Venezuela enfrenta ahora una segunda etapa de la tragedia provocada por los terremotos del 24 de junio: la reconstrucción. Una evaluación internacional presentada esta semana calcula que el país necesitará hasta US$21.000 millones para recuperar las zonas afectadas, reconstruir infraestructura, atender a las familias damnificadas y reducir el riesgo de nuevos desastres. El diagnóstico establece además que los dos grandes sismos dejaron daños y pérdidas estimados en US$14.831 millones en siete estados venezolanos.
Los terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, golpearon el norte de Venezuela el 24 de junio y provocaron una de las mayores emergencias recientes del país. La evaluación posterior al desastre, conocida como PDNA, fue elaborada bajo el liderazgo del Gobierno venezolano junto con las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial, con acompañamiento técnico del Banco Interamericano de Desarrollo y CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.
El cálculo de US$21.000 millones no representa simplemente el costo de reparar edificios destruidos. El concepto de recuperación incorpora también medidas para reconstruir con mayores estándares de seguridad, reforzar la infraestructura y disminuir la vulnerabilidad frente a futuros terremotos. El PNUD explicó que el estudio analiza los efectos sobre los sectores sociales, productivos y de infraestructura, además de otros impactos transversales.
La dimensión de la destrucción también puede observarse en las viviendas. Según el último balance oficial difundido el 24 de agosto, existen 14.239 viviendas con afectaciones moderadas y otras 11.001 con daños graves. Para miles de familias, por lo tanto, la emergencia no terminó cuando cesaron los movimientos sísmicos: continúa en forma de pérdida de vivienda, desplazamiento y necesidad de reconstrucción.
El impacto económico ya había sido objeto de diferentes estimaciones. En julio, el Banco Mundial calculó en US$19.600 millones los daños físicos directos, de los cuales aproximadamente US$9.300 millones correspondían a viviendas, US$5.200 millones a infraestructura y US$5.000 millones a edificios no residenciales. La nueva evaluación del PDNA utiliza una metodología más amplia para determinar las necesidades de recuperación y reconstrucción, por lo que ambas cifras no deben interpretarse como cálculos idénticos.
También existe una diferencia importante entre daños físicos y necesidades de recuperación. Un análisis de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres había estimado previamente daños físicos potenciales por unos US$37.000 millones al considerar edificios e infraestructura expuestos, pero aclaró expresamente que se trataba de una estimación analítica inicial y no de una cuantificación definitiva del desastre.
La vivienda se convierte en una de las prioridades
Tras los terremotos, Caracas solicitó asistencia al PNUD para desarrollar programas de vivienda destinados a las personas que perdieron sus hogares. El Gobierno ha anunciado la construcción y entrega progresiva de nuevas unidades habitacionales para las familias que permanecen en refugios temporales.
Hace una semana, las autoridades informaron la entrega de 528 viviendas a personas afectadas. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, afirmó que quienes todavía permanecen en refugios recibirán una vivienda y que el Gobierno mantiene como objetivo entregar 4.000 unidades habitacionales hasta diciembre.
La reconstrucción, sin embargo, no se limita a levantar nuevas casas. Las autoridades deberán determinar qué edificaciones pueden ser reparadas, cuáles necesitan refuerzo estructural y cuáles deben ser demolidas. El proceso es particularmente complejo en las zonas donde los daños afectaron barrios completos y servicios esenciales.
El costo humano continúa presente
El impacto de los terremotos también dejó una enorme cantidad de víctimas. Los balances difundidos durante los meses posteriores a la tragedia han variado considerablemente, pero el Gobierno venezolano ha informado más de 6.500 fallecidos. La cifra exacta ha sido objeto de diferentes actualizaciones y fuentes, por lo que el balance debe entenderse dentro de ese contexto.
La recuperación tampoco es exclusivamente material. En las comunidades afectadas persisten consecuencias psicológicas, interrupciones de tratamientos médicos y dificultades para recuperar servicios básicos. Equipos humanitarios que continúan trabajando en La Guaira han reportado que, meses después del desastre, algunas personas todavía viven en alojamientos temporales y necesitan atención tanto médica como psicológica.
La reconstrucción busca evitar repetir la vulnerabilidad
Uno de los puntos centrales del nuevo diagnóstico es que reconstruir no debería significar simplemente volver a levantar lo que existía antes del desastre. El objetivo planteado por el PNUD es “reconstruir mejor”, incorporando medidas de resiliencia y reducción del riesgo.
Esto adquiere especial importancia en un país donde los terremotos pusieron bajo examen la calidad de numerosas construcciones. Después de la tragedia, especialistas venezolanos también plantearon actualizar las normas sismorresistentes, revisar la planificación urbana y fortalecer los mecanismos de diseño, construcción, inspección y supervisión de edificios.
La presentación del PDNA representa, en ese sentido, el comienzo de una nueva fase. El documento será utilizado para establecer prioridades y elaborar un Marco de Recuperación Resiliente, que deberá transformar los datos técnicos en una estrategia de reconstrucción con objetivos financieros y operativos.
La magnitud de los recursos necesarios convierte la reconstrucción de Venezuela en un desafío que supera ampliamente la capacidad de una sola institución. El diagnóstico fue construido con participación del Gobierno, Naciones Unidas, Unión Europea, Banco Mundial, BID y CAF, y ahora el desafío será convertir esa evaluación en obras, viviendas, infraestructura segura y recuperación económica.
Tres meses después de los terremotos, Venezuela comienza así una etapa distinta de la emergencia: pasar de retirar escombros y atender a los sobrevivientes a reconstruir ciudades y comunidades enteras. Los hasta US$21.000 millones estimados muestran la dimensión financiera del desafío, pero detrás de cada cifra permanecen miles de familias que todavía esperan recuperar una vivienda, un servicio básico y la normalidad perdida el 24 de junio.
Foto: EFE / Henry Chirinos
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Periodista prensa mercosur
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