía requiere completar sus procesos de ratificación.
La magnitud del mercado ayuda a entender la importancia de este proceso. El espacio comercial reúne aproximadamente 720 millones de consumidores y un PIB combinado superior a US$ 22 billones, convirtiéndose en una de las mayores áreas comerciales vinculadas al MERCOSUR.
Brasil: el crecimiento existe, pero la carne quedó atrapada
Brasil presenta un dato particularmente llamativo. Entre enero y septiembre de 2026, sus exportaciones hacia la Unión Europea alcanzaron US$ 44.150 millones, un aumento de 20% respecto del mismo período de 2025. Solo en septiembre, las ventas brasileñas al bloque crecieron 60,1%, hasta US$ 6.950 millones.
Esto significa que la relación comercial Brasil–Europa está creciendo con fuerza y que sería incorrecto afirmar que el bloqueo de productos animales paralizó el comercio bilateral.
El problema está en la composición de ese crecimiento.
En septiembre, entre los principales productos exportados por Brasil a la UE destacaron petróleo, minerales de cobre, derivados de soja, soja y combustibles. El petróleo crudo, por ejemplo, representó más de US$ 2.300 millones de las ventas brasileñas al bloque durante ese mes.
Es decir, Brasil está aumentando sus exportaciones hacia Europa, pero ese crecimiento está ocurriendo fundamentalmente en otros sectores mientras una parte estratégica de su cadena agroexportadora permanece bloqueada.
La carne bovina es el caso más sensible.
La carne brasileña es la gran excepción
Desde el 3 de septiembre, la Unión Europea suspendió la entrada de productos de origen animal procedentes de Brasil debido a cuestionamientos europeos sobre los mecanismos brasileños de control y trazabilidad del uso de determinados antimicrobianos. La medida alcanzó inicialmente carne bovina, de pollo y porcina, además de miel, pescado y huevos.
No se trata de que Europa haya declarado que la carne brasileña es peligrosa o contaminada. La disputa está relacionada con la capacidad de Brasil para demostrar que toda la cadena productiva cumple las exigencias europeas sobre determinados antimicrobianos.
El impacto económico potencial es considerable. La Agencia Brasil estimó que el bloqueo podía afectar hasta US$ 2.000 millones anuales en exportaciones brasileñas de productos de origen animal. Dentro de ese conjunto, la carne bovina representa aproximadamente US$ 1.700 millones según los datos utilizados por la publicación.
Otros datos muestran la dimensión del problema: solamente entre enero y julio de 2026 Brasil había enviado a la UE casi 64.000 toneladas de carne bovina, por un valor superior a US$ 562 millones.
Por eso, aunque el comercio brasileño con Europa esté creciendo, la carne vacuna brasileña es uno de los productos del MERCOSUR que más ha sufrido el nuevo escenario comercial.
Y el problema puede durar mucho más que unos meses
La situación de la carne bovina es especialmente complicada porque la Unión Europea exige garantías de trazabilidad durante todo el ciclo de vida del animal, desde el nacimiento hasta el sacrificio.
A diferencia de la carne de pollo, cuyo ciclo productivo puede durar unas pocas semanas, un bovino destinado a cumplir completamente con el nuevo sistema puede necesitar alrededor de dos años antes de llegar al frigorífico. Autoridades sanitarias europeas incluso han señalado que el retorno de la carne bovina brasileña al mercado podría no producirse antes de ese período si se exige que los animales hayan permanecido bajo el nuevo sistema durante toda su vida.
La Comisión Europea dio recientemente una señal positiva para pollo y miel, proponiendo la reincorporación de Brasil como proveedor autorizado después de auditorías consideradas satisfactorias. Pero esa eventual reapertura no incluye por ahora la carne bovina, que continúa enfrentando un proceso mucho más complejo.
Esto genera una paradoja: el acuerdo MERCOSUR–UE está funcionando comercialmente, pero uno de los principales productos brasileños que debía beneficiarse de la apertura permanece fuera del mercado.
Argentina aparece como una de las grandes beneficiadas
La situación argentina es diferente.
Durante los primeros cuatro meses de aplicación del acuerdo, entre mayo y agosto, las exportaciones agroindustriales argentinas hacia la Unión Europea alcanzaron US$ 1.922 millones, un incremento del 21% frente al promedio de los mismos meses de los tres años anteriores. Pero el dato más significativo aparece cuando se observan exclusivamente los productos que recibieron reducciones arancelarias con el acuerdo: allí el crecimiento llegó al 44%.
La carne bovina argentina registró un incremento de 50% en el valor exportado a la UE durante ese período. También crecieron fuertemente los productos pesqueros, cítricos, ovinos, apícolas y alimentos para animales.
Por lo tanto, Argentina no solamente está aumentando sus ventas: algunos de los sectores directamente favorecidos por las nuevas condiciones comerciales ya están mostrando resultados superiores al crecimiento general.
Uruguay también encuentra una oportunidad estratégica
Uruguay llega a esta nueva etapa con una posición particularmente fuerte en el mercado europeo.
La Unión Europea ya era uno de sus principales destinos y la carne bovina constituye uno de los productos centrales de esa relación. En 2025, Uruguay exportó a la UE aproximadamente US$ 596 millones en carne bovina, frente a US$ 372 millones en 2024.
