
Según datos del Ministerio del Medio Ambiente, Chile genera cerca de 220.000 toneladas de basura electrónica (RAEE) al año, equivalente a más de 10 kilos por habitante.
Esta cifra sitúa al país como el mayor generador de basura electrónica de América Latina en términos per cápita.
A pesar de este volumen, apenas el 4,1% de estos residuos es reciclado, mientras que el resto queda almacenado, termina en circuitos informales o se pierde sin trazabilidad sobre su destino final.
El problema se multiplica en las oficinas
Gran parte de estos residuos permanece durante años en espacios corporativos.
Notebooks obsoletas, teléfonos antiguos, monitores fuera de uso, impresoras averiadas y cajas llenas de cables suelen acumularse en depósitos y bodegas sin una estrategia clara de gestión.
Según especialistas del sector, muchas empresas conservan estos equipos por precaución o porque desconocen cómo disponerlos correctamente.
Esta situación genera no solo un problema ambiental, sino también costos asociados al uso de espacio físico y a la gestión interna de los activos tecnológicos.
Un “Diógenes corporativo” tecnológico
Desde la gestora ambiental Bendito Residuo describen este fenómeno como una especie de acumulación empresarial involuntaria.
Su gerente comercial, Juan Ianchina, señala que el cierre de año suele ser el momento en que aparecen equipos guardados durante largos períodos.
Mudanzas de oficinas, reorganizaciones internas o cierres de sucursales suelen dejar al descubierto grandes cantidades de equipamiento obsoleto que permaneció almacenado durante años sin una solución definida.
La empresa informó que durante 2025 gestionó 1.428 toneladas de residuos, una cifra que representa un incremento del 44% respecto de 2023.
Un riesgo adicional: la información almacenada
Más allá del impacto ambiental, existe un aspecto menos visible pero igualmente importante.
Muchos dispositivos electrónicos contienen información sensible.
Discos duros, computadores y teléfonos corporativos pueden almacenar:
- Contratos.
- Bases de datos de clientes.
- Información financiera.
- Correos electrónicos.
- Datos personales de trabajadores.
Si estos equipos son descartados o vendidos sin una eliminación segura de la información, los datos pueden quedar expuestos y generar riesgos de seguridad y privacidad.

La Ley REP comienza a exigir cambios
En mayo fue publicado el decreto correspondiente a la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para pilas y aparatos eléctricos y electrónicos.
La normativa establece metas progresivas de recolección y valorización de residuos electrónicos.
Los objetivos comienzan con un 3% de recuperación y aumentarán gradualmente hasta alcanzar un 45% al décimo año de implementación.
Estas obligaciones comenzarán a aplicarse a partir de 2028.
Mientras tanto, gran parte de los residuos electrónicos continúa sin ingresar a circuitos formales de reciclaje.
Qué hacer con los equipos en desuso
Los especialistas recomiendan que empresas e instituciones comiencen a preparar sus sistemas de gestión de residuos electrónicos antes de que las nuevas exigencias entren en vigor.
Entre las acciones sugeridas figuran:
- Realizar un inventario de equipos fuera de uso.
- Identificar dispositivos con información sensible.
- Eliminar los datos mediante procedimientos certificados.
- Exigir trazabilidad sobre el destino final de los materiales.
- Priorizar gestores autorizados para la recuperación y reciclaje.
La correcta gestión de estos residuos permite reducir impactos ambientales y disminuir riesgos asociados a la seguridad de la información.
La economía circular como oportunidad
La basura electrónica contiene materiales que pueden reincorporarse a nuevas cadenas productivas.
Metales, plásticos, componentes electrónicos y otros elementos poseen valor económico y pueden recuperarse mediante procesos adecuados de reciclaje.
Por ello, especialistas consideran que avanzar hacia sistemas más eficientes de recolección y valorización resulta clave para fortalecer modelos de economía circular y reducir la presión sobre los recursos naturales.
Un desafío ambiental en crecimiento
El aumento constante del consumo tecnológico y la aceleración de los ciclos de renovación de dispositivos plantean un desafío cada vez mayor para las ciudades y empresas.
Mientras Chile avanza hacia la implementación de nuevas obligaciones bajo la Ley REP, los expertos coinciden en que la planificación temprana será fundamental para evitar que miles de toneladas de equipos continúen acumulándose sin control.
La transición hacia una gestión más responsable de los residuos electrónicos no solo permitirá reducir impactos ambientales. También contribuirá a mejorar la seguridad de la información, optimizar recursos y fomentar una economía más circular y sostenible.
https://noticiasambientales.com/residuos/datos-alarmantes-chile-genera-220-000-toneladas-de-basura-electronica-al-ano-y-solo-recicla-el-41/
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