Durante 2026 también se observa una demanda europea importante. En junio, las exportaciones uruguayas hacia la Unión Europea alcanzaron US$ 175 millones, un crecimiento interanual de 20%. En julio, la agencia Uruguay XXI destacó que las compras europeas aumentaron 42%.
Esto coloca a Uruguay en una posición particularmente interesante mientras Brasil permanece parcialmente excluido.
La propia herramienta oficial de Uruguay XXI identifica a la carne bovina como uno de los sectores con mayor potencial bajo el acuerdo, junto con arroz, carne aviar, cítricos, madera, miel, productos del mar y otros productos agroindustriales.
¿Y Paraguay?
Paraguay parte de una posición diferente.
El país todavía tiene una participación menor en el mercado europeo de carne frente a Brasil, Argentina y Uruguay. Los datos disponibles muestran que en 2025 Paraguay exportó alrededor de US$ 37 millones en carne bovina a la Unión Europea, frente a US$ 720 millones de Argentina, US$ 638 millones de Brasil y US$ 462 millones de Uruguay, considerando las principales importaciones europeas del sector.
Pero precisamente allí puede encontrarse una oportunidad.
El acuerdo no solamente beneficia a los grandes exportadores. La reducción de aranceles y las nuevas cuotas pueden permitir que Paraguay aumente progresivamente su participación si logra mejorar certificaciones, trazabilidad, escala, logística y posicionamiento de su carne.
El desafío paraguayo será convertir el acceso preferencial en presencia efectiva en los supermercados y compradores europeos.
Una disputa que también redistribuye oportunidades dentro del MERCOSUR
La situación brasileña está comenzando a producir un efecto que va más allá de la relación bilateral con Europa.
Una propuesta analizada dentro del Foro MERCOSUR de la Carne plantea cómo distribuir las cuotas europeas si Brasil permanece temporalmente fuera del mercado. En ese escenario, Argentina y Uruguay podrían obtener una participación mayor, mientras Paraguay intenta defender una distribución más equilibrada entre los cuatro socios.
Aquí aparece uno de los puntos políticos más delicados del nuevo acuerdo.
La apertura europea fue negociada para el MERCOSUR como bloque, pero las restricciones sanitarias se aplican país por país. Por eso, una dificultad brasileña puede terminar convirtiéndose en una oportunidad comercial para sus socios.
No significa que Argentina, Uruguay o Paraguay estén “reemplazando” inmediatamente a Brasil. Las cadenas de producción, cortes, certificaciones y contratos son diferentes. Pero sí significa que los compradores europeos disponen de alternativas dentro del propio MERCOSUR.
La carne: el producto que mejor muestra la contradicción
El acuerdo europeo contempla una cuota conjunta de 99.000 toneladas de carne bovina del MERCOSUR con un arancel de 7,5%, distribuida progresivamente. La Comisión Europea aclara que no se trata de acceso ilimitado ni libre de aranceles y que las importaciones estarán sujetas a las normas sanitarias europeas.
El volumen acordado equivale a una fracción relativamente pequeña de la producción total del MERCOSUR, pero tiene un valor estratégico porque Europa es un mercado de alto poder adquisitivo y demanda cortes específicos de mayor valor.
Y allí aparece la paradoja central:
El MERCOSUR consiguió finalmente el acuerdo comercial que buscó durante décadas, pero Brasil, su principal productor de carne bovina, no está pudiendo aprovechar plenamente esa apertura justamente en el momento en que sus competidores regionales tienen la posibilidad de ganar espacio.
Europa crece como destino, pero no todos crecen de la misma manera
Los primeros meses de funcionamiento permiten entonces sacar una conclusión más precisa que la presentada por el dato general del aumento de las exportaciones.
Sí, el acuerdo MERCOSUR–UE ya está funcionando. Sí, las exportaciones hacia Europa están aumentando. Pero sus beneficios no se distribuyen de manera uniforme entre países ni productos.
Argentina registra un fuerte crecimiento de sus exportaciones agroindustriales y un avance particularmente pronunciado en productos favorecidos por las nuevas preferencias. Uruguay está consolidando su posición en carne y otros productos agroindustriales. Paraguay tiene ante sí un mercado mucho mayor que puede aprovechar si logra profundizar su inserción. Brasil, en cambio, mantiene un crecimiento robusto de sus exportaciones generales hacia Europa, pero enfrenta una pérdida temporal de acceso precisamente en una de sus cadenas agroexportadoras más importantes.
Por eso, decir que “Europa está comprando 30% más” cuenta solamente una parte de la historia. La otra es mucho más importante para el futuro del MERCOSUR: mientras el acuerdo abre la puerta europea, la carne brasileña permanece del lado de afuera, y Argentina, Uruguay y Paraguay observan una oportunidad que hasta hace pocos meses parecía mucho más difícil de alcanzar.
Foto: Reuters / Archivo
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, originario de Goiás, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur y Director General de Radio Mercosur. Es miembro de la Asociación Brasileña de Prensa (ABI) y desarrolla su trayectoria en el periodismo internacional, el Mercosur, la integración regional, la geopolítica y los derechos humanos. Cuenta con un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y un Doctorado Honoris Causa.
También fue Director General del Comité Paraguay de la Cámara de Industria y Comercio del Mercosur y las Américas. Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México, recibido en 2021, y el reconocimiento como Amigo de la Niñez y la Adolescencia otorgado por Plan International Paraguay.
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